22.7.10

Samantha

Los dejavu siempre me han impresionado sobremanera. No me siento especial por ello... no. Ya muchas culturas, religiones y hasta directores de Hollywood les han dado su propia interpretación.

Cierta vez un amigo me explicó que en una de esas religiones profesadas al otro lado del mundo, los deja vu son una clara señal de que vas por buen camino, de que estás siguiendo tu destino porque supuestamente, a tu alma antes de partir a la vida, le es mostrada su existencia y por lo tanto, los deja vu no son más que un breve recuerdo de ese destino previsto por tu espíritu.

Mi madre tomó un argumento más científico (gracias a uno de esos programas del Discovery o algo así), y aseguró que los deja vu no son más que recuerdos de nuestros antepasados transmitidos a través de una pesada carga de información genética, o que incluso podrían ser sólo sueños pasados que de pronto asociábamos a las situaciones cotidianas en un afán por recordarlos.

Cualquiera que sea la explicación, los deja vu no dejan de impresionarme sobremanera.

La verdad es que ninguno de ellos fue tan prolongado ni tan intenso como el que percibí con Samantha...

La primera vez que la vi -al menos en esta dimensión- fue cuando teníamos 10 años. Asistíamos al mismo catecismo que se impartía en la pequeña capilla de Santa algo que está a tres calles de mi casa. Ambas nos preparábamos para hacer la Primera Comunión.

Aquel sábado por la tarde nos miramos fijamente. Ambas teníamos rehiletes en los ojos y margaritas en los labios.

No sé quién empezó, si ella o yo. Una dijo: "¿Vas a la misma primaria que yo?" la otra respondió: "No... oye, ¿en qué kinder estuviste? Es que te conozco pero no sé de donde".

El sábado siguiente la sensación persistía, incómoda pero abradable, como orinar detrás de un matorral.

-¿No vives por aquí? -le pregunté.
-No, yo vivo por allá por el Tec de Monterrey.
-¿Entonces por qué vienes a catecismo hasta acá?
-Es que la hija de un amigo de mi papá también viene aquí y quieren que hagamos juntas la primera comunión.
-¿No se llama Nallely o Tania la niña esa? ¿No vive por aquí?
-No, se llama Fulana. Mira, es aquella.
-Ah no, pos quién sabe quién será.

Así eran todos los sábados de catecismo donde, más que hablar de religión, se nos pasaban en quebrarnos la cabeza buscando las posibles coincidencias anteriores de nuestras existencias.

Y de ese modo nos hicimos amigas, de esas amigas de primaria que pasan horas hablando por teléfono, compartiendo mares de imaginación e historias sobre lo que quieres hacer cuando crezcas.

Pasó el catecismo, pasó otro ciclo escolar, y pasadas tantas cosas más me invitó a su fiesta de cumpleaños. A mis padres les rogué toda una sandía para que me dejaran asistir. Al final aceptaron. Tardamos una hora para encontrar la casa pero al fin llegué. Nunca había sido tan dichosa, fue casi tan emocionante como cuando te dejan mojarte bajo la lluvia sin que te reprochen lo sucio que quedarás o la enfermedad que vas a contraer. Era una especie de libertad muchas veces ansiada y finalmente conquistada.

Desafortunadamente, no todo puede ser dicha, todo es perecedero, ya que, desde mi punto de vista, toda circunstancia feliz de nuestra vida tiene más o menos el mismo patrón: una pendiente en dirección positiva, luego la cúspide (que puede ser poco o prolongarse) y finalmente la pendiente en decrecimiento. Digamos entonces que, a partir de esa fiesta, inicié con el desplazamiento en dirección negativa.

Vaya ambiente hostil en el que me encontraba: juegos raros, amigas repugnosas, comida marciana... Hasta ella misma había cambiado. Me fui antes de la reunión, ni siquiera tuve oportunidad de saborear el pastel. Y sin querer, tiempo después, me fui alejando cada vez más de ella... Pero, extrañamente, nuestras existencias coincidirían tres veces más.

El siguiente de nuestros reencuentros fue una tarde, mientras yo caminaba de la secundaria en la que estudiaba al trabajo de mi mamá. La vi con un paquete de tortillas en la mano entrando a una casa que estaba en la ruta que yo seguía día tras día.

