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1.4.13

Los valientes no asesinan.

Quien tiene la palabra, tiene el poder. Muchos filósofos contemporáneos -y otros no tanto- hablan acerca del discurso y sus relaciones con el poder. Actualmente, hemos visto cómo los grupos de narcotráfico manifiestan este dominio colocando mantas con mensajes sangrantes, y el gobierno, al menos en el sexenio anterior, intentaba restaurar el discurso de tranquilidad y orden con sus comerciales de "Vivir mejor" y lo de "trabajamos para que tus hijos puedan salir a la calle" o "sacar a tus hijos de la calle", ya no recuerdo. Y luego, cómo para perder el miedo a la situación, vienen los discursos de burla ante tanta violencia o las críticas al mal gobierno. Se dispersaba un poco la atención, pero es cierto que la paz nunca era restaurada. Inútiles resultaron los intentos de tranquilizar a la ciudadanía, pues los mensajes de las narcomantas demostraban haber hecho más profunda su marca en la memoria colectiva. Impusieron su discurso y, por lo tanto, su poder.

Uno de los ejemplos históricos más emocionantes acerca de la palabra y el poder, fue allá en la época de Benito Juárez y las Leyes de Reforma, cuando éste se la pasaba huyendo por aquello de los enfrentamientos entre Liberales y Conservadores.

Resulta que el entonces presidente Juárez, había trasladado su gobierno a la ciudad de Guadalajara, donde el Tribunal de Justicia se acondicionó para recibirlo. Acababa de llegar a sus manos la noticia de una derrota en la batalla de Salamanca y se encontraban muy apesadumbrados. Supusieron que muchos de sus aliados también lo estarían, y siendo Benito Juárez aún el presidente oficial de nuestra nación, decidió redactar un mensaje de tranquilidad al país, y para ello se reunió con sus allegados en una salita de juntas de dicho Tribunal. Lo que ocurrió después, ninguno se lo tenía esperado. Resulta que, según recuerdo, fueron traicionados por el propio ejército que supuestamente los cuidaba en ese lugar (pinchis jalisciences, siempre del lado de la iglesia) y entró un "comando armado" al Tribunal de Justicia para terminar de una vez con la vida de Benito Juárez. Según Guillermo Prieto, -el que mejor describe lo ocurrido ese día porque estuvo ahí-, exclamó que Benito Juárez siempre se mantuvo sereno y que cuando el general Filomeno Bravo dio la orden de fusilarlo, éste permaneció dignamente en pie. No sabemos si fue cierto, pero igual podríamos tomar como ciertas sus palabras, porque generalmente, quienes escriben la historia, son los que dominaron la guerra y el discurso. Pero bueno, volviendo a la historia, Filomeno Bravo estaba dando la orden de que sus soldados se pusieran en posición para fusilar a Benito Juárez, y Guillermo Prieto narra a continuación:

Aquella terrible columna, con sus armas cargadas hizo alto frente a la puerta del cuarto... y sin más espera y sin saber quién daba las voces de mando, oímos distintamente: "¡Al hombro! ¡Presenten! Preparen! ¡ Apunten!..." 
Como tengo dicho el señor Juárez estaba en la puerta del cuarto; a la vez de "apunten", se asió del pestillo de la puerta, hizo hacia atrás su cabeza y esperó... 
Los rostros feroces de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba a Juárez... yo no sé... se apoderó de mí algo de vértigo o de cosa de que no me puedo dar cuenta... Rápido como el pensamiento, tomé al señor Juárez de la ropa, lo puse a mi espalda, lo cubrí con mi cuerpo... abrí mis brazos... y ahogando la voz de "fuego" que tronaba en aquel instante, grité: "¡Levanten esas armas!, ¡levanten esas armas!, ¡los valientes no asesinan...!" y hablé, hablé, yo no sé qué hablaba en mí que me ponía alto y poderoso, y veía entre una nube de sangre, pequeño todo lo que me rodeaba; sentía que lo subyugaba, que desbarataba el peligro, que lo tenía a mis pies... Repito que yo hablaba, y no puedo darme cuenta de lo que dije... a medida que mi voz sonaba, la actitud de los soldados cambiaba... un viejo de barbas canas que tenía al frente, y con quien me encaré diciéndole: "¿Quieren sangre? ¡Bébanse la mía...!" alzó el fusil... los otros hicieron lo mismo... Entonces vitoreé a Jalisco. 
Los soldados lloraban, protestando que no nos matarían y así se retiraron como por encanto... Bravo se pone de nuestro lado. Juárez se abrazó de mí... mis compañeros me rodeaban, llamándome su salvador y salvador de la Reforma... mi corazón estalló en una tempestad de lágrimas.
Gracias a Guillermo Prieto, Juárez salvó la vida. De hecho, ha sido de los pocos personajes históricos de aquella época tumultuosa que murió en la paz de su cama. Prieto también murió de viejo, en Tacubaya. A ambos los salvaron las palabras.

Esta historia la leí cuando estudiaba primaria, venía en uno de los libros de lecturas de aquel entonces que tenían historias tan maravillosas como "Francisca y la muerte" o "El leve Pedro". Sólo que en esa época yo no estaba tan inmiscuida en la importancia del lenguaje. No fue sino hasta que trabajé en Atención Telefónica, vendiendo engañosos planes tarifarios a personas que trabajaban en la maquila, me di cuenta del poder que tiene el discurso. Trabajar cuatro horas diarias durante todos los días, repitiendo el mismo guión en cada llamada, me dio la facultad de observar cómo cada palabra cuenta. Resulta que cambiando sólo algunas expresiones y demás, podía hacer una llamada perfecta, pero sin obligarlos a que compraran un plan tarifario. Había veces que me fallaba, y téngale, terminaba vendiendo uno. Pero luego hacía algunas tranzas como llenar mal la forma para que el equipo jamás llegara a sus manos y, por lo tanto, jamás se llevara a cabo el contrato. Es extraño, lo sé, sobre todo porque generalmente los vendedores buscan vender esos planes. Afortunadamente, yo no trabajaba por comisión.

El pedo con el discurso es, pues, dominarlo. Si dominas el lenguaje, puedes tener poder sobre todo lo que te rodea. Sin embargo, así como hay palabras de las que todos podemos hacer uso, unos más encuentran palabras prohibidas, y muy probablemente también tengan un poco limitado el poder en su discurso. Para algunas personas son las majaderías o con asuntos sexuales, los albures son un código más secreto y las referencias rimbombantes todavía menos accesibles para otra cantidad de personas. Pero a mí me extrañaba especialmente en un amigo, que tenía su propia palabra innombrable, y no precisamente referida a un objeto, sino a una persona. Nadie podía decir nunca el nombre de ella porque éste emanaba una malvibrosa incomodidad. Me pregunto qué pasaría si él, de pronto, decidiera nombrarla y, de esa forma, ir desgastando poco a poco su presencia.

Se dice que cuando uno nombra algo, lo posee. Las personas de la antigüedad comenzaron a nombrar las cosas para poder poseerlas, el mismo Adán en la Biblia, tiene la capacidad de nombrar las cosas para sentirlas más suyas. Por eso dicen que cuando tienes un problema, debes hablarlo, soltarlo, y de esa forma, si bien será más tuyo, poco a poco se irá desgastando. Como cuando repites una palabra tantas veces que pierde sentido. Así debería ser con los recuerdos dolorosos y las palabras que no queremos evocar.

Hay gente que intenta sepultar de golpe sus recuerdos, asesinarlos, pero no se dan cuenta que permanecen largo tiempo en su memoria, como la culpa ante un homicidio.

Es cierto, los valientes no asesinan sus recuerdos. Los nombran y los aceptan suyos. Los nombran tantas veces hasta que, poco a poco, sean cubiertos de olvido.

8.12.12

En algún lugar de Durango

Mis niños tienen una maestra viajera. Haciéndole honor al apellido Romero que llevo gracias a mi herencia paterna, este año la he pasado de carretera en carretera. El primer viaje, que surgió más que nada como una transformación personal, lo hice a Mérida, Yucatán. Nunca había estado tan lejos de mi hogar, pero nunca me había sentido tan cerca de casa. Quizás, si alguna vez dejara de vivir en Chihuahua, viviría allá, en Mérida. El mar siempre me ha llamado por mi nombre, aunque constantemente debo regresar a territorios más fríos. El eterno ir y venir, el anhelar y el regresar... Y es que con cada viaje, se divide mi corazón.

El siguiente destino fue San Carlos, en Sonora, el cual, posiblemente, es uno de los estados más extraños que he visitado. Con la conciencia de estar cerca de casa, acá, en el Norte, rodeada de carne asada, desierto y clima extremoso, jamás tal desolación refugié en mis ojos. La roja tierra de San Luis Río Colorado, la división oxidada entre los países y el casual bracito de mar hallado entre la carretera y el desierto, eran para mi corazón una melancólica embolia. Ni siquiera los sahuaritos con los brazos extendidos lograban calmar la soledad, y frente al mar sólo quería preguntar a Fuensanta si conocía el mar, menos grande y menos hondo que nuestro pesar...

Luego, toda la melancolía se perdería en la frontera del lugar más divertido del mundo: Tijuana. Ella nos recibió con la familiaridad de quienes viven cerca de otro país. Tijuana y sus teiboleras unas que te cachetean otras que te invitan a bailar con ellas, Tijuana y sus antros de las 10 am que te invitan a casarte dentro de sus vomitados rincones, Tijuana y su horrible comida cliché mexicana, Tijuana y su libertad de mujeres locas caminando desnudas por las calles, Tijuana y su sexo sin descripciones poéticas, Tijuana y su mar dividido, Tijuana y sus murales balaceados, Tijuana y sus bares con orgías, cocaína y porros de marihuana... Así es Tijuana, bella e incomprendida, la tierna chavita de 18 años dedicada a la prostitución, una tierra de neón con el mar de fondo poético, con besos en la esquina de los labios, en la esquina del país. Ahora puedo señalar un mapa y decir con toda certeza el punto exacto que estos piecitos pisaron.

Y el último destino, Guadalajara. Cuatro veces he visitado dicha ciudad, sin embargo, ahora quedé con una imagen diferente de ella. Antes siempre la vi como una ciudad sucia, aburrida, común, con un tránsito espantoso y una gente más bien normal, es decir, nada ciertos los comentarios sobre la exagerada belleza de sus habitantes -sinceramente, estamos más guapos por acá, más altos, por ejemplo- y sí, para mí sigue siendo todo eso, pero ahora, me resultó un poco más agradable, y quizá por la cantidad de veces que la he visitado, la sentí más familiar, como si para mí fuera más fácil ubicarme en tal lugar. Finalmente, debo agregar que conocí Tlaquepaque, lugar de nacimiento de una de mis alumnitas, y me sentí más conectada con ella, no sé, siento que fue una manera de conocerla un poco más y descubrir poco a poco su enigmática vida. Una manera alterna de quererla, yo que tan poco expresiva soy con ellos.

Hace unos días, una de mis alumnas, me preguntó cómo era la Ciudad de México pues ella, su hermana y su mamá, irían allá para conocer una tía. Estaba emocionada, sus expresiones eran como si se imaginara caminando dentro de un sueño. Todo le parecía irreal. A mí me encantó la idea: viajar al Distrito Federal siendo una niña, realmente debe ser impresionante. Me pregunté, ¿cómo transformaría el viaje a la niña y de qué manera afectaría su vida?, ¿qué nuevas experiencias traería para todos?, ¿sería el viaje una vivencia trascendente para ella?

