Qué tal amiguitos! Hace mucho tiempo que no escribía, ni siquiera para comentarles sobre los nuevos libros que he leído. Lo cierto es que nomás acabé de leer uno de cuentos de la Flannery O'Connor, y luego comencé uno del bitnik de Kerouac. En fin, no vine a hablarles de ello, vine a platicarles sobre este año que ya se va. Una tristeza. Sobre todo porque estuvo muy bonito, fue un año lleno de aprendizajes, amistades y mucha libertad, sobre todo. Estaba revisando mi tuiter, todos los tuits que hice el año pasado, y -ya conocen mi problema de la mala memoria- basándome en ellos, voy a hacer un recuento de cómo estuvo este 2012, para comenzar el que viene con muchas ganas.
Sí, con muchas ganas, y con mejor esperanza y alegría que el anterior. No me acuerdo exactamente cómo estuvo el año, pero sí recuerdo -gracias al tuiter- que lo comencé alejándome del internet. Perdón, sí, lo sé, pero fue muy necesario. ¿Saben? Acababa de cortar con un wey cuya relación -en su momento- estuvo muy padre, así que ya se imaginarán el desequilibrio de volver a estar "solo" y la madre. En fin, si mal no recuerdo, creo que ese mono me estuvo volviendo a buscar o algo así, y yo como que no muy bien quería volver. Ah sí, ya me acordé. Uff! Un chismezote!! Ese Año Nuevo comenzó con el mensaje de alguien, cuyo nombre no voy a decir, así que sólo lo llamaremos el chico misterioso *turiruru turiruru* y pues fue muy interesante. La verdad como que tenía una cierta idea de que tal vez yo le gustaba, pero pensé que le entonaba de una manera infantil. Total, les decía entonces que yo estaba alejada del internet, y sólo volví a él hasta que ya, tuve un momento de iluminación, y poco a poco fui soltando la malavibra. Esta malavibra, les digo, se hizo manifiesta gracias a música de Tom Waits (nombreee, bien chingón, pero ¿se imaginan? puro mierdero estaba sintiendo) así que mis amigos estaban todos sacadillos de onda (les agradezco por este medio, aunque tal vez nunca lo lean, luego lo haré de manera personalizada con cartitas de TQM y la madre)
Mi desintoxicación cibernética duró hasta marzo, mes que marcó la serie de cambios que habrían de ocurrir a lo largo del año. Pero bueno, me estaba aventando un rollo bien morboso y con la historia de mi vida, que cuando llegué a partes que involucraban de maneras exageradamente morbosas a los demás, decidí detenerme y borrar los chorrocientos mil párrafos que tenía avanzados. Así que, en lugar de entrar en muchos detalles, que igual pueden terminar afectando a terceros, mejor diré las cosas genéricamente.
Fue el año de los viajes.
Viajé a Mérida, lugar que me permitió comenzar con mi transformación, tocar fondo para encontrar un nuevo renacer.
Viajé a San Carlos, en Sonora, lugar que me permitió reflexionar profundamente sobre mi situación, y dejar de tomar decisiones inadecuadas en mi vida.
Viajé a Tijuana, sitio en el que reforcé las buenas decisiones y el buen camino que iba tomando.
Viajé a Guadalajara, un viaje muy alegre que me permitió compartir muchas cosas más con alguien que quiero.
Fue el año de los aracles.
Uff!! NETA!! PINCHIS ARACLES!! Ni siquiera tuve oportunidad de escribirlos todos aquí mamones!!
El primero: Me tocó estar en una balacera y tirarme al suelo al escuchar "¡todos al suelo o los mato!". Yo que me había jactado de nunca estar cerca de algún acto violento.
Luego: Por andar rubia, unos chacas me gritaron cosas obscenas de carro a carro, y yo andaba tan peda y tenía tanto miedo que les dije: ya chavos, no quiero problemas (NETA MAMON!! DIJE ESO!!) y mis amigos se dieron cuenta que me estaban diciendo cosas, y se armó el pedo, tipo rápido y furioso, los dos carros chocando bien cabrón, atropellamos a un wey, lo subimos al cofre, así lo trajimos un chingo de lados... y yo decidí teñirme de castaño el cabello al día después. Horror total.
En mi cumpleaños: me puse tan peda que guacareé enfrente de los policías jajaja. Bueno, no estuvo tan hardcore, pero igual fue gracioso.
En Tijuana: Me cacheteó una teibolera! Todo un evento! Ahora pasé a los congresos de literatura como la morra que hizo un chingo de aracles en Tijuana. Qué pedo. Pero bueno, otra chica me invitó a subirme al tubo y la cotorreó bien al pedo. Así que estamos equilibrados.
Y no recuerdo si fue en este año o en el año pasado, pero una pinchi morrita bien meca, que fue novia de un ex novio, me la quiso hacer de pedo en el baño de las ánimas.
Fue el año de salir con chicos.
Neta, disfruté a todo dar mi soltería. El pedo es que se me acercaban puros chavitos, y hasta la fecha, el otro día me estaba coqueteando un chavillo de dieciséis. Pinchis mocosos, andan desatados. Pero esa época ya se terminó, y ahorita me voy a quedar con mi chavo poeta :3
Fue el año de:
Black Keys
Tom Waits
Iggy Pop
Foster the people
Beach House <3 p="p">
Fue el año de perder gente.
Murió el bebé de un amigo. Estuvo bien culero ese evento.
Murió mi abuela, ni pedo, ya le tocaba.
Murió una alumnita de mi escuela, fue un evento bien triste.
Una amiga del De Efe ya no me habla a causa de un pendejo.
Varios monos que les "rompí" el corazón dejaron de hablarme.
En fin, en este año pasó de todo, y me da mucha alegría que todas las decisiones que tomé, fueron las mejores. No me arrepiento de nada, al contrario, los pocos problemas que tuve este año fueron por tomar decisiones equivocadas, entre ellas, el aceptar volver a intentarlo con un ex novio. Pero al final todo resultó bien, él por su camino, yo por el mío, que ya tenía trazado el senderito pero no me animaba a tomarlo, y al final sí... Y lo mejor de todo es que este año termina muy feliz, y con la promesa de que el siguiente, será también bieeen chingón :)
Hubo mucha gente que se ofendió, muchos que dejaron de hablarme, pero si eso sucedió fue porque así tenía que ser jaja... El ciclo de la vida.
Ahora quiero dedicar unas últimas palabras a algunas personas que muy probablemente no leerán este blog:
A una amiga que me dejó de hablar porque un wey dijo que ella no había tenido suficientes atenciones -con otras palabras, claro- hacia él, hombre solitario en una ciudad populosa, siendo que ella le consiguió dónde vivir, perdón por dejarme llevar y no creerte en su momento. A un amigo que ya no es mi amigo porque le rompí el corazón, perdón, andaba en una época bien culera, para que veas que todo es en son de paz, te reitero que las marcas de varicela son chidas. A un morro que se enojó porque ya no quise volver a salir con él, lo lamento, es una lástima que tengas una idea errónea de mí pero eres libre de pensar lo que gustes sobre mi persona, no me interesa, y muy probablemente éste sea el último pensamiento que te otorgue: mínimo espero que respetes a la morra con la que seguramente sales, y ya no hables mierda de ella. A una morra que se enojó conmigo porque besé hace como mil años a su ex novio, lo lamento, pero ni amigas éramos cuando eso ocurrió, nuestra simpatía nació cuando, para cerciorarme de que realmente habían terminado, se me ocurrió preguntarte "oye, cómo estás?", ni modo de agregarle el "anoche, por obra y gracia de la cerveza, besé a tu ex galán", si me hubieras preguntado a mí, en lugar de a otras personas, largo y tendido hubiera tenido la amabilidad de explicarte cómo estuvo todo, y por todo me refiero a TODO (qué morboso se leyó.) A una amiga, actualiza tu blog, necesitamos más morbo por estos rumbos! Y finalmente, a ti, qué incómodo que leas esto, pero ya me conoces, me desvelé por ese último mensaje. Te voy a enviar otro. Yo también quiero que mi tierra vaya siendo poco a poco tierra tuya.
Feliz año nuevo, y lo que falta :)3>
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31.12.12
22.12.12
El libro salvaje de Juan Villoro
El día de hoy hice la que tal vez ha sido una de las mejores lecturas "infantiles" que he realizado en mucho tiempo. No es un libro para niños tan niños, más bien para niños que están en quinto o sexto grado de primaria. Pero no es una forma de describir este libro, mejor dicho: es la teoría de la recepción para los niños. Un libro que habla de otros libros y las muchas lecturas que puedes hacerles, la lectura compartida, las referencias entre los textos y otras tantas cosas sobre la recepción. Bien chido.
Pero bueno, en una sinopsis más normal, podría decir que El libro salvaje es un libro sobre transformaciones y recuerdos de la infancia, sumados a los primeros acercamientos con la lectura. Cuenta la historia de un niño (ahora adulto) que pasa unas vacaciones en la enorme biblioteca de su excéntrico tío Tito, y ambos sufren una transformación tremenda respecto a su relación con los libros. Ahí el pequeño conocerá más sobre sí mismo, sobre los adultos con sus problemas, sobre el mundo, e incluso podrá reconocer el amor. Muy bonita historia, me gustó muchísimo y me conmovió hasta las lágrimas. Ash, sí, qué cursi soy, ya sé, nomás que sí está larguito, en una experiencia normal de lectura te llevaría unos tres días acabarlo. Es una lectura en apariencia ligera pero con una complejidad tal que apenas te vas a cercando, la vas reconociendo en todos sus matices. Con todo, es de esas lecturas para tomar de descanso, o sea, para intercalarla con otros libros.