-¡Samantha!
-¡Hola Brendita!, ¿cómo estás?
-Pues bieeen, ¿y tú? ¿Qué onda, qué haces aquí?... ¿Te cambiaste de casa?
-No, aquí vive mi abuela... ¿Estás aquí en la 8?
-Sí, ¿y tú a qué secundaria te metiste?
-¡También estoy en esa! ¿Cómo es que no nos hemos visto?
-¿En serio?, ¿en qué salón?
-No pues en el C.
-Órale pues... A ver si un día te paso a saludar. Yo estoy en el F.
-Ándale pues. ¡Nos vemos!

Y en los tres años que duramos en esa institución, pocas veces la llegué a ver. Ella siempre estaba de un lado, yo siempre estaba del otro. Más bien coincidíamos en la casa de su abuela, pero igual nos saludábamos con la amabilidad de quienes comparten una amistad alegre que poco a poco se va deteriorando. De cualquier modo yo comencé a tomar rutas alternas y amistades que nos distanciaron severamente.

El segundo reencuentro carecía de toda la magia de nuestras anteriores coincidencias. Se inscribió en la preparatoria donde un gran porcentaje de población estudiantil buscaba espacio por tratarse de una institución de disque mucha calidad. Por ello no resultó deslumbrante verla caminando en los pasillos con los cachetes de sonrisa que siempre la caracterizaron. Pasando los años, sus expresiones faciales evolucionaron de tal forma que ya no se mostraban en la sonrisa, más bien formaban una especie de mueca que también se trasladó hasta sus ojos, marcándole unos gestos que daban la impresión de rechazar todo, sin articular una sola palabra. Entonces ya no me parecía agradablemente conocida. Ahora era un maquillaje viviente mal aplicado, un rostro común, aburrido, de propaganda, que te sonríe con hipocresía. No era ni siquiera Samantha, su nombre no correspondía a su persona.

Y yo, trasladé su presencia al mismo plano que una lámpara de escritorio olvidándome por completo de sus ojos de rehilete...

Hasta éste, nuestro tercer reencuentro.

En vacaciones todos hacemos limpiezas generales de nuestras casas, y entonces no sé por qué se llaman vacaciones. Lo cierto es que en las limpiezas siempre se encuentra uno con cosas insólitas.

Mi padre, llevado por una especie de nostalgia, me mostró un álbum de fotos, el único que pudo recuperar de la casa de mi abuela cuando ésta fue subastada por una jauría de hermanos. Había imágenes de toda clase: bebés tomando un baño, niños vestidos a la moda retro anti estética y bodas. La boda de mi abuela. Tan ridículas que siempre me han parecido esas imágenes, los dos recién casados al centro, las damas de honor del lado de la novia, y sus equivalentes masculinos del lado del novio, perfectamente distribuidos como tablero de ajedrez, y es tan acertada la descripción, sobre todo por los colores monocromos de la fotografía. Recorrí las caras de los individuos. Eran sujetos extraños... Hasta que de pronto la familiaridad se apoderó de mi cuerpo, manifestada a través de un deja vu. Ya antes había estado en esa situación, ya antes había visto sus caras, pero lo que causó un mayor desequilibrio fue la sonrisa de una de las damas de honor, la muchacha más alegre de todas: ahí estaba, ella, con su sonrisa de margarita y sus ojos de rehilete.

Le pregunté a mi abuela quién era esa muchacha. Pero su memoria es inútil. No recordaba siquiera que esa era la foto de su propia boda.

No me imagino siquiera a dónde habrán ido a parar todos sus recuerdos. Pero eso ya no me quita el sueño... Admito que más me admira cómo es que Samantha no ha dejado de sorprenderme.

10.7.10

"kitsch posmoderno"

Pues...

Me invitaron a una mesa de lectura...

Y esto es lo que presenté...

Cabe mencionar que el escrito lo hice ese mismo día, y no lo acabé... Así que lo corté abruptamente jajaja...

Pero aquí se los muestro ya terminado :B


Una última nota... Les advierto, no es nada gracioso a menos que hayan visto El Verguillas y algunos otros videíllos disque populares en yutub... Y quizás ni así sea gracioso juaja...



Este escrito se lo dedico al Papa.

Les voy a narrar la experiencia del peor día de mi vida.

Esa mañana, no me acuerdo si era miércoles o era jueves, no me acuerdo wey, era entre semana... No tenía planeado nada asombroso, nada fuera de lo común, prometía ser sólo de Efukt y el hombre del desarmador, ya saben ¿no?, disfrutar del interné tran-qui-la-mente hasta que la peor desgracia de todas ocurrió. Una frase amenazaba el navegador y decía: "la página web no se puede mostrar". Y yo pensé: "oh mai gah! what is going on?" Pues nada, que no había internet. Así que apagué y encendí el módem, reinicié la computadora, borré el historial y las cookies y ni merga, nada dio resultado. Llamé al proveedor de servicios de internet y me preguntaron si ya había apagado y encendido el módem y reiniciado la computadora.

