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9.11.12

Canciones de Luis Miguel para Memo y Gaby

Hola otra vez! Fíjense, queridísimos lectores no habituales, que tengo varias semanas escribiendo un chingo. Me da mucha alegría. Llevo algunos escritos publicados en el periódico, cuentos arreglados y demás. No sé a qué se deba, tal vez a partir de mi regreso de Tijuana y mi convivencia con ciertas personitas que escriben y me motivan a hacerlo también :)
En fin, aprovechando que en mi blog tengo algunos cuentos y demás, pues los estoy reeditando y dándoles una nueva dimensión. Ahora le tocó a una historia que hace muchos años, (en el 2009, para ser precisa) le escribí a una amiga del De Efe, que estaba batallando con esas cuestiones de pareja y embarazos no planeados que tanto agobian a las personas actualmente. Se llamaba algo así, canciones de Luis Miguel para Raúl y Gaby (le cambié el nombre sólo a él, para que no hubiera ofensas) pero ahora, la historia quedó tan medianamente bonita (no es humildad simulada, es que tengo que hacerle unas cuantas ediciones) que he decidido compartirla. El día de ayer, jueves 08 de noviembre, tuve mi última mesa de lectura en la facultad, y con una ronquera eterna, presenté el cuento que ahora les comparto, espero puedan disfrutarlo.

Aquí está la entrada original:

http://pollitoaventuras.blogspot.mx/2009/02/luis-miguel-y-sus-rolas-con-historias.html


Y acá, les dejo el cuento :)

Canciones de Luis Miguel para Memo y Gaby.

Gabriela y Memo se han jurado amor eterno. Como si fueran argumento de una cursi novela rosa, mezclada con un cuento adolescente de José Agustín, saltaron la reja del Espacio Escultórico en Ciudad Universitaria. Eran las dos de la madrugada, y frente al esmog, las estrellas mercuriales y el océano de roca volcánica, sellaron su pacto infinito. Se sintieron granos de arena, estrellas de galaxias remotas, el Distrito Federal. Se habían sacado la lotería y el premio fue la Juventud, Divino Tesoro.

Viviendo esas circunstancias, hasta lo eterno parece pequeño. A veces olvidamos que somos seres finitos y poco sabemos de la eternidad. Para nosotros, lo perpetuo es la fila del banco en día de pago, un viaje en carretera, morir quemados. El mismo Dios cristiano ignora la infinitud.

Para Gabriela y Memo, el amor infinito les hubiera durado un año, tal vez dos. Aunque las cuestiones de elasticidad temporal, influidas por el vientre comprometido de ella, provocaron que su película romántica tuviera continuación.

Memo estaba fascinado. Quién iba a pensar que aquello, que generalmente terminaba en el papel sanitario, iba a producir un nuevo ser: su hijo... Qué extraña palabra, "hijo". ¿Qué se sentiría tener uno, cargarlo, abrazarlo, dormirlo? Gabriela, por otro lado, cargaba con sus propias transformaciones: cuestiones hormonales que luego se volvían emocionales, náuseas que terminaban en vómitos, antojos en kilos de más. Guillermo bien podía pasar el embarazo desentrañando el milagro de la vida, pero el cuerpo de ella pagaba todas las consecuencias del producto: pies inflamados, estrías, caída de cabello, dolores de espalda, aumento de peso, ganas constantes de orinar, los padres enojados, los problemas que no la dejan dormir, la almohada llena de lágrimas, el rostro demacrado...

Con el nacimiento del niño los problemas se incrementarían, porque hasta el impacto de sentirse siembra provechosa se desvanece con el invierno. La responsabilidad por el cuidado de otra vida, implica, muchas veces, el abandono de la propia. Al menos esto ocurrió con Gabriela. Su situación poco a poco estuvo transformada en una tragedia telenovelesca. Por un lado, los padres, por el otro, sus niños: Raúl y Guillermo. El primero, con exigencias propias de los recién nacidos; el segundo, negándose a dejar la vida juvenil.