Tiene una redacción sencilla y a la vez compleja, como acabo de decir. Es una de esas narraciones que te permite aprender nuevas palabras y, a cambio, te exige una mediana concentración. Si eres niño, no creo que sea pesada la lectura, pero igual sí requiere mayor esfuerzo que cualquier otro libro infantil, primero por su extensión, luego por la descripción de algunos escenarios y los diálogos que entabla el chavito con el tío. Para nosotros, adultos -sí, adultos u.u- es un poco más sencillo saber de qué está hablando el tío, pero sin duda alguna, resultaría un poco confuso para un niño de menos de 10 años entender toda la situación. Igual está bonita la historia, con un buen toque de fantasía que se camufla fácilmente con la realidad. Acabé la lectura con la firme convicción de que, realmente, los libros nos escogen para ser leídos. ¿Les ha pasado? A veces te topas por casualidad con uno, lo abres y de pronto ya eres presa de él. Otras veces, lees un libro a fuerzas, lo obligas a abrir sus páginas para ti, pero simplemente no es el momento. Claro que de ello no te das cuenta, sino hasta que lo lees nuevamente, por casualidad. Finalmente, la lectura compartida es siempre mejor que como actividad solitaria: cuando lees y compartes con alguien más, el libro se reescribe y adquiere otras dimensiones que posiblemente nunca habrías podido descubrir.
Además de la lectura, habla acerca del conocimiento y la responsabilidad de tenerlo, así como la necesidad de aprender, no sólo por exigencias académicas, sino por un gusto personal. Es tan bueno, que he decidido regalarlo a alguno de mis alumnos al final del ciclo escolar. No sé a quién, todavía, pero seguramente el libro lo elegirá :)
Ya basta de tanto churro, a continuación les dejo algunos pasajes y frases que me atraparon, algunos son descripciones maravillosas, otros reflexiones, y otros más porque simplemente quería compartírselos.
"Todo empezó con un olor a puré de papa. Mi madre hacía puré cuando tenía algo de qué quejarse o estaba de mal humor. Trituraba las papas con más esfuerzo del necesario, con verdadera furia. Eso la ayudaba a relajarse. A mí siempre me ha gustado el puré de papa, aunque en mi casa tuviera sabor a problemas." p. 9
"También odié que mi padre construyera un puente allá. Seguramente se trataba de un puente que se levantaba para que pasaran los barcos. Ésa era su especialidad. Yo prefería los puentes que no se separaban y seguían fijos, conectando dos orillas." p. 20
"Era tan guapa que se veía bien incluso cuando tomaba jugo, aunque ponía una cara como si bebiera vidrio, vidrios rotos que la destrozaban por dentro". p. 21
"He leído toda mi vida, pero hay muchas cosas de las que no sé nada. Lo importante no es tenerlo todo en la cabeza sino saber dónde encontrarlo. La diferencia entre un presumido y un sabio es que el presumido sólo aprecia lo que ya sabe y el sabio busca lo que aún no conoce" p. 43
"Existen famosos imbéciles que fueron bebés refinados." p. 51
"El hombre tiene toda clase de problemas, pero hay uno que me interesa mucho: no sabe medirse a sí mismo. Un sastre te mide por fuera sin ningún problema, pero el hombre se complica las cosas para medirse por dentro." p 55
"Hablo doce lenguas, incluyendo las vivas, las muertas y las enfermas (como el dialecto lleno de maldiciones que usan los policías en esta ciudad)" p. 56
"Nos comunicamos en prosa, aunque a veces hacemos algún verso sin esfuerzo" p 75
"El que quiera hierro, que mastique espinacas o se prepare un buen filete de hígado. O si está muy desesperado, que chupe un cuchillo." p. 93
"Sí sobrino, hay libros malos, malísimos. No me refiero a los libros mal hechos o ridículos, los tristes libros escritos por una persona que sufrió sin que eso fuera útil, los libros hechos por idiotas que sólo querían ser famosos, No, me refiero a libros que hacen daño y atacan a otros libros." p. 99
"Los libros son más importantes que los autores. Los mejores parece que se escribieron a sí mismos." p 102.
"-¡Hay cucarachas por todas partes! -le dije.
-Sí, veo que te perdiste en territorio Samsa." p. 106
"-No tiene nada de malo ser normal.
-A mí me parece aburrido. Un tostador de pan es normal. En cambio, un guiso sabroso es especial. Prefiero ser un guiso.
-Eres mi tío, no eres un platillo.
-Todo depende de qué tan antropófago te pongas. Hay caníbales que se han merendado a sus tíos favoritos." p. 130
"Si Catalina fuera una película, yo viviría dentro del cine." p. 156
"Catalina me tomó de la mano y me hizo una caricia en la palma, como si siguiera la ruta de un caracol:
-Las espirales del tiempo -me dijo-. Los recuerdos se mueven así, como un círculo que regresa pero no vuelve a ser exactamente el mismo." p. 170
"Los libros son insistentes. Por eso se vuelven clásicos." p. 179
Eso es todo por hoy maigos.
Pero bueno, en una sinopsis más normal, podría decir que El libro salvaje es un libro sobre transformaciones y recuerdos de la infancia, sumados a los primeros acercamientos con la lectura. Cuenta la historia de un niño (ahora adulto) que pasa unas vacaciones en la enorme biblioteca de su excéntrico tío Tito, y ambos sufren una transformación tremenda respecto a su relación con los libros. Ahí el pequeño conocerá más sobre sí mismo, sobre los adultos con sus problemas, sobre el mundo, e incluso podrá reconocer el amor. Muy bonita historia, me gustó muchísimo y me conmovió hasta las lágrimas. Ash, sí, qué cursi soy, ya sé, nomás que sí está larguito, en una experiencia normal de lectura te llevaría unos tres días acabarlo. Es una lectura en apariencia ligera pero con una complejidad tal que apenas te vas a cercando, la vas reconociendo en todos sus matices. Con todo, es de esas lecturas para tomar de descanso, o sea, para intercalarla con otros libros.
Tiene una redacción sencilla y a la vez compleja, como acabo de decir. Es una de esas narraciones que te permite aprender nuevas palabras y, a cambio, te exige una mediana concentración. Si eres niño, no creo que sea pesada la lectura, pero igual sí requiere mayor esfuerzo que cualquier otro libro infantil, primero por su extensión, luego por la descripción de algunos escenarios y los diálogos que entabla el chavito con el tío. Para nosotros, adultos -sí, adultos u.u- es un poco más sencillo saber de qué está hablando el tío, pero sin duda alguna, resultaría un poco confuso para un niño de menos de 10 años entender toda la situación. Igual está bonita la historia, con un buen toque de fantasía que se camufla fácilmente con la realidad. Acabé la lectura con la firme convicción de que, realmente, los libros nos escogen para ser leídos. ¿Les ha pasado? A veces te topas por casualidad con uno, lo abres y de pronto ya eres presa de él. Otras veces, lees un libro a fuerzas, lo obligas a abrir sus páginas para ti, pero simplemente no es el momento. Claro que de ello no te das cuenta, sino hasta que lo lees nuevamente, por casualidad. Finalmente, la lectura compartida es siempre mejor que como actividad solitaria: cuando lees y compartes con alguien más, el libro se reescribe y adquiere otras dimensiones que posiblemente nunca habrías podido descubrir.
Además de la lectura, habla acerca del conocimiento y la responsabilidad de tenerlo, así como la necesidad de aprender, no sólo por exigencias académicas, sino por un gusto personal. Es tan bueno, que he decidido regalarlo a alguno de mis alumnos al final del ciclo escolar. No sé a quién, todavía, pero seguramente el libro lo elegirá :)
Ya basta de tanto churro, a continuación les dejo algunos pasajes y frases que me atraparon, algunos son descripciones maravillosas, otros reflexiones, y otros más porque simplemente quería compartírselos.
"Todo empezó con un olor a puré de papa. Mi madre hacía puré cuando tenía algo de qué quejarse o estaba de mal humor. Trituraba las papas con más esfuerzo del necesario, con verdadera furia. Eso la ayudaba a relajarse. A mí siempre me ha gustado el puré de papa, aunque en mi casa tuviera sabor a problemas." p. 9
"También odié que mi padre construyera un puente allá. Seguramente se trataba de un puente que se levantaba para que pasaran los barcos. Ésa era su especialidad. Yo prefería los puentes que no se separaban y seguían fijos, conectando dos orillas." p. 20
"Era tan guapa que se veía bien incluso cuando tomaba jugo, aunque ponía una cara como si bebiera vidrio, vidrios rotos que la destrozaban por dentro". p. 21
"He leído toda mi vida, pero hay muchas cosas de las que no sé nada. Lo importante no es tenerlo todo en la cabeza sino saber dónde encontrarlo. La diferencia entre un presumido y un sabio es que el presumido sólo aprecia lo que ya sabe y el sabio busca lo que aún no conoce" p. 43
"Existen famosos imbéciles que fueron bebés refinados." p. 51
"El hombre tiene toda clase de problemas, pero hay uno que me interesa mucho: no sabe medirse a sí mismo. Un sastre te mide por fuera sin ningún problema, pero el hombre se complica las cosas para medirse por dentro." p 55
"Hablo doce lenguas, incluyendo las vivas, las muertas y las enfermas (como el dialecto lleno de maldiciones que usan los policías en esta ciudad)" p. 56
"Nos comunicamos en prosa, aunque a veces hacemos algún verso sin esfuerzo" p 75
"El que quiera hierro, que mastique espinacas o se prepare un buen filete de hígado. O si está muy desesperado, que chupe un cuchillo." p. 93
"Sí sobrino, hay libros malos, malísimos. No me refiero a los libros mal hechos o ridículos, los tristes libros escritos por una persona que sufrió sin que eso fuera útil, los libros hechos por idiotas que sólo querían ser famosos, No, me refiero a libros que hacen daño y atacan a otros libros." p. 99
"Los libros son más importantes que los autores. Los mejores parece que se escribieron a sí mismos." p 102.
"-¡Hay cucarachas por todas partes! -le dije.
-Sí, veo que te perdiste en territorio Samsa." p. 106
"-No tiene nada de malo ser normal.
-A mí me parece aburrido. Un tostador de pan es normal. En cambio, un guiso sabroso es especial. Prefiero ser un guiso.
-Eres mi tío, no eres un platillo.
-Todo depende de qué tan antropófago te pongas. Hay caníbales que se han merendado a sus tíos favoritos." p. 130
"Si Catalina fuera una película, yo viviría dentro del cine." p. 156
"Catalina me tomó de la mano y me hizo una caricia en la palma, como si siguiera la ruta de un caracol:
-Las espirales del tiempo -me dijo-. Los recuerdos se mueven así, como un círculo que regresa pero no vuelve a ser exactamente el mismo." p. 170
"Los libros son insistentes. Por eso se vuelven clásicos." p. 179
Eso es todo por hoy maigos.