Aún no tengo la certeza de cómo ha tomado dicha vivencia, lo cierto es que todos los viajes transforman, y a veces se me olvida de qué forma. Justamente me enteré que para su hermana, el viaje sí fue una experiencia de esas que cambian vidas. Ahora que la vi maquillada y con su ropita nueva, no pude evitar imaginármela dormida en el tráiler donde viajaban de ride, cansada por el camino, tomando un sueño en algún lugar de Durango, despertar de pronto por el relámpago de su cuerpecito atravesando la cabina, respirar dolorosamente sobre el tedio de la carretera, soportar el frío entre papeles médicos y legales, encerrado su cuerpo por aguja, hilo, fierro y satén, y preparándose, entre el responso y los aullidos, la cera y los claveles, a emprender el último viaje que la llevará de regreso a la tierra. Un escalofrío atravesó violentamente mi sistema nervioso cuando vi la palabra "NIÑA" a la entrada de la capilla.

No sé cómo será para mi niña, no sé qué pasará cuando regrese. Presiento que mis abrazos serán antojables como los de aquellos sahuaritos que tanto anhelé... Con esa dolorosa intranquilidad... Niña, tú que conoces el mar, dame todas las lágrimas del mar...



Descansa en paz, Anahí.

1.4.12

Febrero loco y marzo otro poco

Estas últimas semanas he estado aplicando la de Gloria Trevi, esa de que la vida da muchas vueltas, la de Café Tacuba que en esta pista de la vida unas veces estás abajo y otras arriba... Y pues como hace mucho no escribía mis pollito-aventuras, nada más puras cursilerías o cortatelasvenerías, pues les voy a platicar lo que hice todo este mes que me trae tan asombrada y a la vez contenta, pese a todo :P


Un día estás en Chihuahua, soportando el frío y al otro estás en Mérida, soportando la calor. En pasados días envié una ponencia a un congreso de literatura, era sobre las cosas que más me gustan en esta vida: Luis Spota, Manuel Puig y los perros... Okei, perros no, pero sí de esos dos escritores que nadie quiere... Total, envié mi ensayo sobre ambos autores, bastante ambicioso desde mi punto de vista y pues qué creen... ¡pues me la aceptaron! y de paso me invitaron a platicar sobre ella en Mérida, Yucatán. Aprovechando, me fui de viaje y de paseo por una buena parte de la península de nuestro bonito país. Otro rollo. Conocí personas interesantes (en un oxxo, qué pedo) y visité a un amigo que trabaja en una plataforma petrolera y allá encontró al amor de su vida. Tuve oportunidad de visitar algunas ruinas mayas, hablar con algunas personas de ese grupo indígena y, por supuesto, estar un poco más cerca de las playas caribeñas. Lástima que la playa a la que fui no era parte todavía del caribe, pero ya se veía algo de ese color verde tan característico en sus aguas. O como diría el mamón de Cortázar, el color maradriático... (uff, qué wey tan mamón)

Total, una imagen dice más que mil palabras... ¿Ahora se imaginan mil imágenes? Una semana duré allá, perdí mi computadora, pisteé cantidades exageradas de licor, conocí los hostales, hablé miles de pendejadas y, por supuesto, les di rienda suelta a mis patitas que para qué las quiero. Me paseé en camión, en pecera, a pie, en taxis (que los pinchis taxistas nunca saben cómo llegar) y comí de todo, hasta unos tacos árabes bien sabrosos... Allá no pasa nada, no hay más que dos noticias en la sección policíaca, había una tranquilidad que sólo habitantes norteños somos capaces de apreciar plenamente... No pude tomar tantas fotos como hubiera querido, pero es que así siempre me pasa, cuanto más disfruto, menos imágenes tengo oportunidad de captar... En fin, se agregan dos estados más a mi lista de lugares conocidos en la república mexicana (Mérida, Campeche) y neta, entre más viajo, más ganas me dan de seguirlo haciendo. Entre más conozco este país, más ganas me dan de quedarme en él. No creo que exista un lugar mejor. Y más allá de sentirme relegada o diferente ante tanta pluralidad, más identificada me siento. No sé, es otro pedo...







Un día le das consejos a un amigo sobre el desarrollo de los bebés, al siguiente te dice que asistas al funeral de su hijo. Una de las cosas más fuertes y tristes que me pasaron este mes, fue la lamentable noticia de uno de mis grandes amigos. Un día estábamos comiendo hamburguesas, hablando acerca del futuro de su niño, de los planes que tenía para él, las metas, los sueños, los deseos... Y de pronto por un giro del destino o qué sé yo, todo eso se acaba. Nada tenemos seguro. Lo que realmente me impresiona más, es su capacidad para poder seguir adelante... Ha pasado a tomar un lugar muy especial en la lista de personas que admiro y respeto...


Un día ves con indiferencia la nota de un ejecutado, al otro te toca presenciar una balacera. Tiempo después, decides invitar a un amigo a tomar una cerveza tranquilamente. Y bajo ese supuesto, te vas a un lugar tranquilo. De pronto ves que entra un sujeto sospechoso, hace unas preguntas intrascendentes al encargado (precio de la cerveza y si no ha visto a una mujer chaparrita por ahí) y se retira. Sientes la malavibra de esa persona, te quedas con el pendiente. Cinco minutos más tarde entra un sujeto a balacear el lugar y lo único que aciertas a hacer es tirarte al piso, cerrar los ojos y esperar que mientras da vueltas por el bar, no intente dispararte a ti, porque el dolor de una bala atravesando la carne debe ser muy particular, se debe sentir caliente y sofocante. Te debes sentir el mismo Jesucristo crucificado por las vísceras, el pecho o la cabeza, depende dónde recibas el impacto... Pero dios no te habla, no te dice que has muerto para salvar a la humanidad, sino por una lucha que ni siquiera es tuya, y por drogas que tú no consumes... Y en esas estás mientras esperas en el silencio más largo de tu existencia... Y cuando termina todo el asunto, te retiras de ahí porque no puedes declarar, y mientras avanzas te dices: "bueno, al menos no nos mató... algún día me tenía que tocar..." Porque al fin y al cabo esto ya es cosa de todos los días en mi ciudad...


Un día pierdes tu nueva credencial de elector, al otro recuperas la extraviada hace 5 años. Una persona montada en una imponente motocicleta, con un casco portando símbolos nazis, llegó a mi casa para regresarme una extraviada credencial de elector, hace casi 5 años. Fue la primera que saqué, con la que voté en las elecciones presidenciales y que sólo duró 6 meses en mi poder. Me pregunto qué lugares habrá recorrido y en cuántas manos habrá estado. Qué usos le habrán dado y por qué demonios regresó... Una locura...


Un día estás haciendo corajes por el amor y sus demonios, al otro haces una revisión de estos últimos años, y te sientes satisfecha. Ya sé que cómo hablo de Jesucristo, que hasta parezco religiosa o creyente, pero es que es un personaje muy chingón, y el ejemplo legendario de que la vida transcurre en espirales, que un domingo de ramos entras con toda tu gente a Jerusalén y tres años más tarde te están crucificando... Y pasan cinco días y revives... Que un momento estás bien y al otro vas a estar mal, y al otro vas a estar bien chingón y que todo pasa. Que si en una época eras feliz, no sirve de nada añorarla, sino continuar avanzando pues al fin y al cabo volverá a ser agradable, y la esencia de quien eres y lo que eres prevalece a través de los años. Son cosas que no se pueden cambiar. Hace 5 años era muy feliz, exageradamente feliz, tenía apenas 19 años y escuchaba The Killers. Pasaron muchas circunstancias que igual me trajeron altibajos, relaciones amorosas, complicaciones estudiantiles, viajes, experiencias y demás... Y dejé de escucharlos, hasta hoy. Y me siento como hace 5 años... A todo dar... Y no sé si sea el efecto de la primavera, de estos aires que me ponen a alucinar o qué sé yo. Pero quiero disfrutarlos el tiempo que duren, el tiempo que sea necesario, sin mirar triste hacia el pasado ni anhelante hacia el futuro, pues al fin y al cabo debemos disfrutar del presente, de que estamos chavos y se nos hace fácil, que el sol jamás volverá a ser como hoy y demás frases de superación personal (puaj!), y que deberían desconectar a Gustavo Cerati porque ya no volverá, y si vuelve probablemente será en forma de discapacidad intelectual, y por que él mismo dijo que "poder decir adiós, es crecer"... Aunque bueno, quién sabe, también existe la posibilidad de que cuando andas en bicicleta en esta pista de la vida, unas veces pasas abajo y otras arriba, una vuelta hacia la izquierda otras a la derecha... Hoy sin una dirección, mañana nadie sabe, sin responsabilidad, sin sentirte culpable... Otro día, otra mañana y otro tu camino, y que el viento en tu cara marque tu destino. Una vez que aprendiste nunca se te olvida porque así son las cosas en la pista de la vida :)

22.2.12

De todos...

Me acuerdo cuando estaba comiendo elotes con mi amiga en la estación de Viveros Coyoacán y te estábamos esperando. Pensé que serías un chilango cualquiera, pero eras alto y guapo. También que esa noche nos saltamos la reja del Espacio Escultórico de la UNAM a la 1:00 am y me explicaste por qué se llamaba Ciudad de México, y que más tarde caminábamos por las calles de Coyoacán tomados de la mano, directo a tu casa donde me preparaste el primer huarache que comí en toda mi vida.

Me acuerdo cuando te vi por primera vez en el cibercafé del pueblo que yo solía visitar durante la secundaria, estabas con tu novia y jamás me miraste, pero al poco tiempo recibí una solicitud de msn porque querías sacarme plática. También me acuerdo que años después pasaríamos un Jueves Santo juntos, en el cerro, escuchando "me muero por conocerte", y que me tomaste una de las fotos que más me gustan, a los 16 años.

Me acuerdo cuando nos besamos por dos minutos y medio, atrás del taller de Estructuras metálicas, y un amigo de nosotros estaba cuidando que no llegara ningún maestro. Tú traías una halls de menta y yo una de uva, y no creíste que era mi primer beso porque según tú, lo hice bastante bien.

Me acuerdo cuando tuvimos nuestro primer encuentro con la canción "Lost" de The Cure, y que en algún momento de esa media hora recordé cuando teníamos 7 años y me molestabas jalándome el cabello. Luego no pude evitar un sentimiento casi incestuoso, porque en realidad te conocía de toda mi vida: casi eras de mi familia. Aunque recuerdo que siempre me gustaron tus ojos.

Me acuerdo cuando fuimos al cine en compañía de todos nuestros amigos pero esperamos a que se fuera tu novia para no invitarla, y cuando me tomaste la mano supe que ya habías pescado el anzuelo... Aunque en realidad ni te lo había tirado.

Me acuerdo cuando te escuché tocar canciones de Nirvana un sábado en la secundaria, y aunque tenías un rostro terriblemente desproporcionado, me gustabas. Nunca me hiciste caso, hasta que me puse muy bonita en el bachilleres y esperabas que fuera tu novia, pero te dije que habías llegado muy tarde.

... Me acuerdo que aún después de batearte en bachilleres, 7 años después, me enviaste mensaje para salir a pistear, me contaste que vivías en el De Efe y que todavía pensabas en mí.

Me acuerdo que un Viernes Santo, un muchacho me dejó sola en el Momo para irse a las Ánimas y tú estabas conmigo, y me dijiste: "yo nunca te haría eso Brendita". Y hasta la fecha, sé que nunca harías eso, pero que tal vez no eres el chavo para mí, por tanta mota que te has metido.

Me acuerdo cuando estábamos en tu cuarto escuchando canciones de Nirvana e intentaste tocarme un seno mientras me besabas. Te aparté la mano en chinga porque en secundaria no me interesaba morrear, sólo escuchar música.

Me acuerdo cuando vi una de las frases escritas en tu cuarto que decía: "coger es como bailar, cuestión de agarrar el ritmo" y dijiste: "siempre que tengo sexo, la veo". Luego, cuando tuvimos sexo, te atrapé viéndola y nos reímos.