Cuando no estaba cuidando a Raúl, Gabriela se la pasaba maquinando decepciones. "Esto ya está valiendo madre, no sé ni qué hacer con Memo... Podría intentar sacar adelante a mi hijo yo sola, como muchas mujeres, no sería la única... O podría esperar a que cambie, tal vez cambie por mí, tal vez si me tranquilizo y espero, se dé cuenta que soy como la de la canción de Luis Miguel, la incondicional, la que no espera nada... La que no supo amar... Y tal vez quiera estar ahora sí con nosotros."

Pero las mujeres, bipolares por naturaleza, poco pueden hacer en la eterna lucha entre razón y corazón. Las vísceras le ganaban. "¡Dejaré pues todo! ¡Nos vamos mijo y yo! No volveré a pedirle una sola cosa, ni su cariño, ni su apoyo, ni nada. ¡No lo necesito! Voy a devolver el refri, la estufa que saqué en abonos, no volveré a permitir que me ignore como lo hace hasta hoy. Ya no voy a aguantar sus vicios, sus descuidos... Y si prefiere a sus amigos, ¡pues que se haga joto!

Sus manos se transformaban en embudos de tornado que arrasaban los cajones. Saciaba sus necesidades histriónicas durante algunos minutos, y luego, con una voluntad arrepentida, se sentaba a llorar.

"Es que Memo es el padre de mi hijo. Nos une algo importante. Y a pesar de todo, lo quiero. Tal vez espero demasiado de él. Desde que lo conozco, siempre ha sido así: irresponsable. No puedo hacerlo cambiar."

Una noche tuvieron una fuerte pelea porque él quería conseguir trabajo nocturno, pero Gabriela le reclamó que de seguro lo hacía para no llegar a la casa y evitar responsabilidades importantes, como ir a registrar al niño. "Que lo hagan tus papás, son los que más chingan con eso". Gabriela tenía un corazón de granada, y Guillermo acababa de quitar el seguro. En los siguientes minutos, se dijeron todo lo que tenían que decirse. El amor eterno, había llegado a su fin.

Y es entonces, en la desoladora visión del final cuando ya todo está perdido, que la calma regresa otra vez. "Gabriela... ¿Qué vamos a hacer? Ya ni siquiera podemos estar juntos".

Memo comenzó a guardar su ropa en una bolsa, listo para marcharse. Gabriela lo detuvo, le dijo: "Memo, no te vayas esta noche, es muy tarde y no llevas suficiente dinero".

Él no sabía si quedarse o largarse de una vez. En momentos donde no se puede hacer una elección y sólo existen dos alternativas, lo mejor es dejarlo al azar del lanzamiento de una moneda. Decidieron la suerte: si caía sello, se quedaba, si caía águila, se iba, no la atraparían en sus manos, dejarían que cayera al suelo. Por primera vez en mucho tiempo, estaban de acuerdo en algo.

Y así, la moneda con 11 gramos de masa se elevó en el aire siguiendo una trayectoria de tiro parabólico con inclinación de 37 grados llevando una velocidad constante de .85 m/s, sin resistencia del aire y sujeto a un campo gravitatorio uniforme de 9.81 m/s2 de caída libre, chocando contra el suelo a una fuerza de 107.91 Newton...

Sin embargo, el choque se produjo con la orilla del canto lo que la hizo rodar en un semi círculo y llevar una trayectoria con dirección a la puerta y luego a la cocina, continuar recargada sobre uno del os bordes de la pared y que más tarde encontraría su camino en la hendidura que dejaba la bisagra de la puerta.

La siguieron hasta la cochera, se sintieron tentados a pisarla para que se detuviera de una vez, pero no lo hicieron, permanecieron fieles a su acuerdo, y la moneda siguió su curso. Adquirió velocidad con la rampa de entrada del auto y siguió hasta la calle donde la perdieron la vista... Ahí continuó un buen rato más su destino, demostrando que aún una moneda, encontrándose dentro de la vida, tiene más de dos alternativas. Y ese extraño misterio de posibilidades cuánticas, ni siquiera la física puede explicarlo.