1.4.12
Febrero loco y marzo otro poco
Estas últimas semanas he estado aplicando la de Gloria Trevi, esa de que la vida da muchas vueltas, la de Café Tacuba que en esta pista de la vida unas veces estás abajo y otras arriba... Y pues como hace mucho no escribía mis pollito-aventuras, nada más puras cursilerías o cortatelasvenerías, pues les voy a platicar lo que hice todo este mes que me trae tan asombrada y a la vez contenta, pese a todo :P
Un día estás en Chihuahua, soportando el frío y al otro estás en Mérida, soportando la calor. En pasados días envié una ponencia a un congreso de literatura, era sobre las cosas que más me gustan en esta vida: Luis Spota, Manuel Puig y los perros... Okei, perros no, pero sí de esos dos escritores que nadie quiere... Total, envié mi ensayo sobre ambos autores, bastante ambicioso desde mi punto de vista y pues qué creen... ¡pues me la aceptaron! y de paso me invitaron a platicar sobre ella en Mérida, Yucatán. Aprovechando, me fui de viaje y de paseo por una buena parte de la península de nuestro bonito país. Otro rollo. Conocí personas interesantes (en un oxxo, qué pedo) y visité a un amigo que trabaja en una plataforma petrolera y allá encontró al amor de su vida. Tuve oportunidad de visitar algunas ruinas mayas, hablar con algunas personas de ese grupo indígena y, por supuesto, estar un poco más cerca de las playas caribeñas. Lástima que la playa a la que fui no era parte todavía del caribe, pero ya se veía algo de ese color verde tan característico en sus aguas. O como diría el mamón de Cortázar, el color maradriático... (uff, qué wey tan mamón)
Total, una imagen dice más que mil palabras... ¿Ahora se imaginan mil imágenes? Una semana duré allá, perdí mi computadora, pisteé cantidades exageradas de licor, conocí los hostales, hablé miles de pendejadas y, por supuesto, les di rienda suelta a mis patitas que para qué las quiero. Me paseé en camión, en pecera, a pie, en taxis (que los pinchis taxistas nunca saben cómo llegar) y comí de todo, hasta unos tacos árabes bien sabrosos... Allá no pasa nada, no hay más que dos noticias en la sección policíaca, había una tranquilidad que sólo habitantes norteños somos capaces de apreciar plenamente... No pude tomar tantas fotos como hubiera querido, pero es que así siempre me pasa, cuanto más disfruto, menos imágenes tengo oportunidad de captar... En fin, se agregan dos estados más a mi lista de lugares conocidos en la república mexicana (Mérida, Campeche) y neta, entre más viajo, más ganas me dan de seguirlo haciendo. Entre más conozco este país, más ganas me dan de quedarme en él. No creo que exista un lugar mejor. Y más allá de sentirme relegada o diferente ante tanta pluralidad, más identificada me siento. No sé, es otro pedo...
Un día le das consejos a un amigo sobre el desarrollo de los bebés, al siguiente te dice que asistas al funeral de su hijo. Una de las cosas más fuertes y tristes que me pasaron este mes, fue la lamentable noticia de uno de mis grandes amigos. Un día estábamos comiendo hamburguesas, hablando acerca del futuro de su niño, de los planes que tenía para él, las metas, los sueños, los deseos... Y de pronto por un giro del destino o qué sé yo, todo eso se acaba. Nada tenemos seguro. Lo que realmente me impresiona más, es su capacidad para poder seguir adelante... Ha pasado a tomar un lugar muy especial en la lista de personas que admiro y respeto...
Un día ves con indiferencia la nota de un ejecutado, al otro te toca presenciar una balacera. Tiempo después, decides invitar a un amigo a tomar una cerveza tranquilamente. Y bajo ese supuesto, te vas a un lugar tranquilo. De pronto ves que entra un sujeto sospechoso, hace unas preguntas intrascendentes al encargado (precio de la cerveza y si no ha visto a una mujer chaparrita por ahí) y se retira. Sientes la malavibra de esa persona, te quedas con el pendiente. Cinco minutos más tarde entra un sujeto a balacear el lugar y lo único que aciertas a hacer es tirarte al piso, cerrar los ojos y esperar que mientras da vueltas por el bar, no intente dispararte a ti, porque el dolor de una bala atravesando la carne debe ser muy particular, se debe sentir caliente y sofocante. Te debes sentir el mismo Jesucristo crucificado por las vísceras, el pecho o la cabeza, depende dónde recibas el impacto... Pero dios no te habla, no te dice que has muerto para salvar a la humanidad, sino por una lucha que ni siquiera es tuya, y por drogas que tú no consumes... Y en esas estás mientras esperas en el silencio más largo de tu existencia... Y cuando termina todo el asunto, te retiras de ahí porque no puedes declarar, y mientras avanzas te dices: "bueno, al menos no nos mató... algún día me tenía que tocar..." Porque al fin y al cabo esto ya es cosa de todos los días en mi ciudad...
Un día pierdes tu nueva credencial de elector, al otro recuperas la extraviada hace 5 años. Una persona montada en una imponente motocicleta, con un casco portando símbolos nazis, llegó a mi casa para regresarme una extraviada credencial de elector, hace casi 5 años. Fue la primera que saqué, con la que voté en las elecciones presidenciales y que sólo duró 6 meses en mi poder. Me pregunto qué lugares habrá recorrido y en cuántas manos habrá estado. Qué usos le habrán dado y por qué demonios regresó... Una locura...
Un día estás haciendo corajes por el amor y sus demonios, al otro haces una revisión de estos últimos años, y te sientes satisfecha. Ya sé que cómo hablo de Jesucristo, que hasta parezco religiosa o creyente, pero es que es un personaje muy chingón, y el ejemplo legendario de que la vida transcurre en espirales, que un domingo de ramos entras con toda tu gente a Jerusalén y tres años más tarde te están crucificando... Y pasan cinco días y revives... Que un momento estás bien y al otro vas a estar mal, y al otro vas a estar bien chingón y que todo pasa. Que si en una época eras feliz, no sirve de nada añorarla, sino continuar avanzando pues al fin y al cabo volverá a ser agradable, y la esencia de quien eres y lo que eres prevalece a través de los años. Son cosas que no se pueden cambiar. Hace 5 años era muy feliz, exageradamente feliz, tenía apenas 19 años y escuchaba The Killers. Pasaron muchas circunstancias que igual me trajeron altibajos, relaciones amorosas, complicaciones estudiantiles, viajes, experiencias y demás... Y dejé de escucharlos, hasta hoy. Y me siento como hace 5 años... A todo dar... Y no sé si sea el efecto de la primavera, de estos aires que me ponen a alucinar o qué sé yo. Pero quiero disfrutarlos el tiempo que duren, el tiempo que sea necesario, sin mirar triste hacia el pasado ni anhelante hacia el futuro, pues al fin y al cabo debemos disfrutar del presente, de que estamos chavos y se nos hace fácil, que el sol jamás volverá a ser como hoy y demás frases de superación personal (puaj!), y que deberían desconectar a Gustavo Cerati porque ya no volverá, y si vuelve probablemente será en forma de discapacidad intelectual, y por que él mismo dijo que "poder decir adiós, es crecer"... Aunque bueno, quién sabe, también existe la posibilidad de que cuando andas en bicicleta en esta pista de la vida, unas veces pasas abajo y otras arriba, una vuelta hacia la izquierda otras a la derecha... Hoy sin una dirección, mañana nadie sabe, sin responsabilidad, sin sentirte culpable... Otro día, otra mañana y otro tu camino, y que el viento en tu cara marque tu destino. Una vez que aprendiste nunca se te olvida porque así son las cosas en la pista de la vida :)
30.12.10
En este 2011...
Yo no sé qué quiero para este nuevo año que se avecina. La verdad yo no soy muy de metas, propósitos o lo que sea. No sirvo para proponerme cosas, no sirvo para hacer realidad mis planes, en realidad siempre que planeo me sale todo al revés, pero no por ello al revés-mal... Increíblemente todo sale bien. Así que espero seguir haciendo mi vida como hasta hoy: una improvisación de la existencia.
Mi novio y yo tuvimos contacto por mera casualidad y sin estarlo buscando nos llegamos a enamorar. El trabajo que ahora tengo no fue porque yo llenara una solicitud o porque me hubiera sometido a algún concurso, la verdad es que me lo ofrecieron solito. Tuve que hacer algunos sacrificios pero todo salió bien al final. Mi corte de cabello fue un mero arranque de "cambiar la rutina" y los mejores momentos de mi vida se han presentado cuando menos los esperaba.
Las pedas más chidas son las que salen de pronto y en los lugares más inesperados: los jardines de la escuela, el gimnasio de la Uach, el depa de Janice o una mañana en la Cerve.
Creo que hasta el momento de hoy he hecho todo bien, y espero seguir haciéndolo el resto de mi vida, y si alguna vez la cago pues ni pedo, será parte de la vida y el sufrir las consecuencias será tal vez necesario, pero no obligatorio. De cualquier forma soy tan feliz de ser yo y compartirme con las personas que más quiero.
I have no regrets.
Y ahora, canciones que les harán recordarme :D jajajaja, para todo el 2010!
Gary Numan me acompañó todo el 2010 con su chingonsísima canción de Cars... Era la única razón por la que me gustaba el Videsa.
Una de las canciones más emblemáticas y representativas de mi persona, siempre me pone de buen humor y con esta tiramos party muchas veces :) "with the record selection and my mirror's reflection i'll be dancin with ma seef woo hooo" jajaja me encantan los zombis!
La decadencia es y será parte de mi existencia. A veces son el único peligro para mí misma. Aunque hasta ahora todo ha salido bien, me he sentido genial, Joy Division siempre serán parte de mi vida y de ese lado oscuro que no es tan agradable pero igual existe, como en cada uno de nosotros.
"could these sensations make me feel the pleasures of a normal man?"
Mi más reciente adquisición que espero se quede conmigo el año que viene :D
La canción que me hará recordar mi ranchito y los niños a los que les di clase :D siempre les cantaba esta canción y el disco de Re me acompañó muchas veces en mi camino de terracería. Muy felices momentos.
