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25.1.14

Un padre carpintero, una hija lectora.

Creo que una de las mejores cosas que tengo en la vida, es el oficio de mi papá, quien además de trabajar en una biblioteca, se dedica a la carpintería. Así que nada más vengo acá a Internet a presumir el contenido del nuevo regalito que me hizo nomás por leer mucho: un nuevo librero.


Ahí pude, finalmente, poner mi colección del poeta favorito de todos los críticos literarios y las mujeres: el Bukowski.




Yo sé que, además, envidian mi gran colección de novelas de Luis Spota... Nombre, rete chingón ese wey, y pura calidad para todos los críticos literarios.


También tengo algunos libros que serán motivo de envidia para investigadores literarios y educativos, entre ellos algunos de Paulo Freire, Emilia Ferreiro, Baudrilard, Jaime Labastida y Edgar Morin.


Éste sí les dará buena envidia: El ruido y la furia, de William Faulkner...



Y finalmente, mi pequeña colección de juegos para mi consola de Super Nintendo... Yeeeiii!! 


Ahí va el librerito, nomás que me dio flojera :P jaja no le pude tomar foto de frente porque tengo un desmadre (para variar) en mi cuarto.


Muchas gracias a mi papá... es bien chido...



1.4.13

Los valientes no asesinan.

Quien tiene la palabra, tiene el poder. Muchos filósofos contemporáneos -y otros no tanto- hablan acerca del discurso y sus relaciones con el poder. Actualmente, hemos visto cómo los grupos de narcotráfico manifiestan este dominio colocando mantas con mensajes sangrantes, y el gobierno, al menos en el sexenio anterior, intentaba restaurar el discurso de tranquilidad y orden con sus comerciales de "Vivir mejor" y lo de "trabajamos para que tus hijos puedan salir a la calle" o "sacar a tus hijos de la calle", ya no recuerdo. Y luego, cómo para perder el miedo a la situación, vienen los discursos de burla ante tanta violencia o las críticas al mal gobierno. Se dispersaba un poco la atención, pero es cierto que la paz nunca era restaurada. Inútiles resultaron los intentos de tranquilizar a la ciudadanía, pues los mensajes de las narcomantas demostraban haber hecho más profunda su marca en la memoria colectiva. Impusieron su discurso y, por lo tanto, su poder.

Uno de los ejemplos históricos más emocionantes acerca de la palabra y el poder, fue allá en la época de Benito Juárez y las Leyes de Reforma, cuando éste se la pasaba huyendo por aquello de los enfrentamientos entre Liberales y Conservadores.

Resulta que el entonces presidente Juárez, había trasladado su gobierno a la ciudad de Guadalajara, donde el Tribunal de Justicia se acondicionó para recibirlo. Acababa de llegar a sus manos la noticia de una derrota en la batalla de Salamanca y se encontraban muy apesadumbrados. Supusieron que muchos de sus aliados también lo estarían, y siendo Benito Juárez aún el presidente oficial de nuestra nación, decidió redactar un mensaje de tranquilidad al país, y para ello se reunió con sus allegados en una salita de juntas de dicho Tribunal. Lo que ocurrió después, ninguno se lo tenía esperado. Resulta que, según recuerdo, fueron traicionados por el propio ejército que supuestamente los cuidaba en ese lugar (pinchis jalisciences, siempre del lado de la iglesia) y entró un "comando armado" al Tribunal de Justicia para terminar de una vez con la vida de Benito Juárez. Según Guillermo Prieto, -el que mejor describe lo ocurrido ese día porque estuvo ahí-, exclamó que Benito Juárez siempre se mantuvo sereno y que cuando el general Filomeno Bravo dio la orden de fusilarlo, éste permaneció dignamente en pie. No sabemos si fue cierto, pero igual podríamos tomar como ciertas sus palabras, porque generalmente, quienes escriben la historia, son los que dominaron la guerra y el discurso. Pero bueno, volviendo a la historia, Filomeno Bravo estaba dando la orden de que sus soldados se pusieran en posición para fusilar a Benito Juárez, y Guillermo Prieto narra a continuación:

Aquella terrible columna, con sus armas cargadas hizo alto frente a la puerta del cuarto... y sin más espera y sin saber quién daba las voces de mando, oímos distintamente: "¡Al hombro! ¡Presenten! Preparen! ¡ Apunten!..." 
Como tengo dicho el señor Juárez estaba en la puerta del cuarto; a la vez de "apunten", se asió del pestillo de la puerta, hizo hacia atrás su cabeza y esperó... 
Los rostros feroces de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba a Juárez... yo no sé... se apoderó de mí algo de vértigo o de cosa de que no me puedo dar cuenta... Rápido como el pensamiento, tomé al señor Juárez de la ropa, lo puse a mi espalda, lo cubrí con mi cuerpo... abrí mis brazos... y ahogando la voz de "fuego" que tronaba en aquel instante, grité: "¡Levanten esas armas!, ¡levanten esas armas!, ¡los valientes no asesinan...!" y hablé, hablé, yo no sé qué hablaba en mí que me ponía alto y poderoso, y veía entre una nube de sangre, pequeño todo lo que me rodeaba; sentía que lo subyugaba, que desbarataba el peligro, que lo tenía a mis pies... Repito que yo hablaba, y no puedo darme cuenta de lo que dije... a medida que mi voz sonaba, la actitud de los soldados cambiaba... un viejo de barbas canas que tenía al frente, y con quien me encaré diciéndole: "¿Quieren sangre? ¡Bébanse la mía...!" alzó el fusil... los otros hicieron lo mismo... Entonces vitoreé a Jalisco. 
Los soldados lloraban, protestando que no nos matarían y así se retiraron como por encanto... Bravo se pone de nuestro lado. Juárez se abrazó de mí... mis compañeros me rodeaban, llamándome su salvador y salvador de la Reforma... mi corazón estalló en una tempestad de lágrimas.
Gracias a Guillermo Prieto, Juárez salvó la vida. De hecho, ha sido de los pocos personajes históricos de aquella época tumultuosa que murió en la paz de su cama. Prieto también murió de viejo, en Tacubaya. A ambos los salvaron las palabras.

Esta historia la leí cuando estudiaba primaria, venía en uno de los libros de lecturas de aquel entonces que tenían historias tan maravillosas como "Francisca y la muerte" o "El leve Pedro". Sólo que en esa época yo no estaba tan inmiscuida en la importancia del lenguaje. No fue sino hasta que trabajé en Atención Telefónica, vendiendo engañosos planes tarifarios a personas que trabajaban en la maquila, me di cuenta del poder que tiene el discurso. Trabajar cuatro horas diarias durante todos los días, repitiendo el mismo guión en cada llamada, me dio la facultad de observar cómo cada palabra cuenta. Resulta que cambiando sólo algunas expresiones y demás, podía hacer una llamada perfecta, pero sin obligarlos a que compraran un plan tarifario. Había veces que me fallaba, y téngale, terminaba vendiendo uno. Pero luego hacía algunas tranzas como llenar mal la forma para que el equipo jamás llegara a sus manos y, por lo tanto, jamás se llevara a cabo el contrato. Es extraño, lo sé, sobre todo porque generalmente los vendedores buscan vender esos planes. Afortunadamente, yo no trabajaba por comisión.

El pedo con el discurso es, pues, dominarlo. Si dominas el lenguaje, puedes tener poder sobre todo lo que te rodea. Sin embargo, así como hay palabras de las que todos podemos hacer uso, unos más encuentran palabras prohibidas, y muy probablemente también tengan un poco limitado el poder en su discurso. Para algunas personas son las majaderías o con asuntos sexuales, los albures son un código más secreto y las referencias rimbombantes todavía menos accesibles para otra cantidad de personas. Pero a mí me extrañaba especialmente en un amigo, que tenía su propia palabra innombrable, y no precisamente referida a un objeto, sino a una persona. Nadie podía decir nunca el nombre de ella porque éste emanaba una malvibrosa incomodidad. Me pregunto qué pasaría si él, de pronto, decidiera nombrarla y, de esa forma, ir desgastando poco a poco su presencia.

Se dice que cuando uno nombra algo, lo posee. Las personas de la antigüedad comenzaron a nombrar las cosas para poder poseerlas, el mismo Adán en la Biblia, tiene la capacidad de nombrar las cosas para sentirlas más suyas. Por eso dicen que cuando tienes un problema, debes hablarlo, soltarlo, y de esa forma, si bien será más tuyo, poco a poco se irá desgastando. Como cuando repites una palabra tantas veces que pierde sentido. Así debería ser con los recuerdos dolorosos y las palabras que no queremos evocar.

Hay gente que intenta sepultar de golpe sus recuerdos, asesinarlos, pero no se dan cuenta que permanecen largo tiempo en su memoria, como la culpa ante un homicidio.