Me acuerdo cuando me besaste afuera del Mogavi y te dije: "no te gusto, estás triste, lo sé, no te apures, no me interesa llegar a nada, ni volverte a besar ni nada, seguimos igual"... Y luego te besé otra vez.

Me acuerdo cuando un muchacho me dedicó un "me acuerdo" y sentí que estaba enamorada. Pero luego, cuando nos besamos en un semáforo en rojo, no estuvo tan maravilloso y me sentí decepcionada.

Me acuerdo cuando estábamos en La Roca y con lágrimas en los ojos me dijiste que me amabas, y que sabías que este amor sería para siempre.

Me acuerdo cuando estábamos en el San Juan e intercambiábamos miradas confidentes y mensajes cariñosos. Nadie en esa mesa de 8 personas, sabía que llevábamos 6 meses saliendo, todo porque años atrás le gustabas a mi mejor amiga, y yo había sido novia de tu mejor amigo. Me acuerdo que de contrabando estaba más chido.

Me acuerdo cuando me contaste que tenías dos hijos con dos diferentes morras, y que uno de ellos había sido bajo el delito de estupro por el cual estuviste convicto. También me dijiste que estuviste encerrado por robo a mano armada. Y después me cortaste.

Me acuerdo que nos conocimos por teléfono y duramos más de 4 años platicando sin conocernos, y cuando llegó el momento de hacerlo, no eras tan guapo como parecía tu voz. Y aún así fuimos novios tiempo después porque me conocías tan bien que todas tus tácticas de seducción funcionaron.

Me acuerdo que de la primaria fuimos al parque Lerdo, pero yo no llevaba dinero para comprar lonche y tú me pichaste un boli, un burrito y un rompecabezas. El boli se me derritió, el burrito sabía feo, y el rompecabezas lo perdí en ese mismo viaje.

Me acuerdo cuando la policía nos detuvo por morrear en un vochito.

Me acuerdo cuando me dijiste que tenía ojos bonitos y no me la creí, porque apenas tenía 15 años y nunca nadie me lo había dicho.

Me acuerdo cuando estábamos en la Normal y usabas tus poderes de "jefe de grupo" para sacarme de clases y platicar en el patio.

Me acuerdo cuando chocaste una troca y te querías dar a la fuga, y yo te dije: "no lo hagas, eso no es bueno". Me hiciste caso y todo salió bien porque al señor le valió madre. Años más tarde, cuando habíamos cortado, te detuvieron por chocar y darte a la fuga... Y yo me reí.

Me acuerdo de ti porque fuiste el novio con el que menos tiempo duré: un día.

Me acuerdo cuando platicábamos todas las noches y estaba muy emocionada porque estaríamos juntos en el mismo salón. El problema contigo era que no platicabas más que por chat.

Me acuerdo de la posada de Atel, donde todas las bebidas eran barra libre toda la noche. Me puse hasta las manitas porque estaba despechada y tú llegaste y me diste un beso. Esa noche la pasé vomitando a tu lado, en el pasillo principal del antro donde todo el trabajo nos vio. Y nos pareció una bella experiencia.

Me acuerdo cuando fui a tu casa y mientras veíamos fotos de cadáveres, me diste un beso y me dijiste "te quiero". Yo me sorprendí y te dije: "mm... pues... yo también". Y me preguntaste si nadie me había dicho eso, y te respondí que no.

Me acuerdo cuando nos besábamos escuchando las canciones de Tom Waits y Joy Division y todo parecía ser tan prometedor e interesante. Pero resultaste un aburrido.

Me acuerdo cuando nos topamos en un bar rockero y esa noche me llevaste a mi casa. Nos besamos en un semáforo en rojo y te gruñí. Tal vez ese gruñido fue lo que te sedujo desde el principio.

Me acuerdo cuando me bajé de tu carro porque te estaba gustando la muchacha que te llevé para que conocieras y te alejaras de mí... Y de todas formas me puse celosa por ello.

Me acuerdo cuando te besé por despecho, y años más tarde se lo presumieras a todo mundo pero yo les dijera que no era cierto... Y la verdad es que no lo recordaba.

Me acuerdo que estábamos esperando en la fila del baño de mujeres en el San Juan, y de pronto nos miramos y nos besamos. Una muchacha salió en ese momento y todas nos asustamos. Ella, bien linda, nos dijo: "no se apuren, no voy a decir nada".

Me acuerdo cuando me propusiste un encuentro en el mar, había luna llena, marea alta, y ninguna persona a la vista... Y de todas formas no lo hice porque quería estar con la persona indicada... Hasta la fecha no ha ocurrido.

Me acuerdo cuando nos besamos en un albergue del DIF y hacía un chingo de frío.

Me acuerdo cuando me dijiste: "vamos a vernos en otro lado que no sea pistear" pero me resultabas tan poco interesante sin los efectos del alcohol.

Me acuerdo cuando me dijiste: "vamos a pistear y tirar aracle" pero me resultabas tan poco interesante bajo los efectos del alcohol.

Me acuerdo cuando te besé en el patio de tu casa pero tuviste una erección de inmediato. Y a partir de ese momento te dedicaste a acosarme en mi casa y por teléfono. Ha sido de lo peor que me ha pasado.

Me acuerdo que le habías contado a tu ex novia innombrable que te habías enamorado de mí, y que por seguir traumado con ella no habías aprovechado algo bonito conmigo. Y recuerdo que me dejaste de importar hace mucho tiempo, incluso cuando me revelaste esa información.

Me acuerdo de la Novatada de la Normal donde te besé y me dijiste: "no me gusta que me muerdan" y te mordí para no quedarme con las ganas y en ese mismo momento me fui a mi casa.

No me acuerdo por qué me besaste, pero estuvo interesante.

Me acuerdo que me propusiste irnos a un motel, una noche afuera del San Juan, y te dije que no porque te habías tirado a un chingo de morras.

Me acuerdo que eras mi amor platónico por tu voz grave y tus ojos claros, y una noche me besaste bien intensamente en tu carro, el cual días más tardes te robaron... Y no nos volvimos a ver.

Me acuerdo que pasé toda una temporada pensando en ti e idealizándote, porque nos la pasábamos viendo videos de Pantera en tu casa, y cuando nos besamos cerca del puente, no eras tan interesante.

Me acuerdo que te conocí en Madera y nos fuimos a pasar la noche en una cabaña. Pensé que no te volvería a ver y resulta que ahora estamos en el mismo salón.

Me acuerdo de esa noche que escuchamos a Aphex Twin y mientras te besaba me quedé completamente dormida a pesar de ese estruendo.

Me acuerdo que en el bachilleres escuchabas a Theather of Tragedy y que por eso me robaste el corazón. Una vez en el San Juan, años más tarde, te besé para no quedarme con las ganas.

Me acuerdo que te había visto en la escuela, y te di "aceptar" porque me intrigó un poco que quisieras ser mi amigo. Y entonces hablábamos cada noche. Me acuerdo que te desvelabas por mí y que fuiste a repararme el aire acondicionado a mi ranchito.

Me acuerdo que una noche lluviosa nos fuimos a bailar al teatro exterior del Palomar a las 2 am.

Me acuerdo que estábamos juntos en la secundaria y desde entonces confundía tu nombre.

Me acuerdo que eras el mejor amigo de mi mejor amigo de la secundaria, y por eso acepté ser tu novia. También recuerdo tus pantalones súper aguados.

Me acuerdo que tu casa estaba bien chida y me gustaba estar contigo nada más para pasar más tiempo contemplando la vista desde tu cuarto.

Me acuerdo que te conocí en la escuela donde estudiaba mi mamá el bachillerato abierto, duramos nada más como un mes de novios pero siempre que te veía, seguía latente la atracción. Hace mucho que no te veo, no sé si eso todavía aplique.

Me acuerdo que viniste a visitarme durante tres días, pero supe que lo nuestro no podía ser porque no te gustaba pistear.

Me acuerdo que nos conocimos mucho tiempo atrás, en la escuela, y que nunca se nos armó nada. Que nos besamos en las canchas y que platicábamos en la banquita de atrás. Me acuerdo que hace unos días me dedicaste la canción de Polly, pero no me gustan los "hubiera". Y no hay más "hubiera" que tú...

16.12.11

Miedo, es lo que debe tener el cielo...

Pude ver al miedo de frente, a través de unos ojos esquivos que tenían miedo a llorar, la voz quebrada por el miedo a decir algo mal, las manos trémulas como quien padece la enfermedad parkinsoniana... Fue en ese momento cuando sentí un vacío aterrador. La abrumadora soledad, de quien se encuentra perdido en una ciudad que no conoce, me cayó de golpe y estalló en mi vientre... Y tuve miedo de admitir que también tenía miedo... El terror de perder a alguien que se había incrustado en tus huesos como esas placas de metal, que si las arrancas te quiebran el fémur y piensas que no volverás a caminar. Temí convertirme en un "one hit wonder" noventero para destinarme al olvido... Y lo peor de todo: me dio miedo lanzar mi corazón a la licuadora para luego tomarlo, molido entre mis manos, y volverlo a colocar en el hueco de mi pecho, fingir que todo está bien, que late con la misma intensidad que antes, que no está ahogado y desmadrado, y hacer como que no me duele en las noches...

Ahora que el sufrimiento es verdaderamente inevitable, ya no estoy asustada... Pero duele. Duele más que un perro abandonado por su familia en la carretera. Pero, ¿qué le voy a hacer? Es triste haber vivido con la ilusión de convertirte en la obra predilecta de un artista, y luego ser un boceto desechado. Es triste que las palabras de amor en una carta no trasciendan más allá del papel. Es triste lo que la gente promete cuando se quiere... Creer que eres "the one", y luego vivir con el corazón masticado porque "dice mi mamá que siempre no"...

...

No lo sabes, pero hubo una temporada en la que estuve manejando por la carretera, todas las mañanas lloraba escuchando esas estúpidas canciones de Interpol. Era muy infeliz a tu lado, y tú también, por eso ya no nos veíamos nunca, por eso conocí a alguien más y me dejé llevar... pensé que el problema eras tú, pero la verdad es que nadie como tú me ha entendido cuando peor me he sentido. Ni siquiera él. Pensé que con alguien más iba a estar mejor, que iba a ser feliz para siempre, pero para siempre es mucho tiempo, y el problema no son los demás, soy yo...

Oh no, you try
You fly straight into my heart
You fly straight into my heart
Girl, I know you try
You fly straight into my heart
You fly straight into my heart
But here comes the fall...

¿Sabes? La otra vez escuché la canción de Read my mind. Y fue inevitable el torrente de recuerdos y la nostalgia, la tristeza, la melancolía... Me acordé de nosotros... Más que acordarme de nosotros, se me vino a la mente que fue ésa la canción que marcó nuestras vidas. Antes era la canción que nos unía, cuando yo te cantaba "can you read my mind?" tenía la certeza de que sí, que podías leer mi mente... después fue la canción que nos destrozó para siempre, en esa terrible noche donde todos los demonios que tenía guardados surgieron y lo eché todo a perder. Y a partir de ese momento he ido por la vida echando todo a perder. Entonces esa canción me recuerda constantemente que no soy capaz de ser feliz, que todo lo que llega a mis manos debo estarlo convirtiendo en mierda para que mi vida siga funcionando.