En mis pedas más alegres siempre está esta canción... La mamada... No sé, de esas rolas que las cantas a todo vuelo y cuya letra te llena de euforia... Buen hit :D "sé que te excita pensar hasta dónde llegaré". Neta, cuando escuché a Cerati en concierto... Qué buena voz tiene... Y hacía unas improvisaciones bien mamonas en la guitarra... Lástima lo de su condición.
Esta canción siempre sale casualmente cuando salgo con Richi... Y lo invito a bailarla conmigo... Chale, me entona un chingo bailar.
De las primeras canciones que escuchamos Richi y yo juntos... Y extrañamente hablaba de la Guerra civil española y de mi queridísimo García Lorca "Federico Lorca is dead and gone" :D el destino, el destino.
Y finalmente Ladytron. Dudo mucho que su música me acompañe en este 2011, pero de cualquier forma dejo esta canción como despedida :D
"i know her, used to follow everywhere we go... and it's so sweet now you're sleeping with the boy i know... The boy i know, knows a pretty girl in every town... And the way they found, they were made to let each others down". (sus letras siempre tan malvibrosas jaja, me encanta!)
Éste fue mi 2010 en canciones. Canciones para recordarme :D jajaja uff... qué narcisista soy, mamé.
Mi novio y yo tuvimos contacto por mera casualidad y sin estarlo buscando nos llegamos a enamorar. El trabajo que ahora tengo no fue porque yo llenara una solicitud o porque me hubiera sometido a algún concurso, la verdad es que me lo ofrecieron solito. Tuve que hacer algunos sacrificios pero todo salió bien al final. Mi corte de cabello fue un mero arranque de "cambiar la rutina" y los mejores momentos de mi vida se han presentado cuando menos los esperaba.
Las pedas más chidas son las que salen de pronto y en los lugares más inesperados: los jardines de la escuela, el gimnasio de la Uach, el depa de Janice o una mañana en la Cerve.
Creo que hasta el momento de hoy he hecho todo bien, y espero seguir haciéndolo el resto de mi vida, y si alguna vez la cago pues ni pedo, será parte de la vida y el sufrir las consecuencias será tal vez necesario, pero no obligatorio. De cualquier forma soy tan feliz de ser yo y compartirme con las personas que más quiero.
I have no regrets.
Y ahora, canciones que les harán recordarme :D jajajaja, para todo el 2010!
Gary Numan me acompañó todo el 2010 con su chingonsísima canción de Cars... Era la única razón por la que me gustaba el Videsa.
Una de las canciones más emblemáticas y representativas de mi persona, siempre me pone de buen humor y con esta tiramos party muchas veces :) "with the record selection and my mirror's reflection i'll be dancin with ma seef woo hooo" jajaja me encantan los zombis!
La decadencia es y será parte de mi existencia. A veces son el único peligro para mí misma. Aunque hasta ahora todo ha salido bien, me he sentido genial, Joy Division siempre serán parte de mi vida y de ese lado oscuro que no es tan agradable pero igual existe, como en cada uno de nosotros.
"could these sensations make me feel the pleasures of a normal man?"
Mi más reciente adquisición que espero se quede conmigo el año que viene :D
La canción que me hará recordar mi ranchito y los niños a los que les di clase :D siempre les cantaba esta canción y el disco de Re me acompañó muchas veces en mi camino de terracería. Muy felices momentos.
En mis pedas más alegres siempre está esta canción... La mamada... No sé, de esas rolas que las cantas a todo vuelo y cuya letra te llena de euforia... Buen hit :D "sé que te excita pensar hasta dónde llegaré". Neta, cuando escuché a Cerati en concierto... Qué buena voz tiene... Y hacía unas improvisaciones bien mamonas en la guitarra... Lástima lo de su condición.
Esta canción siempre sale casualmente cuando salgo con Richi... Y lo invito a bailarla conmigo... Chale, me entona un chingo bailar.
De las primeras canciones que escuchamos Richi y yo juntos... Y extrañamente hablaba de la Guerra civil española y de mi queridísimo García Lorca "Federico Lorca is dead and gone" :D el destino, el destino.
Y finalmente Ladytron. Dudo mucho que su música me acompañe en este 2011, pero de cualquier forma dejo esta canción como despedida :D
"i know her, used to follow everywhere we go... and it's so sweet now you're sleeping with the boy i know... The boy i know, knows a pretty girl in every town... And the way they found, they were made to let each others down". (sus letras siempre tan malvibrosas jaja, me encanta!)
Éste fue mi 2010 en canciones. Canciones para recordarme :D jajaja uff... qué narcisista soy, mamé.
22.7.10
Samantha
Los dejavu siempre me han impresionado sobremanera. No me siento especial por ello... no. Ya muchas culturas, religiones y hasta directores de Hollywood les han dado su propia interpretación.
Cierta vez un amigo me explicó que en una de esas religiones profesadas al otro lado del mundo, los deja vu son una clara señal de que vas por buen camino, de que estás siguiendo tu destino porque supuestamente, a tu alma antes de partir a la vida, le es mostrada su existencia y por lo tanto, los deja vu no son más que un breve recuerdo de ese destino previsto por tu espíritu.
Mi madre tomó un argumento más científico (gracias a uno de esos programas del Discovery o algo así), y aseguró que los deja vu no son más que recuerdos de nuestros antepasados transmitidos a través de una pesada carga de información genética, o que incluso podrían ser sólo sueños pasados que de pronto asociábamos a las situaciones cotidianas en un afán por recordarlos.
Cualquiera que sea la explicación, los deja vu no dejan de impresionarme sobremanera.
La verdad es que ninguno de ellos fue tan prolongado ni tan intenso como el que percibí con Samantha...
La primera vez que la vi -al menos en esta dimensión- fue cuando teníamos 10 años. Asistíamos al mismo catecismo que se impartía en la pequeña capilla de Santa algo que está a tres calles de mi casa. Ambas nos preparábamos para hacer la Primera Comunión.
Aquel sábado por la tarde nos miramos fijamente. Ambas teníamos rehiletes en los ojos y margaritas en los labios.
No sé quién empezó, si ella o yo. Una dijo: "¿Vas a la misma primaria que yo?" la otra respondió: "No... oye, ¿en qué kinder estuviste? Es que te conozco pero no sé de donde".
El sábado siguiente la sensación persistía, incómoda pero abradable, como orinar detrás de un matorral.
-¿No vives por aquí? -le pregunté.
-No, yo vivo por allá por el Tec de Monterrey.
-¿Entonces por qué vienes a catecismo hasta acá?
-Es que la hija de un amigo de mi papá también viene aquí y quieren que hagamos juntas la primera comunión.
-¿No se llama Nallely o Tania la niña esa? ¿No vive por aquí?
-No, se llama Fulana. Mira, es aquella.
-Ah no, pos quién sabe quién será.
Así eran todos los sábados de catecismo donde, más que hablar de religión, se nos pasaban en quebrarnos la cabeza buscando las posibles coincidencias anteriores de nuestras existencias.
Y de ese modo nos hicimos amigas, de esas amigas de primaria que pasan horas hablando por teléfono, compartiendo mares de imaginación e historias sobre lo que quieres hacer cuando crezcas.
Pasó el catecismo, pasó otro ciclo escolar, y pasadas tantas cosas más me invitó a su fiesta de cumpleaños. A mis padres les rogué toda una sandía para que me dejaran asistir. Al final aceptaron. Tardamos una hora para encontrar la casa pero al fin llegué. Nunca había sido tan dichosa, fue casi tan emocionante como cuando te dejan mojarte bajo la lluvia sin que te reprochen lo sucio que quedarás o la enfermedad que vas a contraer. Era una especie de libertad muchas veces ansiada y finalmente conquistada.
Desafortunadamente, no todo puede ser dicha, todo es perecedero, ya que, desde mi punto de vista, toda circunstancia feliz de nuestra vida tiene más o menos el mismo patrón: una pendiente en dirección positiva, luego la cúspide (que puede ser poco o prolongarse) y finalmente la pendiente en decrecimiento. Digamos entonces que, a partir de esa fiesta, inicié con el desplazamiento en dirección negativa.
Vaya ambiente hostil en el que me encontraba: juegos raros, amigas repugnosas, comida marciana... Hasta ella misma había cambiado. Me fui antes de la reunión, ni siquiera tuve oportunidad de saborear el pastel. Y sin querer, tiempo después, me fui alejando cada vez más de ella... Pero, extrañamente, nuestras existencias coincidirían tres veces más.
El siguiente de nuestros reencuentros fue una tarde, mientras yo caminaba de la secundaria en la que estudiaba al trabajo de mi mamá. La vi con un paquete de tortillas en la mano entrando a una casa que estaba en la ruta que yo seguía día tras día.
-¡Samantha!
-¡Hola Brendita!, ¿cómo estás?
-Pues bieeen, ¿y tú? ¿Qué onda, qué haces aquí?... ¿Te cambiaste de casa?
-No, aquí vive mi abuela... ¿Estás aquí en la 8?
-Sí, ¿y tú a qué secundaria te metiste?
-¡También estoy en esa! ¿Cómo es que no nos hemos visto?
-¿En serio?, ¿en qué salón?
-No pues en el C.
-Órale pues... A ver si un día te paso a saludar. Yo estoy en el F.
-Ándale pues. ¡Nos vemos!
Y en los tres años que duramos en esa institución, pocas veces la llegué a ver. Ella siempre estaba de un lado, yo siempre estaba del otro. Más bien coincidíamos en la casa de su abuela, pero igual nos saludábamos con la amabilidad de quienes comparten una amistad alegre que poco a poco se va deteriorando. De cualquier modo yo comencé a tomar rutas alternas y amistades que nos distanciaron severamente.
