15.9.07

un cuento más o menos decente

Para variar

A veces nuestras vidas suelen ser tan rutinarias que cada día parece sólo una pequeña variación del anterior. Así, día tras día, transcurre sin alteraciones la vida. Para variar decidí llamar a un amigo que de pronto dejó de serlo.

Los motivos que nos obligaron a distanciarnos fueron demasiados, muy complejos y ciertamente tristes, sin embargo ocurrieron hace tanto tiempo que actualmente resultan confusos. Siempre que deseo hacer el intento por revivir la relación entre viejas amistades, me dirijo a un diario para recordar el por qué dejamos de hablar. Tuve la tentación de acudir al registro esta vez, pero decidí evitarlo y olvidar los rencores. Sólo para variar.

Vacilé durante media hora antes de marcar su número. Pensé que lo había borrado pues durante más de tres años estorbaba en mi celular. Tomé un cuaderno para anotar lo que le diría, había pasado mucho tiempo... De acuerdo, no ha pasado tanto, en realidad lo veo todos los días, nuestras miradas se cruzan pero jamás nuestras palabras, ni siquiera por cortesía.

En cierta ocasión durante una fiesta él hizo el intento de hablar conmigo. No era el mejor momento. Me preguntó por qué había dejado de hablarle, sólo respondí: “porque sí”. Jamás volvimos a cruzar palabra.

Así que justamente hoy, aunque se escuche un poco cruel, he decidido hablarle para completar una tarea que implica salir de la rutina, o eso es lo que quisiera creer. A veces necesitamos pretextos para este tipo de situaciones que involucran al orgullo, para no sentirnos tan vulnerables.

Todo esto pensaba mientras veía su número reflejado en la pantalla del celular. Respiré profundo, puse música y me relajé. Me preparé para preguntar por él en caso de que contestara la hermana, la mamá, él o incluso el buzón de voz.

“¿Qué pasa si no está?”, me pregunté “Ni modo… ¿Y qué pasa si está? Le digo: hola, soy B… ¿sí sabes cuál? Sólo llamaba para decir hola y platicar… Sí, así, hablaremos de aquí a las 9:30 y le contaré algunas cosas nuevas que he hecho, hablaremos un poco de cómo está, la escuela y temas generales, luego le propondré hablar en persona. ¡Sí!, ya todo está bien.

Marqué a su casa y contestó su mamá, tan amable como siempre.
-¿Bueno?
-Buenas noches –le dije- ¿se encuentra A…?
-No, no se encuentra, sabes que se acaba de ir a ensayar y ya regresa muy noche, si gustas llámale al celular. ¿Quién le llama?
-Le habla B... Mmm… Es que, no tengo su número de celular, mejor déle el recado.
-¡Ah!, ahí te paso el celular. Espera un momento que no me lo sé… Listo, es el tal, tal.
-Muy bien, ¡muchas gracias! Hasta luego

“Estas cosas siempre resultan así, nunca como se les planea”, pensé. Ahora tuve que marcar al celular.

-¿Bueno? –contestó él-.
-Hola
-¡Hola!
-Habla B…
-¿Cuál Adriana? – confundió mi nombre –
-Eh… No, habla B…
-Ah –cambió su tono de voz, a uno más serio- qué onda.
-¿Sí sabes cuál B…?
-Sí, ¿y ese milagro?
-Pues… Ya ves… Sólo llamé para decirte hola.
-¡Hola! –exclamó él mientras se reía-.
-¡Hola! –reí junto con él-.

Luego hubo una breve pausa, en una fracción de segundo comencé a pensar en algunos momentos que pasé junto a él, también pensé que el orgullo no es más que un estorbo. Decidí hacerlo a un lado para recuperar esa vieja amistad.
-Seamos amigos otra vez – le expresé sinceramente.
-Nunca dejamos de ser amigos. Pero igual me da mucho gusto que hablemos nuevamente.

Fue una plática breve pero emotiva. Quedamos en vernos al día siguiente a las 3 de la tarde en la entrada de la escuela. Todo pintaba bien, algo nuevo habría de ocurrir y además de eso, recuperaría una amistad. Realmente había valido la pena salir de la rutina.

La siguiente tarde llegué a las 3:00 p.m. Mi amigo no solía demorarse, así que decidí ser también puntual. Llevé un cuaderno para relatar lo sucedido mientras esperaba. Pasaron diez minutos y aún no se presentaba. Comencé a preocuparme a los veinte y a la media hora fui perdiendo la esperanza.

Llegó la hora de ingresar al salón, esperé unos minutos más. “Quizás equivoqué la hora, quizás la equivocó él, pudo haber tenido un accidente, se le ponchó la llanta al tren” Pensé tratando de justificar las circunstancias. No lo vi el resto de la tarde. Le llamé al celular pero nadie contestó. Mi semblante cambió, dejé de sentir tristeza y preferí tomar una actitud de indiferencia, si al día siguiente me habla, cualquier pretexto que invente no será válido y ya no tendrá importancia. Dicen que los errores de los amigos se deben escribir en la arena… Dicen.

“Pues qué mal, tal vez debí recordar por qué dejamos de hablarnos”, pensé. Tomé un cuaderno, anoté la fecha y la frase “Hoy A… me dejó plantada”.

2 comentarios:

Juan dijo...

ehh estuvo chido liro, a mí sí me gusto matarilerilerión ...

saludos pollito =)

ミ灬 G i N a 灬 ミ dijo...

Realmente me gusta como escribes y espero cuando publiques tu primer libro ....... sigamos siendo amigas para que me regales uno jajajaja

Enserio !!!!!!!!!!