-Extrañamente, ahora que lo pienso, todo evento desastroso tiene como antecedente un vaso o una bebida caída. Ya van dos veces, pero nada más una te tocó vivir.-

Como esa canción, te acuerdas? Destroy everything you touch. Y así seguiré siendo. Ni tú ni nadie nadie puede cambiarme. Hasta hace unos días sólo recordaba lo malo de nuestra relación, como aquella vez que te dije que eras como Chayo y que ya no podía confiar en ti. La verdad el problema nunca fuiste tú, siempre lo he sido y seguiré siendo yo. Y hoy más que nunca lo odio (pinche cabrón culero mal nacido) y me detesto por haber sido tan ingenua... Soy como esa canción con la que he tenido tanto miedo de identificarme, soy como todas esas canciones de porquería, destruidas, soy como Quiero que me trates suavemente, como Not Even Jail, como Insight, como Pace is the trick, como esas horribles canciones que Bob Dylan le dedicó a Eddie Sedgwick. Y no entiendo, intento estar bien, pero no puedo dejar pasar una mínima oportunidad para echarlo todo a perder, para destruirlo todo y destruir a quienes me rodean. Cambiarles el agua por un trago amargo. Tarde o temprano, hasta los alcohólicos se cansan del alcohol... Y aún me pregunto cómo es que la gente puede olvidarme fácilmente. Lo mejor sería enterrarme para que puedan plantar sobre mí algo mejor. Y yo, ingenuamente creo que aún hay vacíos que no se pueden llenar. Todo es reemplazable. Todo. Hasta yo.


No queda de otra. Tanto lo estuve evitando que me ha llegado de golpe. Y este dolor se aloja en la boca del estómago, en la garganta, detrás de los ojos... Alguien dijo que el llanto es un animal oportunista que vive detrás de los ojos... Quiero desaparecer completamente, tal vez de esa forma desaparezca el dolor que vengo cargando, como a mi hijo más querido.

Todavía tengo miedo. Tengo miedo de ser feliz y que, otra vez, no pueda manejarlo... Pero, sabes? Aún no pierdo la esperanza...

27.10.11

Alumbramiento

Ella puso el corazón en la comida: tristeza sanguinolenta en un caldo deshecho.

Pasar treinta años de tu vida con una persona, para luego advertir, mientras ves un noticiero, que no amas a la persona con la que estás, con la que has dormido la mayor parte de las noches, que le escuchas roncar y te hiede al despertar. Que es vieja como zapato de segunda, monótona como infomercial, de carne pantanosa, piel amarilla, dientes de piedra gastada y manos de corteza. Qué locura. Todo mundo te advierte que en cualquier segundo puedes perder la vida, pero jamás te enseñan que, en cualquier momento, también puedes morir y seguir viviendo. O mejor dicho, vivir y estar muriendo. Que en cualquier momento se te descose la vida intentando repararla con retazos de felicidad. Creen que un acomodo de las funciones vitales es suficiente para la llamada "vida".

Ella me ha dado la vida varias veces. Ahora me ha tocado a mí parir su dolor. Río cuando llora, río cuando ríe, la abrazo cuando siente que no tiene nada más que su triste piel que la acaricie. Y lloro cuando no me ve... Acomodaré sus confidencias una a una en mi garganta, las ahogaré en mi estómago venenoso. Le diré: te quiero...

Aunque no sea de mí de quien espera escucharlo.

9.10.11

qué insoportable se hace la existencia, en sinco episodios


Episodio uno. Atardecer.

Esa tarde era como estar en un sueño. Di la media vuelta y esperaba despertar de esa mala pesadilla. Intenté abrir los ojos y salir del país de Morfeo... Imposible. Yo tenía un examen oral, y todo eso estaba pasando. ¿Qué se puede hacer cuando ya todo está perdido? Continuar con la marea. Dejarse arrastrar. Llorar hasta desaparecer.

Ya en clase hablamos de esa novela donde sólo hay destrucción, esnobismo y decadencia. Sol en mi cara. Términos médicos, las chabolas, las prostitutas, los cafés... Y llegó el atardecer. El salón se oscureció. Quedamos a media luz y nadie hizo nada por cambiarlo. Todo el ambiente se convirtió en parte de mi sueño, de mi aparente resfrío...


Episodio dos. Mañana de burritos.

Un nuevo día. Frío, agradable. Yo: misma ropa del día anterior. Alarma de mensaje. Expectativa. Nada. Amiga de maestría avisando su inasistencia... Hueco en el estómago... Encendido del carro, Joy Division de fondo. Llegada a la escuela. Ver hora. Mensaje sin leer. Él. Marejada de jugos gástricos. Agua salada en los párpados. "Buenos días muy estimados compañeros". Relación: yo - computadora. Pensamientos. La constante: él. Visita al baño y el mar adentro. Tic tic tic tic. Enviar. Más clase. Mirar el celular. Dos horas después estábamos en los burritos. José José se hace presente y cantamos a viva voz. Observamos a un hombre que come solo. "Ya dejó a la mujer esperando los burritos en la casa" dijo una. Yo pienso que tal vez ni siquiera mujer tiene, y por eso come solo. "Qué bien que estamos juntas, como dice Brenda, qué bonito momento". Pero no, ya no lo digo yo. He perdido mi identidad, al menos la mitad. Yo ya no soy yo ni mi casa es ya mi casa. Manejo por calles atascadas de carros. Parece que hay una carrera. Mirar el celular. Joy division se hace insoportable y me llena una descarga de ansiedad. Ahora voy a la escuela. Llego tarde a clase pero qué importa, siempre lo hago, con la misma ropa de ayer. Mirar el celular. En el receso, petisa me ofrece su hombro y yo lo acepto. Nuevamente a clase. Leemos un cuento sobre una anciana y sus divagaciones. Cómo un hombre la dejó plantada. Cómo va a morir. Pienso en mi abuela. Quedó inconcluso... Quiero ir a casa, no sin antes volver a mirar el celular...


Episodio tres. Noche surreal.

Podría describir mi circunstancia poéticamente. Podría embellecer mi tristeza, revolcarme plácidamente en mi inmundicia terrenal, pero no, no hay emoción, sólo la emoción de la sinemoción. Nihilismo. ¿El lenguaje puede ser nihilista? Nah, mecadas, digo yo. Una palabra se convierte en nada sólo al repetirla muchas veces. Muchas muchas muchas muchas muchas muchas muchas muchas... Hay ocasiones en que sientes que no haces las cosas que deberías, que no tienes "deja vu" porque vas por un camino que no es el correcto. Que la vida no se siente como vida porque uno se encuentra inmerso en un sueño. Algo real-maravilloso, en el sentido conceptual del término, porque esto no tiene nada de real y mucho menos de maravilloso. La insoportable irrealidad del no-ser. Así fue esa noche, la noche surreal. Mis manos no son mías ya, se han quedado con la sensación de Morfeo, el volante es una materia extraña, sé que está ahí porque lo veo pero no lo siento. Mis manos flotan, intentan tocar algo pero no pueden. Tal vez soy yo la que no existe. Ya no sé si voy sentada o si floto. Si me he convertido en parte del asiento del auto rojo. Ya no sé...

Entramos al lugar más irreal del mundo, iluminado con luces rojas de neón. Ya antes había estado ahí, muchas otras veces, pero no como estoy ahora. Es extraño, eran aguas distintas del mismo río. Ahí estaban los amigos y las caguamas (dije caguamas? perdón, caguamones) y yo sin ganas de pistear. ¿Qué más podía hacer? Saqué veinte pesos, los cambié por moneditas y a poner canciones. Mis amigos intuyeron mis ánimos e intercalaron sus canciones con las mías.

Al principio todo fue un viaje bien pirata: "y no sabemos ni nuestros nombres, no ignoramos nuestros excesos...", La Barranca, Gustavo Cerati, tainted love y chalalá. Luego llegó Juan Gabriel y el José José de cajón para estas circunstancias. Todo estaba bien, "qué triste fue decirnos adiós, cuando nos adorábamos más". Todo bien, canciones que uno conoce y las canta de cotorreo. El problema fue con Bob Dylan. La desgracia se hizo insoportable y la tumba de sal que era volvióse añicos: (oh, mama, can this really be the end?) Intenté estar bien. Es imposible.

Invariablemente no puedo dejar de pensar en Leo Dan y su "como te extraño...", en José José y su nave del olvido que no ha zarpado, y las manos donde todavía quedan primaveras para compartir. Casualmente es trending topic en tuiter. No puedo dejar de pensar en muchas cosas, más que intentar pensar si lo hice mal, si algo hice mal, pero no, no fue eso, no fue algo que haya estado mal... Sólo me queda ese vacío de las cosas que se han quedado sin hacer. Las películas que no vimos, las caricias que no nos dimos, los abrazos que me faltan, las fotografías que jamás existirán, los viajes irrealizados, los planes que no serán, las canciones que no bailamos, los aracles que no ejecutamos, las historias antes de dormir que no le conté, las cosas que no le regalé, los paseos que no daremos, las letras que no le dediqué y hasta las peleas que no tuvimos... Los viajes que juntos hacíamos en su habitación, cuando él y yo éramos yo-y-él... Y después podía dormir a su lado... ¿Por qué el amor no puede ser suficiente? ¿No debería estar mejor ahora? El tiempo juntos no fue suficiente porque sólo para amarle necesitaba la vida. Parece que alguien me estuviera practicando una resucitación cardiopulmonar cada vez que lo recuerdo. Joy Division no tiene gracia así. Bob Dylan me quiebra las piernas. Esa noche nadie puso canciones de Café Tacuba, que si no me hubieran estallado las vísceras. "Brenda, vas lenta pisteando.", "Oh, bueno! Tal vez no quiero pistear, tal vez sólo quiero taladrarme el cerebro. ¿Me permiten? Voy al baño a sacarme los ojos. Perdón, secármelos..."

Y en la noche nada tiene sentido, las conversaciones son vacías, los tragos son desechables, ni siquiera llega al corazón la canción de "quiero caminar por encima de tu pelo", porque no puedo llegar al ombligo de tu oreja ni darte un beso de desayuno. Lo único que quiero es comer frijoles y vomitarlos más tarde... Y con un hilo de esperanza, de esos que no me gustan, miro el celular una última vez.


Episodio cuatro. La Virgen de Guadalupe y otras historias.

A la mañana todo se ve diferente. Esta vida sigue siendo un sueño, pero poco a poco se va acercando a la realidad. A una extraña realidad hipersensible donde cada objeto altera los sentidos según su propia naturaleza. Los peluches se convierten en una solitaria compañía, dulce pero solitaria. Los perros adquieren una singular belleza, completamente acariciables, mordibles y casi hasta besables. El perro que se asoma por tu ventana comprende tu tristeza y te mira con esos extraños ojos, el semblante que a veces adquieren los caninos, haciéndolos tan melancólicos.

Entonces uno se decide a dar un paseo con los padres. Ir por la abuela y demás. Sé que se aproxima un largo episodio de malegría. La entrada al lugar está custodiada por la virgen de Guadalupe, que no me mira, sólo observa al piso como sintiendo vergüenza... es que ayer la vi tomada del brazo de un alcohólico... Y por ahí entramos al lugar que huele a leche podrida: la ancianidad en su amplia expresión. Todos ellos, abandonados, con la piel arenosa, el desayuno embarrado en la cara. No sé cómo, pero aguanto las ganas de llorar. El jardin afuera es bello, con algo de melancolía que lo hace bello. Aquí dentro todo es grotesco. Mi abuela no está entre los ancianos. Está en el patio. Sí, así tenía que ser ella, siempre le gustaron las plantas, ella olía a geranios. La veo, le sonrío, la saludo, la llamo por su nombre. Parece que me reconoce. Tomo su mano y de pronto recordé que ya tenía meses sin tomar su mano. Esa mano de cloro y detergente que siempre me gustaba explorar. Tenía pétalos de rosa en las manos. Siempre me gustaron, me decía: mis manos eran como las tuyas, tenía los dedos muy delgados, y también manchas rojas, pero no me gustan, nunca me gustaron. Le robé sus manos, por eso me regaló ese anillo de aguamarina (en tu cara, pinche prima gorda). Después llevé su mano a mi brazo y la saqué de ese lugar, entre las sonrisas condescendientes de sus compañeros de celda. Pese a la decrepitud, todos parecen estar más cuerdos que ella.