El segundo reencuentro carecía de toda la magia de nuestras anteriores coincidencias. Se inscribió en la preparatoria donde un gran porcentaje de población estudiantil buscaba espacio por tratarse de una institución de disque mucha calidad. Por ello no resultó deslumbrante verla caminando en los pasillos con los cachetes de sonrisa que siempre la caracterizaron. Pasando los años, sus expresiones faciales evolucionaron de tal forma que ya no se mostraban en la sonrisa, más bien formaban una especie de mueca que también se trasladó hasta sus ojos, marcándole unos gestos que daban la impresión de rechazar todo, sin articular una sola palabra. Entonces ya no me parecía agradablemente conocida. Ahora era un maquillaje viviente mal aplicado, un rostro común, aburrido, de propaganda, que te sonríe con hipocresía. No era ni siquiera Samantha, su nombre no correspondía a su persona.
Y yo, trasladé su presencia al mismo plano que una lámpara de escritorio olvidándome por completo de sus ojos de rehilete...
Hasta éste, nuestro tercer reencuentro.
En vacaciones todos hacemos limpiezas generales de nuestras casas, y entonces no sé por qué se llaman vacaciones. Lo cierto es que en las limpiezas siempre se encuentra uno con cosas insólitas.
Mi padre, llevado por una especie de nostalgia, me mostró un álbum de fotos, el único que pudo recuperar de la casa de mi abuela cuando ésta fue subastada por una jauría de hermanos. Había imágenes de toda clase: bebés tomando un baño, niños vestidos a la moda retro anti estética y bodas. La boda de mi abuela. Tan ridículas que siempre me han parecido esas imágenes, los dos recién casados al centro, las damas de honor del lado de la novia, y sus equivalentes masculinos del lado del novio, perfectamente distribuidos como tablero de ajedrez, y es tan acertada la descripción, sobre todo por los colores monocromos de la fotografía. Recorrí las caras de los individuos. Eran sujetos extraños... Hasta que de pronto la familiaridad se apoderó de mi cuerpo, manifestada a través de un deja vu. Ya antes había estado en esa situación, ya antes había visto sus caras, pero lo que causó un mayor desequilibrio fue la sonrisa de una de las damas de honor, la muchacha más alegre de todas: ahí estaba, ella, con su sonrisa de margarita y sus ojos de rehilete.
Le pregunté a mi abuela quién era esa muchacha. Pero su memoria es inútil. No recordaba siquiera que esa era la foto de su propia boda.
No me imagino siquiera a dónde habrán ido a parar todos sus recuerdos. Pero eso ya no me quita el sueño... Admito que más me admira cómo es que Samantha no ha dejado de sorprenderme.
Cierta vez un amigo me explicó que en una de esas religiones profesadas al otro lado del mundo, los deja vu son una clara señal de que vas por buen camino, de que estás siguiendo tu destino porque supuestamente, a tu alma antes de partir a la vida, le es mostrada su existencia y por lo tanto, los deja vu no son más que un breve recuerdo de ese destino previsto por tu espíritu.
Mi madre tomó un argumento más científico (gracias a uno de esos programas del Discovery o algo así), y aseguró que los deja vu no son más que recuerdos de nuestros antepasados transmitidos a través de una pesada carga de información genética, o que incluso podrían ser sólo sueños pasados que de pronto asociábamos a las situaciones cotidianas en un afán por recordarlos.
Cualquiera que sea la explicación, los deja vu no dejan de impresionarme sobremanera.
La verdad es que ninguno de ellos fue tan prolongado ni tan intenso como el que percibí con Samantha...
La primera vez que la vi -al menos en esta dimensión- fue cuando teníamos 10 años. Asistíamos al mismo catecismo que se impartía en la pequeña capilla de Santa algo que está a tres calles de mi casa. Ambas nos preparábamos para hacer la Primera Comunión.
Aquel sábado por la tarde nos miramos fijamente. Ambas teníamos rehiletes en los ojos y margaritas en los labios.
No sé quién empezó, si ella o yo. Una dijo: "¿Vas a la misma primaria que yo?" la otra respondió: "No... oye, ¿en qué kinder estuviste? Es que te conozco pero no sé de donde".
El sábado siguiente la sensación persistía, incómoda pero abradable, como orinar detrás de un matorral.
-¿No vives por aquí? -le pregunté.
-No, yo vivo por allá por el Tec de Monterrey.
-¿Entonces por qué vienes a catecismo hasta acá?
-Es que la hija de un amigo de mi papá también viene aquí y quieren que hagamos juntas la primera comunión.
-¿No se llama Nallely o Tania la niña esa? ¿No vive por aquí?
-No, se llama Fulana. Mira, es aquella.
-Ah no, pos quién sabe quién será.
Así eran todos los sábados de catecismo donde, más que hablar de religión, se nos pasaban en quebrarnos la cabeza buscando las posibles coincidencias anteriores de nuestras existencias.
Y de ese modo nos hicimos amigas, de esas amigas de primaria que pasan horas hablando por teléfono, compartiendo mares de imaginación e historias sobre lo que quieres hacer cuando crezcas.
Pasó el catecismo, pasó otro ciclo escolar, y pasadas tantas cosas más me invitó a su fiesta de cumpleaños. A mis padres les rogué toda una sandía para que me dejaran asistir. Al final aceptaron. Tardamos una hora para encontrar la casa pero al fin llegué. Nunca había sido tan dichosa, fue casi tan emocionante como cuando te dejan mojarte bajo la lluvia sin que te reprochen lo sucio que quedarás o la enfermedad que vas a contraer. Era una especie de libertad muchas veces ansiada y finalmente conquistada.
Desafortunadamente, no todo puede ser dicha, todo es perecedero, ya que, desde mi punto de vista, toda circunstancia feliz de nuestra vida tiene más o menos el mismo patrón: una pendiente en dirección positiva, luego la cúspide (que puede ser poco o prolongarse) y finalmente la pendiente en decrecimiento. Digamos entonces que, a partir de esa fiesta, inicié con el desplazamiento en dirección negativa.
Vaya ambiente hostil en el que me encontraba: juegos raros, amigas repugnosas, comida marciana... Hasta ella misma había cambiado. Me fui antes de la reunión, ni siquiera tuve oportunidad de saborear el pastel. Y sin querer, tiempo después, me fui alejando cada vez más de ella... Pero, extrañamente, nuestras existencias coincidirían tres veces más.
El siguiente de nuestros reencuentros fue una tarde, mientras yo caminaba de la secundaria en la que estudiaba al trabajo de mi mamá. La vi con un paquete de tortillas en la mano entrando a una casa que estaba en la ruta que yo seguía día tras día.
-¡Samantha!
-¡Hola Brendita!, ¿cómo estás?
-Pues bieeen, ¿y tú? ¿Qué onda, qué haces aquí?... ¿Te cambiaste de casa?
-No, aquí vive mi abuela... ¿Estás aquí en la 8?
-Sí, ¿y tú a qué secundaria te metiste?
-¡También estoy en esa! ¿Cómo es que no nos hemos visto?
-¿En serio?, ¿en qué salón?
-No pues en el C.
-Órale pues... A ver si un día te paso a saludar. Yo estoy en el F.
-Ándale pues. ¡Nos vemos!
Y en los tres años que duramos en esa institución, pocas veces la llegué a ver. Ella siempre estaba de un lado, yo siempre estaba del otro. Más bien coincidíamos en la casa de su abuela, pero igual nos saludábamos con la amabilidad de quienes comparten una amistad alegre que poco a poco se va deteriorando. De cualquier modo yo comencé a tomar rutas alternas y amistades que nos distanciaron severamente.
El segundo reencuentro carecía de toda la magia de nuestras anteriores coincidencias. Se inscribió en la preparatoria donde un gran porcentaje de población estudiantil buscaba espacio por tratarse de una institución de disque mucha calidad. Por ello no resultó deslumbrante verla caminando en los pasillos con los cachetes de sonrisa que siempre la caracterizaron. Pasando los años, sus expresiones faciales evolucionaron de tal forma que ya no se mostraban en la sonrisa, más bien formaban una especie de mueca que también se trasladó hasta sus ojos, marcándole unos gestos que daban la impresión de rechazar todo, sin articular una sola palabra. Entonces ya no me parecía agradablemente conocida. Ahora era un maquillaje viviente mal aplicado, un rostro común, aburrido, de propaganda, que te sonríe con hipocresía. No era ni siquiera Samantha, su nombre no correspondía a su persona.
Y yo, trasladé su presencia al mismo plano que una lámpara de escritorio olvidándome por completo de sus ojos de rehilete...
Hasta éste, nuestro tercer reencuentro.
En vacaciones todos hacemos limpiezas generales de nuestras casas, y entonces no sé por qué se llaman vacaciones. Lo cierto es que en las limpiezas siempre se encuentra uno con cosas insólitas.
Mi padre, llevado por una especie de nostalgia, me mostró un álbum de fotos, el único que pudo recuperar de la casa de mi abuela cuando ésta fue subastada por una jauría de hermanos. Había imágenes de toda clase: bebés tomando un baño, niños vestidos a la moda retro anti estética y bodas. La boda de mi abuela. Tan ridículas que siempre me han parecido esas imágenes, los dos recién casados al centro, las damas de honor del lado de la novia, y sus equivalentes masculinos del lado del novio, perfectamente distribuidos como tablero de ajedrez, y es tan acertada la descripción, sobre todo por los colores monocromos de la fotografía. Recorrí las caras de los individuos. Eran sujetos extraños... Hasta que de pronto la familiaridad se apoderó de mi cuerpo, manifestada a través de un deja vu. Ya antes había estado en esa situación, ya antes había visto sus caras, pero lo que causó un mayor desequilibrio fue la sonrisa de una de las damas de honor, la muchacha más alegre de todas: ahí estaba, ella, con su sonrisa de margarita y sus ojos de rehilete.
Le pregunté a mi abuela quién era esa muchacha. Pero su memoria es inútil. No recordaba siquiera que esa era la foto de su propia boda.
No me imagino siquiera a dónde habrán ido a parar todos sus recuerdos. Pero eso ya no me quita el sueño... Admito que más me admira cómo es que Samantha no ha dejado de sorprenderme.
14.1.10
Ayer la volví a ver.
Después de casi veinte años, la volví a ver. Es la secretaria de un calvo libidinoso con manos de espárrago. Mi mamá quería que platicara con ella, que le dijera en qué me había convertido, a dónde me había llevado la vida, pero, después de casi veinte años, ¿acaso importa? Apenas sí pude verla a los ojos, los tenía con esas horribles patas de gallo que en alguien de treinta y tantos no se ven nada bien.