Es cierto, los valientes no asesinan sus recuerdos. Los nombran y los aceptan suyos. Los nombran tantas veces hasta que, poco a poco, sean cubiertos de olvido.

30.3.13

Beach House

De que existe una literatura femenina, yo considero que sí. No hay duda. Esto no significa que todas las morras escribamos literatura femenina, y la verdad, no sé qué tan posible sea que un hombre pueda escribir esta clase de textos. Dejando de lado que conocen los asuntos de crítica literaria posmoderna y la madre, creo que es mejor explicar qué se llama Literatura Femenina (o al menos lo que creo que es)... esto de la Literatura Femenina surgió por una especie de crítica al canon establecido (el canon establecido son las novelas que representan una época), en el que las voces feministas levantaron su queja de: "¿por qué no hay casi mujeres en el canon literario, cuando sí existieron escritoras?" y Harold Bloom, con palabras más refinadas, les responde: "es que no valen madre como escritoras, con sus honrosas excepciones". Y luego ya, surgió una crítica donde las mujeres, al vivir circunstancias sociales distintas a las masculinas, con todos estos patines de exclusión y crianza "femenina", justificaron que la escritura femenina, no es cierto que sea pésima, sólo incomprendida. Bueno, yo no estoy segura de eso, realmente muchas escritoras no me llenan en su manera de escribir, así como muchos hombres también escriben para la chingada, y con todo, son publicados por RandomHouse Mondadori. El problema aquí, me lo vino a revelar el meco del Bukowski en su novela Mujeres, donde una tipa le enseñó la novela que estaba escribiendo, a lo que él piensa:

"Glendoline sacó su novela y empezó a leernosla. No era del todo mala, pero era muy poco profesional y necesitaba mucha corrección. Glendoline suponía que el lector tenía que quedarse tan fascinado con su vida como ella misma lo estaba".

Viniendo de un wey que también, muchas de sus novelas las escribe como si todos nos fascináramos con las morras a las que se tira o las pendejadas que hace, pues es cierto: no a todos nos interesa lo que pasa en tu vida, ni lo que quieras escribir de ella. El patín con el Bukowski, es que metía mucho sexo y detalles morbosos que, igual no eran para nada de gran valor literario, pero procuraban que el lector se mantuviera pegado a la novela hasta el final.

Entonces, esta realidad impera en todas las redes sociales, llámese Facebook, Twitter, Instagram y el abandonado Google +... Es decir, por eso no les dan "like" a sus estados ni "favorito" o "retuitear" a sus pendejadas en tuiter. Porque son tan personales que a nadie le importan. Con la excepción de los tuitstars que, vale, pues siempre habrá alguien que les haga creer que alguna pendejada que digan es importante, nomás por ser ellos y no por el valor de lo que ponen. Es como si Borges dijera: "abajo el gobierno" y luego un wey sin jale, hippie, dijera: "abajo el gobierno". La cosa cambia.

Pero en fin, en este blog, que es más bien personal, yo no vine a contarles cosas que les interesen, sino que vengo a descargar todas mis cursilerías femeninas. Esta semana he estado reflexionando mucho sobre los recuerdos que se manejan en espiral y cómo la vida, al igual que las estaciones, son un ciclo con pequeñas derivadas a lo largo de su desarrollo. Hace aproximadamente un año yo estaba en Mérida, escuchaba Black Keys y Beach House... Y mientras estaba sentada, viendo la primavera por la ventana, recordé esas canciones de Beach House que siempre me recordaron a alguien, que estaban ahí como constante de que estaba tomando una mala decisión, de que debía seguir escuchando Beach House y que, cuando encontrara alguien a quien dedicarle una de esas canciones, sería alguien maravilloso. Pues vale, ya van dos canciones que le dedico a esa persona. Más bien como tres... Una fue hace casi exactamente un año: Lover of mine... Y después, la canción Take Care, sentía que debía dedicársela a alguien, pero dudaba montones... No lo hice... Y me di cuenta que, cuando le dedicara esa canción a alguien, sería alguien maravilloso...

Bien, siento que es el momento.

Yo sé que no les interesa lo que recuerdo, porque los recuerdos son míos y nada más. Pero igual, es interesante recordar cosas, y tener la certeza de que estás a punto de olvidar otras. No sé si sea algo feliz o algo triste. Por lo pronto, es primavera... Luego verano, después otoño e invierno... Y primavera otra vez.