Fuimos a dar un paseo al centro comercial. Fue en su silenciosa compañía donde encontré el consuelo que sólo un regazo de abuela puede dar cuando eres niño. Compartimos jugo y quesitos, sonrisas melancólicas y sonrisas de verdadera alegría. Me gusta ladrarle tiernamente cerca de su oído. Me gusta ver las arrugas que se le hacen en los ojos cuando sonríe. Me gusta que a veces ve cosas que yo no veo, como cambios de color en el mosaico del piso, tomas de agua para los bomberos, colores y objetos extraños. Pese a todas las desgracias, a veces me gusta mi abuela... Lo triste es cuando llegamos a la casa y ya no somos sólo ella y yo, sino también los demás. Qué horror. Los demás no comprenden nuestro mundo. Le dije: "regreso al ratito". Mentirosa, la dejé sola hasta que fue hora de irnos. "Ya vámonos abuela", "¿por qué no viniste? a dónde fuiste?" Primeras palabras que dice comprensibles y me rompen el corazón. Qué egoísta he sido. No pensé que mi presencia fuera un alivio para su ancianidad, que le regresaran un momento la memoria y la razón. Tomé nuevamente su mano. Hace tanto tiempo que no la tomaba. Ah, esa mano de talco y sal, esa mano de áspera dulzura... La mano de una Guadalupe comida por cisticercos...

Cuando la dejé de nuevo en aquel lugar, el de la virgen, una mujer la abrazó. Fue tan triste ver su pequeña figura envuelta en un suéter turquesa sintiendo esa muestra de afecto. Nadie en la casa lo hace. Por eso está mejor entre la decrepitud, es mejor de lo que podría darle su propia familia. Tuve que tragarme el llanto, tuve que dejar de ver, tuve que dejar de sentir, darme media vuelta sin decirle adiós. Perdón, abuela. Qué egoísta he sido...


Episodio sinco. Fin.

Qué triste es la tristeza.
Me voy a volver loca.
Tal vez en unos días más ya no esté consciente de si estoy loca o no, y esa será la verdadera locura.

Qué insoportable se hace la existencia.

20.6.11

Putas

Putas. Putas. Las mujeres adoran decirse putas. Entre morras, es el insulto preferido y que con más saña dicen: "PUH-TA"... Presión fuerte en el "pu", chasquido de la lengua en el "ta". Nomás por ser promiscuas ya son putas. Pero no saben que en realidad las putas son prostitutas, sexoservidoras, meretrices, nada que ellas confunden con el libertinaje sexual o la suerte con los muchachos, o cambiar de novios a cada rato, o disfrutar de su cuerpo y sus goces, o usar faldas cortas o lo que sea. Hace poco hubo una marcha en favor de las "putas", porque las mujeres están cansadas de que en las calles los hombres les digan piropos, obscenidades por la ropa que usan, también abogaban por tener libertad a la hora de decidir sobre si realizar o no el acto sexual. Por favor, ni siquiera al exigir su libertad sexual son putas. Y el epíteto fue elegido por mero sarcasmo pero creo que entre mujeres se llaman más de esa forma... Y lo seguirán haciendo... La prostitución es un trabajo, implica dinero a cambio, a veces ni siquiera pueden decidir sobre con quién tener sexo porque, como cualquier trabajo, es una mera obligación. ¿Y quién no ha sido llamada puta? También yo. Todas injustamente. Y la única vez que en verdad me he sentido como tal, nadie me lo dijo, sólo el dinero. Una ocasión, finalizado el acto sexual, me dieron cien pesos y me dejaron a la buena de dios en la calle. Quería quedarme con 60 pesos para al menos disfrutar el dinero, pero el dolor físico y sentimental era tan grande que preferí pagarme un taxi de regreso y unas pastillas que me impedirían cualquier mala sorpresa. A veces una se pregunta cómo se puede ser tan estúpida por una idea errónea del amor a los 17 años. Síganse pues llamando putas. Yo pienso que son unas pendejas.


Por cierto, todo lo anterior, era sarcasmo.

11.3.11

inefable... y los crayones...

Me gusta reconocer esta época como "aquella en que me gusta dormir con las ventanas abiertas". Cuando ocurre el cambio de clima siempre me siento extraña, en ese ambiente tan poco "yo", apenas me reconozco. De esas veces en que ninguna canción es lo suficientemente digna de ser bailada, y ningún postre es tan sabroso como en los sueños, pero despiertas y se ha ido, y te sientas a recordar tu sueño y esperar que el llamado creador haga llover flanes y pays, porque no tienes ganas de preparar ninguno de ellos. No tienes ganas de nada... Pero a la vez esa energía se mantiene latente en tus extremidades, en el estómago, en el corazón, en la garganta, en los pulmones, en la cabeza, en los ojos... Y quieres salir corriendo, llegar a la carretera, pedir un aventón y llegar hasta donde la inseguridad te lo permita...


Tengo tranquilidad. La tranquilidad de una granada con seguro.

Quiero cantar y quiero morder; quiero maquillaje de colores y quiero medias grises; quiero abrazar un perro y quiero matar una cucaracha; quiero escribir algo con sentido y quiero tragarme lo que pienso. Quiero todo y nada. No sé qué pasa, siento la felicidad en mi piel y a la vez tengo la sensación de que el frío no se ha ido. No entiendo nada de lo que pasa y la verdad no me interesa. Me gustaría estar en una playa sin la preocupación de un tsunami, me gustaría que este texto tuviera sentido siquiera, en lugar de parecer las palabras de una preadolescente en su etapa de depresión o los sentimientos casi suicidas de Hermann Hesse. Vaya porquería... Esta época me parece de ensueño, de pesadilla, de paraíso, de película, de infierno, de Matrix... Me siento como en un sueño, en el sueño de alguien más, en un juego de los sims versión hiperultramoderna donde yo soy el producto morboso de un jugador. No me extrañaría que de pronto el creador de mi vida virtual se apareciera frente a mí y me dijera: "me he aburrido de ti, ¿algo que quieras decir a tu favor para conservarte?" y yo... ¿Qué respondería?: "ya mero es primavera, déjame disfrutarla al menos, ¿no crees que he vivido? yo creo que he vivido: he bebido agua de mar, llorado con una película, he sangrado, pateado, herido, mutilado, retado a la autoridad, puesto mi vida en peligro veinte veces... Hasta he montado una mulita... Dime tú si no me he entregado completamente a la vida... Y qué es la entrega? Apostar todo a un solo objetivo, arriesgarte a perderlo todo, hasta la locura por haberlo perdido..."

Pero a mi creador eso le valdría madre. Y ahí mismo terminaría mi palabrería...

En estos momentos yo sólo quiero las palabras para describir lo inefable, componer un poema bien chingón que seguramente sería dedicado a ti, a tu vida, a mi vida, a los encuentros y las coincidencias. Al destino del que prometí no hablar jamás y aún así mete sus narices donde ya no se le llama...

Y luego tengo ganas de quebrarme las rodillas y llorar. Rabiar hasta rabiar, porque como dice la canción: "ay soledad, siempre he pertenecido a ti", y pensar todo lo que me molesta, todo lo que me taladra el cerebro para luego concentrarlo en un simple "no". Escuchar la radio nocturna para hacer más grande el vacío de mi estómago y que las mariposas amarillas mueran de intoxicación por bilis, sus cadáveres verdes se hagan polvo y salgan de mi boca provocando una nube verdosa a mi alrededor, que bien García Lorca podría identificarlo con la muerte...

En fin, voy a contarles una historia, la historia de un amigo, bueno, no amigo, más bien conocido...

La otra vez estaba desayunando unos tacos de barbacoa en un lugar que parece un bodegón, anaranjado por dentro, los ganchos de la carne colgando del techo, gigantesco y frío. Comíamos tacos y lonches de barbacoa mis compañeros de trabajo y yo, todos ellos unos adultos que no entienden de la vida: si tienen hambre, y si quieren barbacoa, que sea la de ese establecimiento porque no se atreven a probar de ningún otro lugar. Yo les digo: mejores he probado, amigos míos, mejores y de todas... Pero eso a nadie le interesa, ni siquiera a mí, y no sé ni por qué demonios lo saco a colación... Total, estaba pensando en el hombre que una mañana de frío vi vagabundear por otro puesto de tacos de barbacoa, y que se saboreó con los tacos que se le cayeron a una compañera de trabajo, pero da la casualidad de que un perro le acompañaba y ellos decidieron mejor darle las sobras al animal que al vagabundo. "Lo siento mucho señor, ya están sucios", dijo una. El señor dejó que su compañero perruno comiera y prosiguió su marcha, no obstante, el can no lo siguió, esperando contar con más suerte y volver a comer otro sabroso taquito. El indigente se sintió traicionado y varias veces se llevó al perro forzadamente con él, pero el chucho regresaba con nosotros. Fue la primera vez que vi un perro traicionero, pero bueno, el hambre es canija. Total, el vagabundo se sintió triste, luego su tristeza se convirtió en enojo... Pobre hombre, no me quedó más remedio que verlo partir, echando gritos con su voz quebrada...

En fin, ahí estábamos en aquella bodega comiendo tacos. De pronto sentí una extraña presencia a mis espaldas. Algo me obligó a mirar... Y ahí estaba, el Antoñito... Vagabundeando como siempre... Nos saludamos de lejos y él comenzó con su repertorio de La Cucaracha y otras canciones contra el gobierno. Ya hace tiempo que no lo veía, la verdad es que siempre me lo topo en los lugares más extraños, (como casi todas las personas que describo en este espacio). Él solía comentar mi Fotolog mucho antes de conocerlo en persona, y yo siempre lo ignoré: en realidad no sabía quién demonios era, hasta que estudiamos juntos en Filosofía y Letras... También ahí lo ignoraba, pero por una u otra razón nos vimos forzados a socializar... Lo admito, me terminó cayendo muy bien...

De las veces que llegué a topármelo, fue una madrugada: caminaba yo por el centro y él iba en su bicicleta, nos saludamos amistosamente, le pregunté: "eh pirata, qué haces tú aquí?" y respondió: "qué haces tú aquí"... Reímos, charlamos brevemente y cada quién siguió su camino.

Otro día fui a una conferencia de Ignacio Solares y ahí se presentó de pronto sin que nadie lo esperara, llegó cuando ya había empezado, como a la mitad, caminó directamente hasta nuestra fila y se sentó a un lado mío. Tenía pinta de que no se había bañado y pese a ello traía un extraño olor a crayones, y por supuesto se lo hice saber. Nada más llegó a preguntar cómo estábamos, a divagar algunos minutos, y así de imprevisto como llegó, se fue, dejando desparramado su extraño aroma.

Esa mañana de los tacos no olía a crayón pero lo noté muy cambiado, me di cuenta que acababa de despertar luego de una aparente noche de aracles, andaba más revolucionario que de costumbre... "Nos acabamos de levantar y decidimos empezar a tocar para sacar feria y seguir pisteando", fue lo que me dijo cuando nos encontramos. Yo le iba a pichar una orden de tacos pero al ver que iba acompañado, decidí resistirme de eso... Y así, se alejó, llevaba un poco del dinero que acababa de juntar en sus manos, tomando un rumbo desconocido...

Siempre he creído que él es la imagen perfecta de la decadencia, pero no una decadencia completa, nomás esa que empieza a fraguarse hasta terminar a la edad de treinta años... Sobre todo por su olor a crayón...

No hubiera escrito nada de esto, a no ser porque el otro día, un evento me dejó consternada...