Cómo odio el servicio de internet de Telmex. Neta, a mí me vale verga, pero a ese pinchi slim le voy a cantar un tiro, me vale verga, me vale verga, así mero, me vale verga. Lo bueno es que yo sólo poleo con la gente que es mala, no con la que es buena, y el sujeto al otro lado de la bocina parecía ser bueno... También ella... La niña... Así que no tuve ánimos de ponerme a alegar. Al fin y al cabo no era ni su culpa. Ya como último recurso intenté manipular las fuerzas del internet porque, ¿saben? tengo poderes, con la mirada puedo apagar videocámaras. Pero creo que mi habilidad no funciona con el internet.

Total... Mi opinión es que en situaciones de tremento estrés, como ésa, lo mejor es cagar. Me empaqué el libro Vaquero y en el baño comencé mis actividades de recreación para los esfínteres.

¿Y el internet apá? Bien gracias.

Ya como último recurso se me ocurrió prender la televisión, pero admito que eso fue un error. Creo que no existe una tortura más grande que la programación matutina con sus canales de ventas, esas porquerías que te venden y que te hacen creer que no puedes vivir sin ellas... Es que miren, les diré el secreto de la vida, a la gente le vendes mierda y mierda compra. Entonces los de Televisa dijeron: "pos si la gente quiere mierda, mierda le damos". Hablando de comprar mierda esa mañana preferí mejor irme a comprar unas papas con chingos de salsa y nada mejor para complementar el coctel de gastritis que una cerveza oscura. En ayunas. La verdad es que taba hungry, taba hungry.

Encontrábame yo en el Oxxo cuando detrás de mí, en la fila, escuché la voz de un sujeto pedante, llevaba consigo tres celulares, sombrero de copa, esmoking y un bastón. Se parecía al bari del logo del monopoly pero con papada más grande. Y traía dos que parecían ser sus guardaespaldas, que en lugar de traer chalecos antibalas, llevaban puestos unos tablones con publicidad de Telcel... Total, un millonario cualquiera. El mamón el mamón. Terminé de reconocerlo cuando dijo: "no descansaré hasta que cada mexicano tenga un celular Telcel". Nooombre ps me valió verga, así mero, me valió verga y que me acerco y le digo: "heey yu morerfoquer, tiris nait tiris nait in november rain in juarez, dats in the morning". Y no me dijo nada el goey. Así que le digo: "ira ira, ven ven ven ven"... y ¡puuum! En la pinchi jeta al culeeero. Y el puto nomás decía: "yaa weeey, ya weeey". Y yo ¡pum pum pum pum! Al puto. Pero pos la neta fue muy poco lo que le pegué porque ahí estaban los guardaespaldas y me amarraron como puerco. ¿Qué les puedo decir? La verdad en los chingazos yo nomás la armo con la mierda.

Y pues ya, a partir de ese día fui una héroa nacional de ciudad Chihuahua. Subieron videos al yutub de mi ataque y neta, la raza se hacía playeras con mi cara y con mensajes para fomentar el amor a las matemáticas y a la física y neta, se hacía honor a grandes inventores como Einstein, que por si no sabían, es el wey que inventó el foco. Total, los mensajes decían:

Si:

E = mc2, donde E es igual a energía, m a masa y c está al cuadrado, eso significa que se multiplica por dos, eh? eh? nooombre, qué chingona soy.

Entonces:

Brenda = Poder

¿Ya vieron?, ¿ya vieron? PODER

Nooombre pos no, una chulada. Y la raza a veces decía puras calumnias, puras calumnias. Pero en realidad era porque me envidiaban.

Total, nomás duré encerrada como dos días en la cárcel, y yo adquirí mucha fama en ese tiempo, pero afortunadamente pude invocar al dios Eolo y éste me sacó de la cárcel en un carro último modelo, del 95, nooombre, casi del año...

Y me trajo de regreso a mi casa para descubrir que el Internet no había regresado...

Así que les publico esto desde un cibercafé...



FIN

28.6.10

yo, en un lugar bien pirata...

