17.8.10

El sauce y la palma se mecen con calma...

sus hojas se visten de una cara azul
qué hermoso sombrío da el sauce y la palma
alma de mi alma qué linda eres tú.


Hoy, mientras me tomabas de la mano, lo descubrí. Y no pude evitar balbucear mi más nueva rebeldía: ya no quiero vivir deprisa.

Yo, que admito haber jugado carreras desde el Palomar hasta el bachilleres -y ganarlas, por supuesto-, andar a 60 km/h en la terracería, a punto de estrellarme a 120 contra una troca y llegado a los 140 en la carretera con tal de no dejar pasar a un Cipol. Yo, que hago 15 minutos de mi casa a la tuya cuando lo regular son 35, he decidido que mi nueva rebeldía será no andar tan rápido. Ya no me importará llegar tarde a todos lados y que me regañen por ello, no me importará que alguien detrás mío me presione con el automóvil para que alcance más revoluciones por minuto, no me interesará hacer una pausa detrás de una luz amarilla, conceder el primer pase luego de un alto y esperar pacientemente ante un cruce muy transitado. Porque mi vida detrás del volante ya no será de Dead and Dripping sino de To be stuck inside a mobile with the Memphis blues again o incluso de It's so good. Porque ya no será de comidas de tres bocados, sino de postres eternos. Pinchis Teogonías que se vayan a la mierda, hoy quiero leer un Ulises...

Cada viaje tendrá un pretexto para ser contemplado, cada luz mercurial intermitente, cada paso peatonal mal pintado, cada muerto al lado del canal, cada perro y cada gorda serán un pretexto para activar un nervio sensible, bajar la velocidad y mirar. Últimamente siento que algunas circunstancias, personas o programas están hechos específicamente para mi contemplación, a veces me siento como en ese juego de los Sims donde sólo observas y manipulas. Yo no manipulo, sólo observo y me deleito. ¿Deleitarse? Qué extraña palabra. Qué extraña circunstancia. Yo soy dios. El dios de la condición humana y la insoportable levedad del ser. Pero ya no quiero serlo, tantos años de llevar esas prácticas morbosas lo hacen hasta cierto punto aburrido. Ni siquiera el otro dios tiene tanto acercamiento a nosotros: nada más hizo una programación y la dejó correr, con todo y bugs.

Tal vez después, en mis vacaciones de la deidad, retome aquella afición que tenía por perder mi vista en el techo, quizá sienta nuevamente la necesidad de comer despacio y me quede 20 minutos más en la mesa. También espero volver a la afición de observar a las hormigas, el gusto por hacer caras frente al espejo y pasar horas maquinando peinados que jamás usaría en la calle. Tal vez algún día prefiera una tarde en el pasto que una tarea en la biblioteca...

Lo que aún no entiendo es por qué doce horas continuas juntos, con la tierra temblando bajo nuestros pies, nunca son suficientes...

Me da todavía más morbo pensar en cómo las cosas resultaron y embonaron perfectamente desde hace algunos años. Me gusta pensar en todas las veces que me hicieron sufrir por amor (sufrimiento in-útil) y cómo las circunstancias nos trajeron a ti y a mí al presente que ahora compartimos. Por eso no le reprocho nada a nadie, al contrario, estoy feliz por todas esas relaciones que no funcionaron, por los desaires, desamores, decepciones, frialdades y traiciones "sufridas" y por todas aquellas personas con las que simplemente, jamás se nos antojó entablar una relación y que nomás fungieron para pasar el rato. No fueron más que personajes secundarios en el argumento principal que somos nosotros.

Te digo: lo nuestro no pudo haber resultado mejor.

De cualquier modo, ya lo he decidido... ¡Mañana juego con el balero!


Al golpe del alba la liebre es ligera
qué lindo es el sol que alumbra la tierra...