-¡Hola!
-... Hola.
-Oye, ¡se volvió una señorita muy bonita!
- Sí, ¿verdad? (Las madres, aunque tengas el hocico partido y un corte hecho por un burro, te siguen viendo bonita)
A eso, le siguió un silencio de esos incómodos. Myriam sólo continuaba con su sonrisa que le llegaba hasta las arrugas.
En un pis pás la observé de arriba a abajo, y a través de las cobijas de maquillaje pude llegar a su mirada. Fue entonces cuando recordé las visitas al audiovisual, los refrescos compartidos, los abrazos y las pláticas de mujer. Al fin y al cabo ella había sido mi amiga, aún recordaba su nombre y sus ojos todavía eran un pozo de agua fresca.
-ohh, ¡qué locura! ¡Myriam!
Fue lo único que alcancé a decir.
Después de todo, cuando uno es niño, la amistad es más sencilla.
-¡Hola!
-... Hola.
-Oye, ¡se volvió una señorita muy bonita!
- Sí, ¿verdad? (Las madres, aunque tengas el hocico partido y un corte hecho por un burro, te siguen viendo bonita)
A eso, le siguió un silencio de esos incómodos. Myriam sólo continuaba con su sonrisa que le llegaba hasta las arrugas.
En un pis pás la observé de arriba a abajo, y a través de las cobijas de maquillaje pude llegar a su mirada. Fue entonces cuando recordé las visitas al audiovisual, los refrescos compartidos, los abrazos y las pláticas de mujer. Al fin y al cabo ella había sido mi amiga, aún recordaba su nombre y sus ojos todavía eran un pozo de agua fresca.
-ohh, ¡qué locura! ¡Myriam!
Fue lo único que alcancé a decir.
Después de todo, cuando uno es niño, la amistad es más sencilla.
4.9.08
Cumpleaños...
Fox:
No podré ir a tu cumpleaños... Todo es culpa del huracán.
Pollito:
ni pedo...
Fox:
Aunque... nunca te habían dado un huracán como excusa, verdad?
Pollito:
jajajajaja... no
No podré ir a tu cumpleaños... Todo es culpa del huracán.
Pollito:
ni pedo...
Fox:
Aunque... nunca te habían dado un huracán como excusa, verdad?
Pollito:
jajajajaja... no
Ohhh sí, cumplí años :D
el dos de septiembre
el dos de septiembre
26.5.08
Oquela!
Pues sí, nuevamente el ocio (en tiempos de mucho trabajo escolar) me ha llevado a crear este blog en compañía de Américus Vespucia...
Estoy aprendiendo a tomar fotos y como que me traumé... Nos traumamos. Fue el día en el que América y yo conocimos la macro... WOOAAHH!
Espero que lo visiten... Ya pues,
Saludos a todos :D
http://heartmacro.blogspot.com
http://heartmacro.blogspot.com
http://heartmacro.blogspot.com
Estoy aprendiendo a tomar fotos y como que me traumé... Nos traumamos. Fue el día en el que América y yo conocimos la macro... WOOAAHH!
Espero que lo visiten... Ya pues,
Saludos a todos :D
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yo
7.5.08
La extraña historia de Julio Salamanca, el Cerebro...
O de cómo probé por primera vez la marihuana...
Tendría unos 12 años de edad y eran las primeras vacaciones que pasaba sola en el pueblo de Santa Bárbara. Jamás llegué a pensar que, por la temporada, serían unas de las más aburridas, o al menos eso era lo que se esperaba. Es decir, en un pueblo católico, en días de Semana Santa, donde los chavos andan en Pascuas Juveniles y pendejadas de esas, obvio que una rara como yo no tendría cabida en ese lugar.
Llevaba cuatro días vagando sola por el pueblo y nada parecía importarme. En aquella época no disfrutaba los bailes de rancho con cumbias, rancheras y demás géneros agropecuarios.
Llegó el día del Via Crucis, yo en mi estado de puberta rebelde y antirreligiosa decidí quedarme en un puente mientras los demás andaban de morbosos viendo cómo golpeaban al imitador de aquel jipi, al que conocen como Jesús.
Unos veinte minutos después apareció un tipo raro con gorra al revés y en una pantalonera de botones, como las que se usaban antes. Muy sonriente me dijo adiós con el ademán de 'amor y paz'. Se veía amable así que le sonreí. Pasó de largo y unos minutos después volvió a cruzar.
"¿Por qué tan sola?", preguntó.
"No pues... nomás, no quiero ir al Via Crucis, qué hueva", respondí.
Se sentó a platicar y a fumar un tabaco mientras me preguntaba cosas generales como mi edad, dónde vivía, nombre, etcétera etcétera etcétera. Nos fuimos a caminar por ahí, y con toda la confianza del mundo sacó un paquete de lo que, en aquel entonces, me pareció orégano.
-¿Te asustas? -preguntó.
-No... ¿Por qué?
-Pues nomás... ¿Vámonos al cerro?
-Órale
Así que allá, viendo toda la "ciudad" (porque a la gente no le gusta que Santa Bárbara sea llamado pueblo) fue que probé por primera vez la chistosita. Obviamente tosí demasiado, se me pusieron los ojos demasiado rojos y, como hasta ahora sucede, casi me moría del sueño.
Me contó sobre la panadería que tenían sus papás, la casa extraña de color morado que estaba ubicada en el centro del pueblo y de cómo sus hermanas siempre lo andaban hostigando para que se portara bien. Desde lejos señaló un graffiti que decía "cerebro" y, según me dijo, se había organizado un concurso de graffitis donde no había resultado ganador.
Nos pusimos de acuerdo para vernos esa noche y probar una pistola de postas creo, y golpearle a los botes. Típico entretenimiento para los ebrios de rancho.
Me encaminó a mi casa y ante los ojos sorprendidos de mi prima, me dijo: "nos vemos en la noche".
Ella, la santurrona, me regañó. Me dijo que era un marihuano, loco, 'volado', etcétera etcétera. Así que esa noche me sacó a pasear con sus amigas "uñas por dentro" y sólo pude ver de lejos a Julio Salamanca con la pesada mochila en su espalda.
A veces me escapaba y fumábamos, pasábamos el rato con sus amigos mala-influencia que generalmente estaban detenidos. Era tan extraño, los veías un día, desaparecían, y tres días después te los topabas con la misma ropa. Eso significaba que los habían encerrado. Lo más gacho es que, al ser menores, los padres pueden ir por ellos. Pero nunca nadie los reclamaba. Creo que varios de ellos actualmente ya están muertos. Ni pedo.
Esas vacaciones fueron muy extrañas. Y jamás, mientras visité Santa Bárbara, volví a ver al Cerebro.
Sin embargo, generalmente me lo topaba en los lugares más inesperados.
Cuando estaba en el bachilleres y tendría unos 16 años, estaba yo hable, hable, hable, hable y hable en la parada del camión y un muchacho me miraba fijamente. Nos subimos al mismo autobús donde nos tocó irnos juntos, de pie. Ahí fue donde me dijo que él era Julio Salamanca. Platicamos un rato, nos dimos los celulares y nos despedimos. Obviamente nunca le llamé.
Luego, una noche que fui a Futurama, quince minutos antes de que cerraran (11.45 aprox) me lo topé comprando un refresco de uva.
-¡Hey Julio! ¡Qué sorpresa! ¿Qué haces aquí?
-¡hola que onda! Me vine a vivir con mi hermana por aquí... Ahorita me dio mucha sed y me vine a comprar este refresco... ¿Quieres?
-Claro!
Nos sentamos a compartir el refresco y a platicar un poco.
Y esa, fue la última vez que lo vi...
Tiempo después se topó a mi hermano en el baño de un antro y le preguntó por mí. Obviamente, mi hermano no le dio mi celular y jamás he vuelto a saber del tipo.
No sé por qué me acordé repentinamente de Julio Salamanca. No siento nada por él, nunca fue mi amigo y ni siquiera recuerdo su rostro. Supongo que hasta debe ser mi vecino y me mira todos los días por la ventana, pero yo ni siquiera lo noto.
Es una de esas personas de las que te acuerdas repentinamente, cuando andas en tus viajes. Así como ahorita que recordé al "loncheritas"... Pero esa, es otra historia...
Me pregunto dónde estará ahora, aunque lo más probable es que esté muerto, casado o en gringolandia... Como todos sus amigos...
Tendría unos 12 años de edad y eran las primeras vacaciones que pasaba sola en el pueblo de Santa Bárbara. Jamás llegué a pensar que, por la temporada, serían unas de las más aburridas, o al menos eso era lo que se esperaba. Es decir, en un pueblo católico, en días de Semana Santa, donde los chavos andan en Pascuas Juveniles y pendejadas de esas, obvio que una rara como yo no tendría cabida en ese lugar.
Llevaba cuatro días vagando sola por el pueblo y nada parecía importarme. En aquella época no disfrutaba los bailes de rancho con cumbias, rancheras y demás géneros agropecuarios.
Llegó el día del Via Crucis, yo en mi estado de puberta rebelde y antirreligiosa decidí quedarme en un puente mientras los demás andaban de morbosos viendo cómo golpeaban al imitador de aquel jipi, al que conocen como Jesús.
Unos veinte minutos después apareció un tipo raro con gorra al revés y en una pantalonera de botones, como las que se usaban antes. Muy sonriente me dijo adiós con el ademán de 'amor y paz'. Se veía amable así que le sonreí. Pasó de largo y unos minutos después volvió a cruzar.
"¿Por qué tan sola?", preguntó.
"No pues... nomás, no quiero ir al Via Crucis, qué hueva", respondí.
Se sentó a platicar y a fumar un tabaco mientras me preguntaba cosas generales como mi edad, dónde vivía, nombre, etcétera etcétera etcétera. Nos fuimos a caminar por ahí, y con toda la confianza del mundo sacó un paquete de lo que, en aquel entonces, me pareció orégano.
-¿Te asustas? -preguntó.
-No... ¿Por qué?
-Pues nomás... ¿Vámonos al cerro?