Como generalmente ocurre, a esta entrada le daré otro título, no sé por qué no lo puse en primer lugar arriba, es decir, en el cuadro de texto que está específicamente para darle título específico a esta entrada específica. Quizás me gusta divagar y ya...

Bueno, es que debo admitir que el título no estaba tan chido... Duh... A continuación presento la cosa que voy a escribir:



Particularidades que me ocurren en el gremio magisterial.

Hace unos días estuve yendo a tomar cursos sobre la Reforma Educativa (ya saben, está bien de moda lo de las competencias) así que estar encerrada por más de 8 horas con un grupo de docentes, obviamente trae consecuencias extravagantes, como las que enumeraré a continuación:

. La otra vez se me salió decirle a un compañero: "eres un hereje de la educación!" Claro que aún no conozco los beneficios de bajar la voz en un lugar semi callado... Todos guardaron silencio un momento, unos segundos después ocultaron una risa. Cuando salimos a receso, me pregunta un profesor en tono curioso y burlón: "¿a quién le dijo hereje de la educación y por qué?" Le expliqué las circunstancias del comentario y cuando pensé que me iba a dar un sermón sobre las virtudes de la discreción, agrega: "Así les voy a decir a algunos de mis compañeros de ahora en adelante."

. Es tierno ser la mona más morra del salón, o más bien de la zona, porque todos los maestros y maestras te tratan con cierto cariño y se sorprenden cuando externas una idea posmoderna de la educación. Además se refieren a ti como "niña", "la bebé" o simplemente "mija", aunque sin connotación vulgar y cachonda.

. La otra vez una maestra preguntó por mi copete. Me dijo: "Maestra... le puedo hacer una pregunta?" y yo: "claro..." Me mira fijamente la frente y me cuestiona: "¿usted misma se cortó el copete?" y yo: "así es, risas ¿se nota?" y me responde: "sí, sobre todo desde lejos". Y ya, se puso a cotorrearme en buen plan... Espero...

. Bien dicen que los que son parecidos se atraen por su vibra o algo así. Durante el curso había que elegir entre cuatro mesas. Yo me senté en una por no elegir la otra, así que cierto grupito también se fue a mi lugar. Todos ellos resultaron ser una bola de geeks, adoradores de los gadgets y la tecnología... Durante los cursos nos pusimos a compartir y a convivir con toda clase de gadgets y software, incluyendo juegos para hacer más llevaderas las casi doce horas diarias que debíamos estar estudiando... Horror total... Lo de las horas... Y también lo de los geeks y los gadgets... Quizás mis lectores pierdan todo respeto por mí... Tal vez no debería sacar el cobre de lo ñoña que puedo llegar a ser... Bueno bueno, pero ñoña pisteadora, ¡cómo no!

. Se nota lo buenos amigos en que se pueden convertir y a la vez, lo cabrones que pueden llegar a ser en el magisterio, sobre todo cuando tus colegas de curso detestan a tu compañero de trabajo tanto como tú, y se empeñan en ponerle apodos bien cotorros. "Que elena, que el chapulín, que la basurita..." Y conste que yo no empecé... Si bien no he aprendido a bajar la voz, aún reconozco la virtud de quedarse callado... Y sonreír de cierta manera condescendiente...

. Ni el inspector ni los compañeros ni los "jefes" te regañan cuando llegas tarde, o cuando te quedas dormida a mitad de una conferencia, porque estas chava y se te hace fácil. Y al contrario, les entona tu cinismo porque quizás les recuerda a esa parte valemadre, pero chida, que siempre quisieron conservar.


En fin, sólo quisiera agregar que el magisterio es un ente bastante pirata. La neta yo digo que hay que saber manejarse con cuidado y llevársela respetuosamente con todos... Aunque a veces lamento mi manera de ser, porque siento que algunas de mis actitudes me han evitado la oportunidad de ajustarme al cien por ciento... Pero a la vez no me arrepiento... Está chido... Y es que simplemente no puedo dejar de ser yo...

23.6.10

Los libros de la buena memoria.

De un tiempo para acá me gusta escribir con puntos. Usando puntos sobremanera. Putos puntos putos. Dicen que la vida se mide no por las respiraciones que llevas a cabo. Se mide por los momentos que te dejan sin respiración. Los puntos son pausas, respiraciones interrumpidas, situaciones breves e intensas que cortan la vida pero la hacen más digna de ser vivida. Ni siquiera el punto final representa el fin pues siempre habrá algo qué escribir.

¿Alguna vez te había dicho que me gusta la buena memoria?