Yo estaba triste, estaba enojada, estaba amargada... No sé todavía por qué... Y tenía unas inmensas ganas de pistear... Temía ponerme muy ebria y perder el control hasta el grado del aracle... Pero nada de eso ocurrió... Estuve muy animada, muy feliz, beber era exactamente lo que necesitaba y lo hice con gusto y sin medida... Esa noche vomité mi ropa sin darme cuenta... La verdad no me importó...

Lo único que me alertó un poco fue hasta la mañana siguiente: Había charcos debajo de mis tenis, recordaba poco de lo sucedido, tenía nauseas y una extraña felicidad, como si tuviera ganas de seguir pisteando. Me desperté completamente hasta que percibí ese extraño aroma... Acepto que me aterré un poco, pero nomás lo suficiente como para alertarme de un peligro cercano: esa mañana, era yo quien olía a crayón.

22.7.10

Samantha

Los dejavu siempre me han impresionado sobremanera. No me siento especial por ello... no. Ya muchas culturas, religiones y hasta directores de Hollywood les han dado su propia interpretación.

Cierta vez un amigo me explicó que en una de esas religiones profesadas al otro lado del mundo, los deja vu son una clara señal de que vas por buen camino, de que estás siguiendo tu destino porque supuestamente, a tu alma antes de partir a la vida, le es mostrada su existencia y por lo tanto, los deja vu no son más que un breve recuerdo de ese destino previsto por tu espíritu.

Mi madre tomó un argumento más científico (gracias a uno de esos programas del Discovery o algo así), y aseguró que los deja vu no son más que recuerdos de nuestros antepasados transmitidos a través de una pesada carga de información genética, o que incluso podrían ser sólo sueños pasados que de pronto asociábamos a las situaciones cotidianas en un afán por recordarlos.

Cualquiera que sea la explicación, los deja vu no dejan de impresionarme sobremanera.

La verdad es que ninguno de ellos fue tan prolongado ni tan intenso como el que percibí con Samantha...

La primera vez que la vi -al menos en esta dimensión- fue cuando teníamos 10 años. Asistíamos al mismo catecismo que se impartía en la pequeña capilla de Santa algo que está a tres calles de mi casa. Ambas nos preparábamos para hacer la Primera Comunión.

Aquel sábado por la tarde nos miramos fijamente. Ambas teníamos rehiletes en los ojos y margaritas en los labios.

No sé quién empezó, si ella o yo. Una dijo: "¿Vas a la misma primaria que yo?" la otra respondió: "No... oye, ¿en qué kinder estuviste? Es que te conozco pero no sé de donde".

El sábado siguiente la sensación persistía, incómoda pero abradable, como orinar detrás de un matorral.

-¿No vives por aquí? -le pregunté.
-No, yo vivo por allá por el Tec de Monterrey.
-¿Entonces por qué vienes a catecismo hasta acá?
-Es que la hija de un amigo de mi papá también viene aquí y quieren que hagamos juntas la primera comunión.
-¿No se llama Nallely o Tania la niña esa? ¿No vive por aquí?
-No, se llama Fulana. Mira, es aquella.
-Ah no, pos quién sabe quién será.

Así eran todos los sábados de catecismo donde, más que hablar de religión, se nos pasaban en quebrarnos la cabeza buscando las posibles coincidencias anteriores de nuestras existencias.

Y de ese modo nos hicimos amigas, de esas amigas de primaria que pasan horas hablando por teléfono, compartiendo mares de imaginación e historias sobre lo que quieres hacer cuando crezcas.

Pasó el catecismo, pasó otro ciclo escolar, y pasadas tantas cosas más me invitó a su fiesta de cumpleaños. A mis padres les rogué toda una sandía para que me dejaran asistir. Al final aceptaron. Tardamos una hora para encontrar la casa pero al fin llegué. Nunca había sido tan dichosa, fue casi tan emocionante como cuando te dejan mojarte bajo la lluvia sin que te reprochen lo sucio que quedarás o la enfermedad que vas a contraer. Era una especie de libertad muchas veces ansiada y finalmente conquistada.

Desafortunadamente, no todo puede ser dicha, todo es perecedero, ya que, desde mi punto de vista, toda circunstancia feliz de nuestra vida tiene más o menos el mismo patrón: una pendiente en dirección positiva, luego la cúspide (que puede ser poco o prolongarse) y finalmente la pendiente en decrecimiento. Digamos entonces que, a partir de esa fiesta, inicié con el desplazamiento en dirección negativa.

Vaya ambiente hostil en el que me encontraba: juegos raros, amigas repugnosas, comida marciana... Hasta ella misma había cambiado. Me fui antes de la reunión, ni siquiera tuve oportunidad de saborear el pastel. Y sin querer, tiempo después, me fui alejando cada vez más de ella... Pero, extrañamente, nuestras existencias coincidirían tres veces más.

El siguiente de nuestros reencuentros fue una tarde, mientras yo caminaba de la secundaria en la que estudiaba al trabajo de mi mamá. La vi con un paquete de tortillas en la mano entrando a una casa que estaba en la ruta que yo seguía día tras día.

-¡Samantha!
-¡Hola Brendita!, ¿cómo estás?
-Pues bieeen, ¿y tú? ¿Qué onda, qué haces aquí?... ¿Te cambiaste de casa?
-No, aquí vive mi abuela... ¿Estás aquí en la 8?
-Sí, ¿y tú a qué secundaria te metiste?
-¡También estoy en esa! ¿Cómo es que no nos hemos visto?
-¿En serio?, ¿en qué salón?
-No pues en el C.
-Órale pues... A ver si un día te paso a saludar. Yo estoy en el F.
-Ándale pues. ¡Nos vemos!

Y en los tres años que duramos en esa institución, pocas veces la llegué a ver. Ella siempre estaba de un lado, yo siempre estaba del otro. Más bien coincidíamos en la casa de su abuela, pero igual nos saludábamos con la amabilidad de quienes comparten una amistad alegre que poco a poco se va deteriorando. De cualquier modo yo comencé a tomar rutas alternas y amistades que nos distanciaron severamente.

El segundo reencuentro carecía de toda la magia de nuestras anteriores coincidencias. Se inscribió en la preparatoria donde un gran porcentaje de población estudiantil buscaba espacio por tratarse de una institución de disque mucha calidad. Por ello no resultó deslumbrante verla caminando en los pasillos con los cachetes de sonrisa que siempre la caracterizaron. Pasando los años, sus expresiones faciales evolucionaron de tal forma que ya no se mostraban en la sonrisa, más bien formaban una especie de mueca que también se trasladó hasta sus ojos, marcándole unos gestos que daban la impresión de rechazar todo, sin articular una sola palabra. Entonces ya no me parecía agradablemente conocida. Ahora era un maquillaje viviente mal aplicado, un rostro común, aburrido, de propaganda, que te sonríe con hipocresía. No era ni siquiera Samantha, su nombre no correspondía a su persona.

Y yo, trasladé su presencia al mismo plano que una lámpara de escritorio olvidándome por completo de sus ojos de rehilete...

Hasta éste, nuestro tercer reencuentro.

En vacaciones todos hacemos limpiezas generales de nuestras casas, y entonces no sé por qué se llaman vacaciones. Lo cierto es que en las limpiezas siempre se encuentra uno con cosas insólitas.

Mi padre, llevado por una especie de nostalgia, me mostró un álbum de fotos, el único que pudo recuperar de la casa de mi abuela cuando ésta fue subastada por una jauría de hermanos. Había imágenes de toda clase: bebés tomando un baño, niños vestidos a la moda retro anti estética y bodas. La boda de mi abuela. Tan ridículas que siempre me han parecido esas imágenes, los dos recién casados al centro, las damas de honor del lado de la novia, y sus equivalentes masculinos del lado del novio, perfectamente distribuidos como tablero de ajedrez, y es tan acertada la descripción, sobre todo por los colores monocromos de la fotografía. Recorrí las caras de los individuos. Eran sujetos extraños... Hasta que de pronto la familiaridad se apoderó de mi cuerpo, manifestada a través de un deja vu. Ya antes había estado en esa situación, ya antes había visto sus caras, pero lo que causó un mayor desequilibrio fue la sonrisa de una de las damas de honor, la muchacha más alegre de todas: ahí estaba, ella, con su sonrisa de margarita y sus ojos de rehilete.

Le pregunté a mi abuela quién era esa muchacha. Pero su memoria es inútil. No recordaba siquiera que esa era la foto de su propia boda.

No me imagino siquiera a dónde habrán ido a parar todos sus recuerdos. Pero eso ya no me quita el sueño... Admito que más me admira cómo es que Samantha no ha dejado de sorprenderme.

28.6.10

yo, en un lugar bien pirata...

Como generalmente ocurre, a esta entrada le daré otro título, no sé por qué no lo puse en primer lugar arriba, es decir, en el cuadro de texto que está específicamente para darle título específico a esta entrada específica. Quizás me gusta divagar y ya...

Bueno, es que debo admitir que el título no estaba tan chido... Duh... A continuación presento la cosa que voy a escribir:



Particularidades que me ocurren en el gremio magisterial.

Hace unos días estuve yendo a tomar cursos sobre la Reforma Educativa (ya saben, está bien de moda lo de las competencias) así que estar encerrada por más de 8 horas con un grupo de docentes, obviamente trae consecuencias extravagantes, como las que enumeraré a continuación:

. La otra vez se me salió decirle a un compañero: "eres un hereje de la educación!" Claro que aún no conozco los beneficios de bajar la voz en un lugar semi callado... Todos guardaron silencio un momento, unos segundos después ocultaron una risa. Cuando salimos a receso, me pregunta un profesor en tono curioso y burlón: "¿a quién le dijo hereje de la educación y por qué?" Le expliqué las circunstancias del comentario y cuando pensé que me iba a dar un sermón sobre las virtudes de la discreción, agrega: "Así les voy a decir a algunos de mis compañeros de ahora en adelante."

. Es tierno ser la mona más morra del salón, o más bien de la zona, porque todos los maestros y maestras te tratan con cierto cariño y se sorprenden cuando externas una idea posmoderna de la educación. Además se refieren a ti como "niña", "la bebé" o simplemente "mija", aunque sin connotación vulgar y cachonda.

. La otra vez una maestra preguntó por mi copete. Me dijo: "Maestra... le puedo hacer una pregunta?" y yo: "claro..." Me mira fijamente la frente y me cuestiona: "¿usted misma se cortó el copete?" y yo: "así es, risas ¿se nota?" y me responde: "sí, sobre todo desde lejos". Y ya, se puso a cotorrearme en buen plan... Espero...

. Bien dicen que los que son parecidos se atraen por su vibra o algo así. Durante el curso había que elegir entre cuatro mesas. Yo me senté en una por no elegir la otra, así que cierto grupito también se fue a mi lugar. Todos ellos resultaron ser una bola de geeks, adoradores de los gadgets y la tecnología... Durante los cursos nos pusimos a compartir y a convivir con toda clase de gadgets y software, incluyendo juegos para hacer más llevaderas las casi doce horas diarias que debíamos estar estudiando... Horror total... Lo de las horas... Y también lo de los geeks y los gadgets... Quizás mis lectores pierdan todo respeto por mí... Tal vez no debería sacar el cobre de lo ñoña que puedo llegar a ser... Bueno bueno, pero ñoña pisteadora, ¡cómo no!

. Se nota lo buenos amigos en que se pueden convertir y a la vez, lo cabrones que pueden llegar a ser en el magisterio, sobre todo cuando tus colegas de curso detestan a tu compañero de trabajo tanto como tú, y se empeñan en ponerle apodos bien cotorros. "Que elena, que el chapulín, que la basurita..." Y conste que yo no empecé... Si bien no he aprendido a bajar la voz, aún reconozco la virtud de quedarse callado... Y sonreír de cierta manera condescendiente...