-Órale
Así que allá, viendo toda la "ciudad" (porque a la gente no le gusta que Santa Bárbara sea llamado pueblo) fue que probé por primera vez la chistosita. Obviamente tosí demasiado, se me pusieron los ojos demasiado rojos y, como hasta ahora sucede, casi me moría del sueño.
Me contó sobre la panadería que tenían sus papás, la casa extraña de color morado que estaba ubicada en el centro del pueblo y de cómo sus hermanas siempre lo andaban hostigando para que se portara bien. Desde lejos señaló un graffiti que decía "cerebro" y, según me dijo, se había organizado un concurso de graffitis donde no había resultado ganador.
Nos pusimos de acuerdo para vernos esa noche y probar una pistola de postas creo, y golpearle a los botes. Típico entretenimiento para los ebrios de rancho.
Me encaminó a mi casa y ante los ojos sorprendidos de mi prima, me dijo: "nos vemos en la noche".
Ella, la santurrona, me regañó. Me dijo que era un marihuano, loco, 'volado', etcétera etcétera. Así que esa noche me sacó a pasear con sus amigas "uñas por dentro" y sólo pude ver de lejos a Julio Salamanca con la pesada mochila en su espalda.
A veces me escapaba y fumábamos, pasábamos el rato con sus amigos mala-influencia que generalmente estaban detenidos. Era tan extraño, los veías un día, desaparecían, y tres días después te los topabas con la misma ropa. Eso significaba que los habían encerrado. Lo más gacho es que, al ser menores, los padres pueden ir por ellos. Pero nunca nadie los reclamaba. Creo que varios de ellos actualmente ya están muertos. Ni pedo.
Esas vacaciones fueron muy extrañas. Y jamás, mientras visité Santa Bárbara, volví a ver al Cerebro.
Sin embargo, generalmente me lo topaba en los lugares más inesperados.
Cuando estaba en el bachilleres y tendría unos 16 años, estaba yo hable, hable, hable, hable y hable en la parada del camión y un muchacho me miraba fijamente. Nos subimos al mismo autobús donde nos tocó irnos juntos, de pie. Ahí fue donde me dijo que él era Julio Salamanca. Platicamos un rato, nos dimos los celulares y nos despedimos. Obviamente nunca le llamé.
Luego, una noche que fui a Futurama, quince minutos antes de que cerraran (11.45 aprox) me lo topé comprando un refresco de uva.
-¡Hey Julio! ¡Qué sorpresa! ¿Qué haces aquí?
-¡hola que onda! Me vine a vivir con mi hermana por aquí... Ahorita me dio mucha sed y me vine a comprar este refresco... ¿Quieres?
-Claro!
Nos sentamos a compartir el refresco y a platicar un poco.
Y esa, fue la última vez que lo vi...
Tiempo después se topó a mi hermano en el baño de un antro y le preguntó por mí. Obviamente, mi hermano no le dio mi celular y jamás he vuelto a saber del tipo.
No sé por qué me acordé repentinamente de Julio Salamanca. No siento nada por él, nunca fue mi amigo y ni siquiera recuerdo su rostro. Supongo que hasta debe ser mi vecino y me mira todos los días por la ventana, pero yo ni siquiera lo noto.
Es una de esas personas de las que te acuerdas repentinamente, cuando andas en tus viajes. Así como ahorita que recordé al "loncheritas"... Pero esa, es otra historia...
Me pregunto dónde estará ahora, aunque lo más probable es que esté muerto, casado o en gringolandia... Como todos sus amigos...
Broadcast - Before we begin
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10.2.08
Verónica
.
Miguel dice que pienso mucho... Pero no lo veo como algo malo, al contrario, permite que mi mente siempre esté maquinando y así...
Sin embargo, también soy una persona que vive de recuerdos, ya sean tristes o felices y dicen que el pasado se debe quedar ahí, en el pasado. Olvidarlo. Enterrarlo. Pero no, el pasado es parte de mi vida y de alguna manera forma lo que soy.
La otra vez, maquinando recuerdos mientras estaba ebria, rumbo a las tortas del Cubano, me puse a remover el polvo de mi mente y a indagar en esos datos del archivo muerto de mi memoria, cuando me topé con un nombre que desencadenó toda una historia.
Verónica.
Conocí a Verónica en el primer año de secundaria. Era una chica alta, delgada, de cabello muy ondulado, negro, tez blanca, dientes y ojos grandes, labios carnosos, manos afiladas. No era bonita, pero me atrevo a decir que algún día hubiera podido llegar a convertirse en una muchacha muy guapa. Eso si no se hubiera muerto.
De eso me enteré hace unos años, mientras estaba en bachilleres. Me topé a otro camarada de la secundaria, nos saludamos con gusto y me dijo de manera precipitada: "¿Te acuerdas de Verónica? La que era tu amiga en la secundaria. Falleció hace dos meses. Le dio un derrame cerebral".
"Ay, me lo hubieras dicho con más tacto goey" le dije "... Pero sí, creo que sí estaba enferma. Jamás le creí".
Entonces, platicando con Miguel, le dije algunas cosas que se me vinieron a la mente y que me hicieron recordarla con tristeza.
Siempre me contaba historias que involucraban muchachos guapos. Me decía que jugaba a la semana inglesa con ellos además de otros juegos inocentes de coqueteo, como los que hacíamos en secundaria, esos que no pasaban de un beso de piquito en los labios.
En la secundaria lo que estaba de moda era pinteársela, y aquellas veces que salíamos temprano, lo genial era irse al centro a comer un raspado y jugar a las maquinitas de la Libertad. Ella me acompañó una sola vez, pues siempre tuvo miedo de su mamá.
"Yo sé que ella es capaz de hablar todos los días a la escuela para ver si salí temprano... Mejor ya me voy a la casa." Decía.
Su familia era muy rara. A veces me llamaba por teléfono y me contaba algunas cosas que le pasaban. Yo no sabía si creerle...
"Fíjate que hace un tiempo, cuando mi mamá no estaba casada, solía hacer fiestas en la casa. Una noche un amigo de ella intentó entrar a mi cuarto, estaba borracho. A mí me dio mucho miedo y no pude dormir en toda la noche... Ya me tengo que ir! Ya llegó mi abuela."
Era muy extraño la manera como la sobreprotegían. No la dejaban hablar por teléfono ni hablar con muchachos, cuando charlábamos por el fono siempre hablaba en voz muy bajita o me decía: "márcame, pero no podemos durar más de quince minutos hablando." A pesar de que siempre la tenían vigilada, yo no sentía que les importara realmente. Ella era hija de un señor con el que nunca estuvo casada su mamá.
Yo la recuerdo como una muchacha triste.
Un compañero de la secundaria me dijo: "se me hacía muy melancólica. Los profes la regañaban porque no llevaba jales. No me imagino qué pensaba o qué sentía, pero sí, me acuerdo de ella. Verónica Sosa."
Voyager de Daft Punk
Miguel dice que pienso mucho... Pero no lo veo como algo malo, al contrario, permite que mi mente siempre esté maquinando y así...
Sin embargo, también soy una persona que vive de recuerdos, ya sean tristes o felices y dicen que el pasado se debe quedar ahí, en el pasado. Olvidarlo. Enterrarlo. Pero no, el pasado es parte de mi vida y de alguna manera forma lo que soy.
La otra vez, maquinando recuerdos mientras estaba ebria, rumbo a las tortas del Cubano, me puse a remover el polvo de mi mente y a indagar en esos datos del archivo muerto de mi memoria, cuando me topé con un nombre que desencadenó toda una historia.
Verónica.
Conocí a Verónica en el primer año de secundaria. Era una chica alta, delgada, de cabello muy ondulado, negro, tez blanca, dientes y ojos grandes, labios carnosos, manos afiladas. No era bonita, pero me atrevo a decir que algún día hubiera podido llegar a convertirse en una muchacha muy guapa. Eso si no se hubiera muerto.
De eso me enteré hace unos años, mientras estaba en bachilleres. Me topé a otro camarada de la secundaria, nos saludamos con gusto y me dijo de manera precipitada: "¿Te acuerdas de Verónica? La que era tu amiga en la secundaria. Falleció hace dos meses. Le dio un derrame cerebral".
"Ay, me lo hubieras dicho con más tacto goey" le dije "... Pero sí, creo que sí estaba enferma. Jamás le creí".
Entonces, platicando con Miguel, le dije algunas cosas que se me vinieron a la mente y que me hicieron recordarla con tristeza.
Siempre me contaba historias que involucraban muchachos guapos. Me decía que jugaba a la semana inglesa con ellos además de otros juegos inocentes de coqueteo, como los que hacíamos en secundaria, esos que no pasaban de un beso de piquito en los labios.
En la secundaria lo que estaba de moda era pinteársela, y aquellas veces que salíamos temprano, lo genial era irse al centro a comer un raspado y jugar a las maquinitas de la Libertad. Ella me acompañó una sola vez, pues siempre tuvo miedo de su mamá.
"Yo sé que ella es capaz de hablar todos los días a la escuela para ver si salí temprano... Mejor ya me voy a la casa." Decía.
Su familia era muy rara. A veces me llamaba por teléfono y me contaba algunas cosas que le pasaban. Yo no sabía si creerle...
"Fíjate que hace un tiempo, cuando mi mamá no estaba casada, solía hacer fiestas en la casa. Una noche un amigo de ella intentó entrar a mi cuarto, estaba borracho. A mí me dio mucho miedo y no pude dormir en toda la noche... Ya me tengo que ir! Ya llegó mi abuela."
Era muy extraño la manera como la sobreprotegían. No la dejaban hablar por teléfono ni hablar con muchachos, cuando charlábamos por el fono siempre hablaba en voz muy bajita o me decía: "márcame, pero no podemos durar más de quince minutos hablando." A pesar de que siempre la tenían vigilada, yo no sentía que les importara realmente. Ella era hija de un señor con el que nunca estuvo casada su mamá.
Yo la recuerdo como una muchacha triste.
Un compañero de la secundaria me dijo: "se me hacía muy melancólica. Los profes la regañaban porque no llevaba jales. No me imagino qué pensaba o qué sentía, pero sí, me acuerdo de ella. Verónica Sosa."