Me deleita recordar. Recordar, volver a vivir. Vivir esas situaciones que me dejan sin respiración, durante un instante morir. Morir para volver a vivir. Prefiero no descansar si el descanso lo encuentro en las palabras de madrugada que no hacen más que relatar una historia que ya he vivido antes, un lugar visitado muchas veces en mi memoria... Pero yo no tengo memoria. Por eso me he conseguido una de papel, de celular, de USB, de computadora. Porque soy tan decadente como la sociedad misma. Tan deprimente como la enajenación de un anciano. A veces no puedo recordar y me tengo que convertir en un organizador de hemeroteca.

Pero todo esto venía a que me gusta la buena memoria. Envidio esa particularidad de tu persona porque te hace ser como un dios. Quiero ser dios.

No quiero dormir. Y aunque corro el riesgo de perder por completo mi archivo de vivencias (porque ya saben, el cerebro organiza la información durante el sueño) prefiero seguirme deleitando con las historias de los libros de la buena memoria. Y cerrar los ojos al pedir un deseo. punto.

16.6.10

busy

Cuando conduces por la misma hora a través de los mismos lugares durante casi todos los días, la vida se vuelve un constante deja vú recurrente que no cae más que en lo mismo y lo mismo y lo mismo y lo mismo y lo mismo... y lo mismo.

La rutina me deprime.

La rutina me hace sentir no-dueña de mi existencia.

Tengo ganas de faltar un día al trabajo sin avisar. De llegar tarde y cruda sin que me lo reprochen. De salir al patio con los niños y mojarnos a cubetazos para soportar el calor, luego entrar a contar historias sobre hormigas y encargarles de tarea que hagan pasteles de lodo, abracen una chivita y miren las estrellas antes de dormir.

Tengo ganas de rapar la mitad de mi cabeza y ser estrella de una película Clase B. De andar en calzones bajo la lluvia y correr por la calle abrazando árboles. De hacer justicia por mi propia mano, armada de un bat que luego usaría para ganar un partido de béisbol al que nadie asista.

Tengo ganas de besar hasta llegar a la carne, de quedarme sin aliento, de dormir desnuda sobre el pasto mientras el sol muerde mi ombligo. De lamerme el codo, de chuparme los dedos de los pies, de practicar una autofelación y echarme una marometa.

Tengo ganas de comer un flan, de cantar una canción gritando, de abrazar un perro, de leer un cuento que me haga llorar, de oler una rosa y de morder una hoja de naranjo. De una cerveza con clamato acompañada de chamorros y papas del Moctezuma.



No sé por qué... También tengo ganas de ser el único peligro para mi existencia.


9.6.10

Del amor y los aires acondicionados...

Esta tarde platicaba con un amigo sobre una situación que me ha sacado mucho de pedo... Machín... Le planteé la siguiente situación hipotética:

Imagina que una morra te pidió de favor que fueras al rancho donde ella trabaja a arreglarle el aire acondicionado porque los niños se quejan mucho del calor... Entonces te tienes que levantar muy temprano, a las siete de la mañana pasa por ti. Arreglas el aire pero no acabas ese día porque fue un chingo de jale, y nada más tienes que ponerle el excélsior. Quedas en ir al día siguiente pero cuando la morra pasa por ti, tu mamá le dice: "se quedó dormido". Y así fue... Se te pasó la hora programada.

¿Tú qué harías? ¿Lanzarte al rancho o llamarle y pedirle disculpas para quedar de ir al día siguiente?

Me respondió que cualquiera dudaría entre ir al rancho o llamar, aunque la solución más factible sería la llamada.

Luego yo le planteé más problemas:
El rancho donde está la morra queda a una hora de distancia por carretera, terracería hardcore, sólo has ido dos veces y apenas sí recuerdas el camino, no tienes dinero para mucha gasolina en la semana, y no puedes llamarle a la chava porque está tan lejos que se pierde la señal del celular... Y no tienes troca, sino un carro... pongamos de ejemplo que un Platina. ¿Lo meterías a la terracería?

Esto ya le dio todavía más que pensar, pero la respuesta es sencilla... Lo mejor sería marcar de inmediato y al ver perdida la señal, volverse a dormir y esperar hasta que la recupere... Apelar a la disculpa, solucionar las cosas y esperar que no se moleste demasiado la mujer... Pero nel, la morra ya lleva todo el día enojada, no contestará el celular y aplicará la ley del hielo durante todo el día. Yo lo haría.