. Ni el inspector ni los compañeros ni los "jefes" te regañan cuando llegas tarde, o cuando te quedas dormida a mitad de una conferencia, porque estas chava y se te hace fácil. Y al contrario, les entona tu cinismo porque quizás les recuerda a esa parte valemadre, pero chida, que siempre quisieron conservar.


En fin, sólo quisiera agregar que el magisterio es un ente bastante pirata. La neta yo digo que hay que saber manejarse con cuidado y llevársela respetuosamente con todos... Aunque a veces lamento mi manera de ser, porque siento que algunas de mis actitudes me han evitado la oportunidad de ajustarme al cien por ciento... Pero a la vez no me arrepiento... Está chido... Y es que simplemente no puedo dejar de ser yo...

9.6.10

Del amor y los aires acondicionados...

Esta tarde platicaba con un amigo sobre una situación que me ha sacado mucho de pedo... Machín... Le planteé la siguiente situación hipotética:

Imagina que una morra te pidió de favor que fueras al rancho donde ella trabaja a arreglarle el aire acondicionado porque los niños se quejan mucho del calor... Entonces te tienes que levantar muy temprano, a las siete de la mañana pasa por ti. Arreglas el aire pero no acabas ese día porque fue un chingo de jale, y nada más tienes que ponerle el excélsior. Quedas en ir al día siguiente pero cuando la morra pasa por ti, tu mamá le dice: "se quedó dormido". Y así fue... Se te pasó la hora programada.

¿Tú qué harías? ¿Lanzarte al rancho o llamarle y pedirle disculpas para quedar de ir al día siguiente?

Me respondió que cualquiera dudaría entre ir al rancho o llamar, aunque la solución más factible sería la llamada.

Luego yo le planteé más problemas:
El rancho donde está la morra queda a una hora de distancia por carretera, terracería hardcore, sólo has ido dos veces y apenas sí recuerdas el camino, no tienes dinero para mucha gasolina en la semana, y no puedes llamarle a la chava porque está tan lejos que se pierde la señal del celular... Y no tienes troca, sino un carro... pongamos de ejemplo que un Platina. ¿Lo meterías a la terracería?

Esto ya le dio todavía más que pensar, pero la respuesta es sencilla... Lo mejor sería marcar de inmediato y al ver perdida la señal, volverse a dormir y esperar hasta que la recupere... Apelar a la disculpa, solucionar las cosas y esperar que no se moleste demasiado la mujer... Pero nel, la morra ya lleva todo el día enojada, no contestará el celular y aplicará la ley del hielo durante todo el día. Yo lo haría.

Tal vez la mayoría de los baris no se preocuparían en lanzarse de inmediato, tal vez la mayoría de las morras no comprenderían y elegirían estar enfadadas. Pero existe una cierta probabilidad de que todo cambie, de que alguno de los dos elija no el camino fácil, porque lo pelada sería no ir... Sino el del esfuerzo, el que requiere un sacrificio, y fue lo que me llevó a preguntar: ¿qué motivaría a un sujeto a lanzarse de inmediato, sin pensarlo, a cumplir con lo pactado?

El amor.

¿Qué es eso del amor? ¿Una fuerza, una obsesión? ¿La voz de la razón o la sinrazón? ¿Las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia y los delirios de Meme? ¿Será acaso lo que llevó a Poe a escribir sobre Anabel Lee, y a Borges sobre el Aleph? ¿Compartir un sueño de nieve como lo dice cierta leyenda de volcanes?

Esa cosa extraña fue lo que desató el apasionado encuentro de Helena y Paris que luego provocó guerra de Troya, el suicidio de Romeo y Julieta, el descenso de Dante al infierno para llegar hasta Beatriz, la última tentación de Cristo, la construcción del Taj Mahal, la traición de Cleopatra, el viaje de Odiseo por 20 años, las herejías de Salomón en la Biblia, a Drácula a vender su alma por Elizabeth... Está bien pirata ese sentimiento, es una elevación del alma, un viaje en el tiempo, una mirada de sol, un salto en paracaídas, nadar de noche en el mar, la comodidad de la desnudez, mirar las estrellas en el desierto, un trip de carretera, un recuerdo de morfina, el abrazo de un perro...

Para mí es todo eso... Eso, y que en lugar de llamarme, vayan a buscarme hasta el rancho sólo para ponerle excélsior al aire acondicionado...

En estos momentos me doy cuenta que no sirvo para poeta, que tal vez debo esforzarme más, porque toda palabra se queda corta para describir lo que siento. Toda.

14.1.10

Ayer la volví a ver.

Después de casi veinte años, la volví a ver. Es la secretaria de un calvo libidinoso con manos de espárrago. Mi mamá quería que platicara con ella, que le dijera en qué me había convertido, a dónde me había llevado la vida, pero, después de casi veinte años, ¿acaso importa? Apenas sí pude verla a los ojos, los tenía con esas horribles patas de gallo que en alguien de treinta y tantos no se ven nada bien.

-¡Hola!
-... Hola.
-Oye, ¡se volvió una señorita muy bonita!
- Sí, ¿verdad? (Las madres, aunque tengas el hocico partido y un corte hecho por un burro, te siguen viendo bonita)

A eso, le siguió un silencio de esos incómodos. Myriam sólo continuaba con su sonrisa que le llegaba hasta las arrugas.

En un pis pás la observé de arriba a abajo, y a través de las cobijas de maquillaje pude llegar a su mirada. Fue entonces cuando recordé las visitas al audiovisual, los refrescos compartidos, los abrazos y las pláticas de mujer. Al fin y al cabo ella había sido mi amiga, aún recordaba su nombre y sus ojos todavía eran un pozo de agua fresca.

-ohh, ¡qué locura! ¡Myriam!

Fue lo único que alcancé a decir.

Después de todo, cuando uno es niño, la amistad es más sencilla.

25.12.09

Ash...

Odio...

Odio los golpes accidentales en la cavidad donde están los ojos. Chingazos casi imposibles... Casi.

Odio los llantos silenciosos y ruidosos a la vez. Te ahogan para callarte. Te hacen gritar para tomar aire.

Odio que la gente crea que estoy urgida por casarme. Por favor. Tengo 22 años y toda una vida de estudio por delante.

Odio las estafas por internet. Pinchi gente.

Odio el recalentado de pavo.

Odio no acabar nunca una entrada de mi blog.



A continuación, un anexo con las entradas que no he terminado en este blog. Voten por la que deseen leer en la próxima publicación que espero sea mañana... O pasado mañana. O el día después de éste o aquél.



Entrada sin postear No. 1.

La leyenda del ejecutado de La Cerve.
(cero texto escrito)


Entrada sin postear ni acabar No. 2.

Fígaro.
La otra vez que hice una llamada telefónica, marqué el número de Fígaro por accidente. Por fortuna estaba ocupado aunque, mi pregunta es... ¿Qué demonios hace ese número aún en mi memoria?

Fígaro era un bato de la secundaria que toda su vida ha tenido cara de gato. Por eso el apodo. Y como yo era fea y tenía gustos raros (hasta la fecha :P ) me enamoré perdidamente de él. Aunque no fue tanto por su cara del color de un chino, o por su atractiva figura de poste con pantalones. Fue por algo tan estúpido y que me recuerda más a esa extravagante época de los noventas que en ese entonces estaba por terminar. El goey traía una playera de Kurco Bein. Y un fin de semana que fui a la secundaria, estaban tocando (muy mal, por cierto) canciones de Nirvana. Eso me arrebató el corazón y como dicen que el amor es ciego... Pos sí.

Total, ahí andaba yo como niña tonta buscando la atención y la amistad de ese bato. Le llamaba por teléfono y platicábamos durante tres horas, le regalaba anillos de acerina,



Entrada sin postear ni acabar No. 3.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Hoy, es viernes. Viernes... Beviernes. Viernes de salir, de pistear, de hacer aracles, de whatever-the-hell-you-want-but-outside-the-house. Y yo aquí metida con mi nuevo corte de cabello y carro en la cochera a diez mil pesos de ser completamente mío. Pero bueno, en realidad no me pesa mucho, invitaría a mis amigas a salir pero son raras, todas ellas. Menos las chicas aush, obviamente, pero están en Juárez. Todas las demás sí son bien raras. Quisiera ser una morra normal para poder comprenderlas, a ellas y sus gustos por los antros y las noches de sólo chavas, con su "acompáñame al baño", bailes al ritmo de Fanny Lu y su "tengo celos", o "mira a aquél niño" refiriéndose a un chavo fresón que les tira ojitos.

Qué pedo.

A veces quisiera ser bato e irme a pistear yo sola a algún lugar. Si lo hago como morra, no faltará el acoplado, el acomedido con su pregunta ligadora super star "por qué tan sola?"... "pues porque así lo he decidido". Sería más pelada si fuera Glen... O Glenda. En lugar de Brenda. O Brent. Quizás sería más fácil si no tuviera esa afición por la levadura fermentada. Pero qué demonios se puede hacer contra los estigmas generacionales de la dipsomanía. El eterno sediento que espere quitarse la sed bebiendo diuréticos-seca-bocas, es como aquel que pretenda quitarse la urticaria con una crema de hiedra venenosa. Y es que en mi casa, los Romero estaremos condenados a la diabetes, la locura y la dipsomanía, lo que da una extravagante personalidad al Dr. Jekyll y Mr. Hyde estail. No por nada he conseguido (o desarrollado) estas actitudes araclientistas que han dado tanto de qué hablar en este blog.

Quizás la estirpe alcohólica ha comenzado con el señor que le sacude la realidad a mi padre en sus sueños, aquél del que con tanto desprecio y sentimiento habla. Aquél fue su padre sólo porque la biología así lo quiso. El abuelo desterrado, el amante de las cantinas, el creador de traumas, el carpintero trancero... O sólo Quico.


Entrada sin postear ni acabar No. 4.

Love Internet.
Ayer salí con el Maicol y tuvimos una experiencia bastante meca relacionada con la curiosidad. Para satisfacer nuestras ansias de conocer lugares nuevos en el aburrido Chihuahua -así es, aburrido a pesar de tanta matanza-


pues yaa, son todos

ahí díganme qué pedo


ohh sí

odio que la gente me vea llorar.

15.10.09

Del dicho al hecho...

Una vez me "contaron" una historia "para niños" donde un oso polar vivía muy feliz en un gigantesco castillo de hielo rodeado de toda su familia. Era un sitio bastante acogedor, los rayos del sol hacían más llevadero el invierno dentro de aquella vivienda que el animal atrevía a llamarlo "hogar".

De pronto, una tormenta muy fuerte cayó en la región donde el oso vivía y le hizo sentir un terrible frío, ése que te hace chocar los dientes hasta llegar al nervio... Fue tan punzante el cierzo que el oso fue despertado del sueño invernal que lo mantenía tibio en su fría cueva. Estaba soñando. No existía el castillo, ni los rayos del sol y mucho menos familia. Se sintió tan deprimido que prefirió entregarse nuevamente a las alucinaciones que le provocaba el sueño. Por que a veces es mejor, para una persona cuya realidad es desgraciada, que viva una mentira feliz. Y ésta, es la moraleja de la historia.

Así que ahora, finalmente, entiendo por qué es mejor que te digan que te quieren aunque ya no sientan las ganas de demostrártelo.

Todo es más bonito, placentero y sedante si se mira con los ojos de "soy feliz", porque al fin y al cabo, es mejor que no serlo.

13.9.09

No me pregunten por María.

La otra vez me preguntaron por María. "¿Por qué nunca salen juntos? Así es como debería de ser".