Voyager de Daft Punk
15.9.07
un cuento más o menos decente
Para variar
A veces nuestras vidas suelen ser tan rutinarias que cada día parece sólo una pequeña variación del anterior. Así, día tras día, transcurre sin alteraciones la vida. Para variar decidí llamar a un amigo que de pronto dejó de serlo.
Los motivos que nos obligaron a distanciarnos fueron demasiados, muy complejos y ciertamente tristes, sin embargo ocurrieron hace tanto tiempo que actualmente resultan confusos. Siempre que deseo hacer el intento por revivir la relación entre viejas amistades, me dirijo a un diario para recordar el por qué dejamos de hablar. Tuve la tentación de acudir al registro esta vez, pero decidí evitarlo y olvidar los rencores. Sólo para variar.
Vacilé durante media hora antes de marcar su número. Pensé que lo había borrado pues durante más de tres años estorbaba en mi celular. Tomé un cuaderno para anotar lo que le diría, había pasado mucho tiempo... De acuerdo, no ha pasado tanto, en realidad lo veo todos los días, nuestras miradas se cruzan pero jamás nuestras palabras, ni siquiera por cortesía.
En cierta ocasión durante una fiesta él hizo el intento de hablar conmigo. No era el mejor momento. Me preguntó por qué había dejado de hablarle, sólo respondí: “porque sí”. Jamás volvimos a cruzar palabra.
Así que justamente hoy, aunque se escuche un poco cruel, he decidido hablarle para completar una tarea que implica salir de la rutina, o eso es lo que quisiera creer. A veces necesitamos pretextos para este tipo de situaciones que involucran al orgullo, para no sentirnos tan vulnerables.
Todo esto pensaba mientras veía su número reflejado en la pantalla del celular. Respiré profundo, puse música y me relajé. Me preparé para preguntar por él en caso de que contestara la hermana, la mamá, él o incluso el buzón de voz.
“¿Qué pasa si no está?”, me pregunté “Ni modo… ¿Y qué pasa si está? Le digo: hola, soy B… ¿sí sabes cuál? Sólo llamaba para decir hola y platicar… Sí, así, hablaremos de aquí a las 9:30 y le contaré algunas cosas nuevas que he hecho, hablaremos un poco de cómo está, la escuela y temas generales, luego le propondré hablar en persona. ¡Sí!, ya todo está bien.
Marqué a su casa y contestó su mamá, tan amable como siempre.
-¿Bueno?
-Buenas noches –le dije- ¿se encuentra A…?
-No, no se encuentra, sabes que se acaba de ir a ensayar y ya regresa muy noche, si gustas llámale al celular. ¿Quién le llama?
-Le habla B... Mmm… Es que, no tengo su número de celular, mejor déle el recado.
-¡Ah!, ahí te paso el celular. Espera un momento que no me lo sé… Listo, es el tal, tal.
-Muy bien, ¡muchas gracias! Hasta luego
“Estas cosas siempre resultan así, nunca como se les planea”, pensé. Ahora tuve que marcar al celular.
-¿Bueno? –contestó él-.
-Hola
-¡Hola!
-Habla B…
-¿Cuál Adriana? – confundió mi nombre –
-Eh… No, habla B…
-Ah –cambió su tono de voz, a uno más serio- qué onda.
-¿Sí sabes cuál B…?
-Sí, ¿y ese milagro?
-Pues… Ya ves… Sólo llamé para decirte hola.
-¡Hola! –exclamó él mientras se reía-.
-¡Hola! –reí junto con él-.
Luego hubo una breve pausa, en una fracción de segundo comencé a pensar en algunos momentos que pasé junto a él, también pensé que el orgullo no es más que un estorbo. Decidí hacerlo a un lado para recuperar esa vieja amistad.
-Seamos amigos otra vez – le expresé sinceramente.
-Nunca dejamos de ser amigos. Pero igual me da mucho gusto que hablemos nuevamente.
Fue una plática breve pero emotiva. Quedamos en vernos al día siguiente a las 3 de la tarde en la entrada de la escuela. Todo pintaba bien, algo nuevo habría de ocurrir y además de eso, recuperaría una amistad. Realmente había valido la pena salir de la rutina.
La siguiente tarde llegué a las 3:00 p.m. Mi amigo no solía demorarse, así que decidí ser también puntual. Llevé un cuaderno para relatar lo sucedido mientras esperaba. Pasaron diez minutos y aún no se presentaba. Comencé a preocuparme a los veinte y a la media hora fui perdiendo la esperanza.
Llegó la hora de ingresar al salón, esperé unos minutos más. “Quizás equivoqué la hora, quizás la equivocó él, pudo haber tenido un accidente, se le ponchó la llanta al tren” Pensé tratando de justificar las circunstancias. No lo vi el resto de la tarde. Le llamé al celular pero nadie contestó. Mi semblante cambió, dejé de sentir tristeza y preferí tomar una actitud de indiferencia, si al día siguiente me habla, cualquier pretexto que invente no será válido y ya no tendrá importancia. Dicen que los errores de los amigos se deben escribir en la arena… Dicen.
“Pues qué mal, tal vez debí recordar por qué dejamos de hablarnos”, pensé. Tomé un cuaderno, anoté la fecha y la frase “Hoy A… me dejó plantada”.
A veces nuestras vidas suelen ser tan rutinarias que cada día parece sólo una pequeña variación del anterior. Así, día tras día, transcurre sin alteraciones la vida. Para variar decidí llamar a un amigo que de pronto dejó de serlo.
Los motivos que nos obligaron a distanciarnos fueron demasiados, muy complejos y ciertamente tristes, sin embargo ocurrieron hace tanto tiempo que actualmente resultan confusos. Siempre que deseo hacer el intento por revivir la relación entre viejas amistades, me dirijo a un diario para recordar el por qué dejamos de hablar. Tuve la tentación de acudir al registro esta vez, pero decidí evitarlo y olvidar los rencores. Sólo para variar.
Vacilé durante media hora antes de marcar su número. Pensé que lo había borrado pues durante más de tres años estorbaba en mi celular. Tomé un cuaderno para anotar lo que le diría, había pasado mucho tiempo... De acuerdo, no ha pasado tanto, en realidad lo veo todos los días, nuestras miradas se cruzan pero jamás nuestras palabras, ni siquiera por cortesía.
En cierta ocasión durante una fiesta él hizo el intento de hablar conmigo. No era el mejor momento. Me preguntó por qué había dejado de hablarle, sólo respondí: “porque sí”. Jamás volvimos a cruzar palabra.
Así que justamente hoy, aunque se escuche un poco cruel, he decidido hablarle para completar una tarea que implica salir de la rutina, o eso es lo que quisiera creer. A veces necesitamos pretextos para este tipo de situaciones que involucran al orgullo, para no sentirnos tan vulnerables.
Todo esto pensaba mientras veía su número reflejado en la pantalla del celular. Respiré profundo, puse música y me relajé. Me preparé para preguntar por él en caso de que contestara la hermana, la mamá, él o incluso el buzón de voz.
“¿Qué pasa si no está?”, me pregunté “Ni modo… ¿Y qué pasa si está? Le digo: hola, soy B… ¿sí sabes cuál? Sólo llamaba para decir hola y platicar… Sí, así, hablaremos de aquí a las 9:30 y le contaré algunas cosas nuevas que he hecho, hablaremos un poco de cómo está, la escuela y temas generales, luego le propondré hablar en persona. ¡Sí!, ya todo está bien.
Marqué a su casa y contestó su mamá, tan amable como siempre.
-¿Bueno?
-Buenas noches –le dije- ¿se encuentra A…?
-No, no se encuentra, sabes que se acaba de ir a ensayar y ya regresa muy noche, si gustas llámale al celular. ¿Quién le llama?
-Le habla B... Mmm… Es que, no tengo su número de celular, mejor déle el recado.
-¡Ah!, ahí te paso el celular. Espera un momento que no me lo sé… Listo, es el tal, tal.
-Muy bien, ¡muchas gracias! Hasta luego
“Estas cosas siempre resultan así, nunca como se les planea”, pensé. Ahora tuve que marcar al celular.
-¿Bueno? –contestó él-.
-Hola
-¡Hola!
-Habla B…
-¿Cuál Adriana? – confundió mi nombre –
-Eh… No, habla B…
-Ah –cambió su tono de voz, a uno más serio- qué onda.
-¿Sí sabes cuál B…?
-Sí, ¿y ese milagro?
-Pues… Ya ves… Sólo llamé para decirte hola.
-¡Hola! –exclamó él mientras se reía-.
-¡Hola! –reí junto con él-.
Luego hubo una breve pausa, en una fracción de segundo comencé a pensar en algunos momentos que pasé junto a él, también pensé que el orgullo no es más que un estorbo. Decidí hacerlo a un lado para recuperar esa vieja amistad.
-Seamos amigos otra vez – le expresé sinceramente.
-Nunca dejamos de ser amigos. Pero igual me da mucho gusto que hablemos nuevamente.
Fue una plática breve pero emotiva. Quedamos en vernos al día siguiente a las 3 de la tarde en la entrada de la escuela. Todo pintaba bien, algo nuevo habría de ocurrir y además de eso, recuperaría una amistad. Realmente había valido la pena salir de la rutina.
La siguiente tarde llegué a las 3:00 p.m. Mi amigo no solía demorarse, así que decidí ser también puntual. Llevé un cuaderno para relatar lo sucedido mientras esperaba. Pasaron diez minutos y aún no se presentaba. Comencé a preocuparme a los veinte y a la media hora fui perdiendo la esperanza.
Llegó la hora de ingresar al salón, esperé unos minutos más. “Quizás equivoqué la hora, quizás la equivocó él, pudo haber tenido un accidente, se le ponchó la llanta al tren” Pensé tratando de justificar las circunstancias. No lo vi el resto de la tarde. Le llamé al celular pero nadie contestó. Mi semblante cambió, dejé de sentir tristeza y preferí tomar una actitud de indiferencia, si al día siguiente me habla, cualquier pretexto que invente no será válido y ya no tendrá importancia. Dicen que los errores de los amigos se deben escribir en la arena… Dicen.
“Pues qué mal, tal vez debí recordar por qué dejamos de hablarnos”, pensé. Tomé un cuaderno, anoté la fecha y la frase “Hoy A… me dejó plantada”.
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