Tal vez la mayoría de los baris no se preocuparían en lanzarse de inmediato, tal vez la mayoría de las morras no comprenderían y elegirían estar enfadadas. Pero existe una cierta probabilidad de que todo cambie, de que alguno de los dos elija no el camino fácil, porque lo pelada sería no ir... Sino el del esfuerzo, el que requiere un sacrificio, y fue lo que me llevó a preguntar: ¿qué motivaría a un sujeto a lanzarse de inmediato, sin pensarlo, a cumplir con lo pactado?

El amor.

¿Qué es eso del amor? ¿Una fuerza, una obsesión? ¿La voz de la razón o la sinrazón? ¿Las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia y los delirios de Meme? ¿Será acaso lo que llevó a Poe a escribir sobre Anabel Lee, y a Borges sobre el Aleph? ¿Compartir un sueño de nieve como lo dice cierta leyenda de volcanes?

Esa cosa extraña fue lo que desató el apasionado encuentro de Helena y Paris que luego provocó guerra de Troya, el suicidio de Romeo y Julieta, el descenso de Dante al infierno para llegar hasta Beatriz, la última tentación de Cristo, la construcción del Taj Mahal, la traición de Cleopatra, el viaje de Odiseo por 20 años, las herejías de Salomón en la Biblia, a Drácula a vender su alma por Elizabeth... Está bien pirata ese sentimiento, es una elevación del alma, un viaje en el tiempo, una mirada de sol, un salto en paracaídas, nadar de noche en el mar, la comodidad de la desnudez, mirar las estrellas en el desierto, un trip de carretera, un recuerdo de morfina, el abrazo de un perro...

Para mí es todo eso... Eso, y que en lugar de llamarme, vayan a buscarme hasta el rancho sólo para ponerle excélsior al aire acondicionado...

En estos momentos me doy cuenta que no sirvo para poeta, que tal vez debo esforzarme más, porque toda palabra se queda corta para describir lo que siento. Toda.

9.5.10

Gatos Mini Pigmeo

Escribo esta entrada más por no querer hacer otras responsabilidades (como planear mis clases, hacer ensayos y demás... soy una eterna evasora de la realidad) más que por ganas de realmente subir algo a este blog... Además el banner medidor de vida, dice que probablemente estoy muerta porque no he escrito nada en aproximadamente 40 días... Creo que ya es bastante tiempo como para dejar esto solillo...

En fin, puse de título esto de Gatos Mini Pigmeo porque mucha gente llegó a mi sitio buscando incansablemente esta extraña especie de mininos. Lo único que encontraron fue una entrada que hacía referencia al videojuego de Super Bonk (buenísimo, por cierto).

La verdad es que por la misma curiosidad de esas personas, me aventuré a buscar los llamados gatos mini pigmeo. Y no encontré nada en absoluto. Sólo comentarios en el Metroflog que decían: "aaay, qué es eso de Gatos Mini Pigmeo?"... Entonces supuse que sería un banner de esos que preguntan "¿esta imagen es verdadera o falsa?"... Total, no había encontrado nada sino hasta el día de hoy:

Oh por dios... ¿Será una imagen real? Me cuesta tanto trabajo saber! Mi cerebro se está quemandoooo... okei no...

Queridísimos cibernautas... Esta imagen es FALSA.

Ah, pero quiere más pruebas, no? En un sitio web encontré una información que pretendía justificar la existencia de estos gatos pero no como mini pigmeos, sino como otra raza llamada "gatos taza de té"... Me dediqué a investigar y en un sitio web en inglés venía información más o menos así:

"son gatos que fueron manipulados genéticamente para adquirir el tamaño de una joya y caben perfectamente en tu mano"

pero no, están mal otra vez... La verdad es que esos gatos no existen más que en el universo del photoshop. Y pendejos todos los que cayeron en esa trampa publicitaria. Es más, algunos "criadores" se dedicaron a estafar a la gente vendiéndoles "gatos mini pigmeo" que no eran más que gatitos recién nacidos jajaja...

Los únicos casos donde encontré veracidad en la información fueron algunos gatos que medían aproximadamente 1/4 de los gatos normales ya en edad adulta... pero eso se debía a malformaciones genéticas producidas por las taras familiares (ya saben, incesto animal) y se manifiesta como enanismo...

Bueno, eso era todo lo que tenía para decir...

Así que ya dejen de llegar a mi sitio preguntando esos gatos inexistentes.


El gato gordo se los ordena.