Jamás me han gustado los "así debe ser" o "lo aceptable es que hagan esto y lo otro". Prefiero no enterarme de lo que hace aún cuando llevemos tanto tiempo conviviendo juntos. No me gusta que me digan que la han visto bailando sin pensar en mí, que no me llama cuando estoy en el trabajo y que no me visita cuando tiene oportunidad.

No me pregunten por María, no me digan que la han visto. Yo sé que ella disfruta más cuando no está a mi lado, y que apenas está sintiendo lo que es ser atractivo para los demás junto con sus beneficios y tragedias. Pero es que ella apenas sabe lo que es la libertad.

Tampoco le pregunten a ella por qué no hacemos nada juntos, yo sé que con los demás comparte vinos, bailes, cenas y conmigo televisión, menstruaciones, desayunos.

Somos tan diferentes. A ella le encanta ponerse sus patines, pasear por la ciudad durante la tarde, oler el pasto recién cortado, guardar sus actividades como si fueran secretos, abrazar a sus amigos tristes, hacer galletas, pasteles y pan... y que nada de eso comparte conmigo.

Antes sí me afectaba... Me sentía más solitario estando a su lado, con su boca y su mente llena de secretos que no podría conocer, que ya no me atrevía a preguntar porque sería el marido inquisidor en lugar del amigo confidente.

Pero María... Yo también conozco la libertad...

La libertad de decirte que te amo sin las lijaduras del desamor, de permitirte esas salidas sin que pienses en mí con remordimientos mientras yo me quedo en casa, de mirar a otros hombres mientras los deseas inocentemente. Ten la seguridad que no me perteneces, no eres un objeto para mí.

Pero pobre María...

Ella vive con la presión de saber que soy una serpiente en su vitrina. Me dejo acariciar y alimentar, me mantengo pasiva. Pero la naturaleza que reside en mí es una fuga de gas. Una granada con seguro en manos del terrorista.

Eres libre María, hasta que yo decida iniciar la combustión.


No me perteneces, es cierto.
Pero tampoco eres dueña de ti misma.

8.9.09

SSínica

Toda mi vida he sido una cínica, y con mucho orgullo. La mayoría de las personas que me han tratado me lo han dicho. Mis amigos, mi familia, los profesores y otras personas que creen que a un cínico se le puede ofender llamándolo de ese modo.

No lo puedo evitar, y sinceramente no me da la gana hacerlo.

De hecho, platicando con un amigo, me remonté a la época donde por primera vez me dijeron que era una cínica. Un compañero de la primaria en quinto grado fue el atrevido. Vaya vocabulario para unos lepes de diez años, ¿no? Lo que pasa es que estaba en una escuela de riquillos, hijos de profesionistas. No sé cómo encajé ahí, yo, niña de bajos recursos y padres de rancho con secundaria incompleta. Pero no había de otra, estaba cerca del trabajo de mi papá y desde siempre he sido algo sobreprotegida.

Total, el niño se llama (o llamaba) Jorge, de hecho recuerdo todo su nombre, "Jorge Rosalío Viramontes Rodríguez", o algo así... y lo recuerdo porque me gustaba el chavito. Estaba feo, era mamón y muy nerd. Recuerdo que a su edad era fan de Albert Einstein y hacía investigaciones sobre la teoría de la relatividad. Pffft... Por favor. Pero me gustaba, qué remedio.

Un 14 de febrero hicimos intercambio de cartas y a mí me tocó hacerle una a él. Noooombre, yo estaba muy contenta, pero, extrañamente, siempre fui muy discreta. Así que empecé a dibujar una carta muy bonita, de corazón y pues a todo dar, la creatividad fluyendo con todo cariño por mis manos (jajaja) hasta que el mono se acerca y me dice: "¿tú me vas a dar carta? Ay noo! No quiero nadaaa!".

Obviamente rompió mi tierno corazón de pollito, pero no tanto la verdad, sólo lo suficiente para escribirle un mensaje desabrido en lugar de aquellas palabras tiernas que ya estaba maquinando. Me esperé hasta el final para que el monillo se emocionara y luego le entregué una tarjeta muy bonita. "Espero que te guste lo que te escribí", le dije. La abrió y sólo decía "Feliz día del amor y la amistad, atte Brenda".

Ohh decepción.

Al día siguiente me recibió con un papelito que decía algo así: "no me caes mal, pero a veces eres muy sínica". Yo ni sabía lo que significaba, pero de tan sínica que era, ni me interesó... Y me reí para mis adentros pensando: "jujuaju, le caló".



Pues sí, soy orgullosamente cínica. Sería irónico si no lo fuera.

18.8.09

La reina de los aracles

Siendo los seres humanos parte del reino animal, también tenemos nuestro determinado tipo de organización. Hay quienes dirigen a los grupos de personas, hay quienes son la fuerza de trabajo, están aquellos que se dedican a la conservación de nuestra especie y que por lo tanto se convierten en padres, otros más se dedican a la transmisión del conocimiento, etcétera etcétera etcétera. Total, todos tenemos nuestro papel bien definido aquí en la sociedad. No obstante, existe un pequeño grupo de personas que a lo largo de la historia de la humanidad han sido desplazados de casi todos los círculos sociales y usados por los más fuertes como motivo de entretenimiento. De uno de esos casos hablaré hoy. Y la verdad es que es de esas personas que son capaces de influir en los demás grandes sentimientos de risa y pena ajena.

Pero bueno, ya basta de palabrerío jaja, les comento además que mi título de "Reina de los aracles" me ha sido terriblemente arrebatado por esta persona, a quien por motivos de salvar la poca integridad que le resta, llamaremos solamente "Carlo".

Resulta que Carlo es de esas personas que mencionaba hace dos párrafos en mi pseudo análisis antropológico. Claro ejemplo de ello es cuando hace mucho varios amigos y yo salíamos con él, Carlo, tremendamente urgido por tener novia o alguien con quien fajar, pagaba la peda con tal de quedar bien. Siempre terminaba pagando hasta 500 pesos el pendejo. Malpedo. Y no había quién lo detuviera, así de que de pronto se levantaba de la mesa y cuando regresaba decía: "ya vámonos", y los demás: "cámara, vamos a pagar" y él, muy ufano respondía: "no, de eso me he encargado yo".

JAJAJAJA

Por dios

Total... Este sujeto un terrible día se me declaró de la manera más psicópata que alguien hubiera imaginado. Neeeta. Bien acá tipo "te acaricio el pelo y te lo beso mientras te ruego con la voz entrecortada que me quieras de vuelta, mientras yo le digo que no esté mamando, encontrándome pegada al vidrio como queriéndome salir a través de la poca porosidad que tiene". HORROR!! Pero pues como éramos amigos, y no se había portado nunca de los jamases de ese modo, -y a pesar de las advertencias de varios amigos, error mío, lo admito- decidí que no iba a terminar la relación. Obviamente tomé mis precauciones. Cada vez que salía con él invitaba siempre a una amiga, conociendo las urgencias de Carlo, sabría que iría como burro en primavera a buscarlas y a mí me dejaría en paz.

Pero ahora quiero dar una gran disculpa a las amigas que puse en ese peligro, neta, no sabía a lo que las estaba exponiendo.

Totaaal, ahora sí empieza la historia de por qué ya no soy reina de los aracles, involucra un aracle de 8 horas y un esprayazo de pimienta. Woah!!

Bueno, pues Carlo se había enojado con una amiga mía (a quien llamaremos Areli) porque no le hizo caso una noche, lo cual ya era una constante, a ninguna amiga le gustaba Carlo. Así que con el fin de, pues, "salvar" la amistad, le dije que fuéramos a un evento de espuma con otra amiga (a quien llamaremos Sara, pero de cariño, Saris). Anteriormente ya le había dicho en una conversación (que un tercer testigo guardó porque muy pendejamente Carlo se la envió) que yo no le presentaba a Saris para que se la morreara, al contrario, era para ver si se hacían amigos también y de ese modo poder salir los tres siempre.

Aquí adjunto un fragmento de esa conversación:


Pollito ahhh, y este fin de semana te invito a salir, conmigo y con Saris

Carlo momento

Carlo primero, enséñame una foto de Saris

Pollito no tengo

Carlo o pasame sus medidas de perdis

Pollito ay sí, si no te la vas a morrear, urgidote, a ella me la respetas por que me la respetas

Carlo a cabrón, URGIDOTE? (claramente le caló)

Pollito ni al caso tu comentario, la neta, te la voy a presentar y la tienes que tratar bien, no seas un vil superficial

Carlo bueno, pues viviré en el suspenso pues de tu amiga Saris, por lo que me dices yo creo que igual podrá ser una MUY buena amiga mía

Pollito te la quería presentar porque ella es buena muchacha, y yo pensé que serías también buen amigo para ella, pero como te estás portando, lo dudo

Carlo WEY, dime NETA, a quién de tus amigas he tratado MAL?

Pollito tus comentarios están muy fuera de lugar

Carlo que pedo? cuales comentarios?

Pollito "pásame sus medidas" y chalalá

Carlo que te pida la foto o te pida sus medidas

Pollito y todavía el de MUY ben amigo. Neta Carlo, yo sé que estás triste porque Eric te "bajó" a Areli, pero eso ya no es culpa mía

Carlo jajajajajajaja

Pollito por eso ni te había invitado a ese bar

Carlo Mira, Are es una chava muy buena onda, a quien no creo haberle nunca flatado el respeto, anduvo con Eric en la secundaria y creeme que no tengo ningún sentimiento posesivo hacia ella (días más tarde demostró tooodo lo contrario)

Pollito perfecto... entonces me vas a decir porqué andabas de mamón el viernes? y aún sigues de raro hoy?

Carlo simón con todo gusto te digo por qué andaba de mamón

Carlo por que es sumamente divertido

Pollito bueno

Carlo digo no creo haber hecho sentir mal a NADIE, o sí? apoco me pasé de mamilas?

Pollito sí, la neta. Bueno, al menos todos se dieron cuenta

Carlo enserio que que divertido es esto, mira hay te vád, tengo un amigo muy amigo a quien no conoces se llama David y no se apellida M... y hace unos días le platicaba que pedo con mi vida, tenía un chingo si hablar con él y nos conocimos completamente en otras circunstancias a las cuales vivo hoy en día y me hizo ver por 2da vez, algo que había tratado de hacerme ver hace MUUUCHO tiempo, que me puedo divertir MUCHO MUCHO mas de lo que me divierto, si me dejo de mamadas como andarle queriendo caer bien a los demás y chingaderas así, si soy como me da la gana de ser y me puso a pensar, y me convenció totalmente. Pues él no me ha visto en años, y la verdad que no sé si algún día lo volveré a ver, pero desde hace rato pienso que tiene razón, sobre todo SIENTO que tiene razón

Pollito Exacto, tiene razón, tú pórtate como siempre eres, y no como un infantil dolido que intenta llamar la atención o hacer como que le vale madre. Así me pareció que actuaste, no como eres generalmente

Carlo claro que actué como no soy generalmente!, pero la neta no se tú, yo me la pasé a toda madre

Pollito yo también, estuvo agradable, pero bueh, si vas a ser infantil por una mona, ps allá tú

Carlo infantil? Brenda, los niños se divierten como niños y vaya que se divierten! ser infantil es de lo mejor!

Pollito ándale pues, justifícate



Y pues ya habiéndole aclarado -entre otras cosas- que Saris no era para que se la morreara, no creí que hubiera problema. Digo, es una persona madura de 24 años con carrera terminada, empleo temporal, una sola novia en toda su vida, que baja libros para conquistar morras y que hace berrinches ocasionales.

Así que ese día salimos Saris, Carlo y yo al Toto (nombre cambiado) a una fiesta de espuma. Él se presentó con sus bermudas "bien fashion" y toallas para secarnos cuando saliéramos.


Continuará...

Ya me dio hueva jaja, mañana o al rato le sigo.