Fin :)

16.12.11

Miedo, es lo que debe tener el cielo...

Pude ver al miedo de frente, a través de unos ojos esquivos que tenían miedo a llorar, la voz quebrada por el miedo a decir algo mal, las manos trémulas como quien padece la enfermedad parkinsoniana... Fue en ese momento cuando sentí un vacío aterrador. La abrumadora soledad, de quien se encuentra perdido en una ciudad que no conoce, me cayó de golpe y estalló en mi vientre... Y tuve miedo de admitir que también tenía miedo... El terror de perder a alguien que se había incrustado en tus huesos como esas placas de metal, que si las arrancas te quiebran el fémur y piensas que no volverás a caminar. Temí convertirme en un "one hit wonder" noventero para destinarme al olvido... Y lo peor de todo: me dio miedo lanzar mi corazón a la licuadora para luego tomarlo, molido entre mis manos, y volverlo a colocar en el hueco de mi pecho, fingir que todo está bien, que late con la misma intensidad que antes, que no está ahogado y desmadrado, y hacer como que no me duele en las noches...

Ahora que el sufrimiento es verdaderamente inevitable, ya no estoy asustada... Pero duele. Duele más que un perro abandonado por su familia en la carretera. Pero, ¿qué le voy a hacer? Es triste haber vivido con la ilusión de convertirte en la obra predilecta de un artista, y luego ser un boceto desechado. Es triste que las palabras de amor en una carta no trasciendan más allá del papel. Es triste lo que la gente promete cuando se quiere... Creer que eres "the one", y luego vivir con el corazón masticado porque "dice mi mamá que siempre no"...

...

No lo sabes, pero hubo una temporada en la que estuve manejando por la carretera, todas las mañanas lloraba escuchando esas estúpidas canciones de Interpol. Era muy infeliz a tu lado, y tú también, por eso ya no nos veíamos nunca, por eso conocí a alguien más y me dejé llevar... pensé que el problema eras tú, pero la verdad es que nadie como tú me ha entendido cuando peor me he sentido. Ni siquiera él. Pensé que con alguien más iba a estar mejor, que iba a ser feliz para siempre, pero para siempre es mucho tiempo, y el problema no son los demás, soy yo...

Oh no, you try
You fly straight into my heart
You fly straight into my heart
Girl, I know you try
You fly straight into my heart
You fly straight into my heart
But here comes the fall...

¿Sabes? La otra vez escuché la canción de Read my mind. Y fue inevitable el torrente de recuerdos y la nostalgia, la tristeza, la melancolía... Me acordé de nosotros... Más que acordarme de nosotros, se me vino a la mente que fue ésa la canción que marcó nuestras vidas. Antes era la canción que nos unía, cuando yo te cantaba "can you read my mind?" tenía la certeza de que sí, que podías leer mi mente... después fue la canción que nos destrozó para siempre, en esa terrible noche donde todos los demonios que tenía guardados surgieron y lo eché todo a perder. Y a partir de ese momento he ido por la vida echando todo a perder. Entonces esa canción me recuerda constantemente que no soy capaz de ser feliz, que todo lo que llega a mis manos debo estarlo convirtiendo en mierda para que mi vida siga funcionando.

-Extrañamente, ahora que lo pienso, todo evento desastroso tiene como antecedente un vaso o una bebida caída. Ya van dos veces, pero nada más una te tocó vivir.-

Como esa canción, te acuerdas? Destroy everything you touch. Y así seguiré siendo. Ni tú ni nadie nadie puede cambiarme. Hasta hace unos días sólo recordaba lo malo de nuestra relación, como aquella vez que te dije que eras como Chayo y que ya no podía confiar en ti. La verdad el problema nunca fuiste tú, siempre lo he sido y seguiré siendo yo. Y hoy más que nunca lo odio (pinche cabrón culero mal nacido) y me detesto por haber sido tan ingenua... Soy como esa canción con la que he tenido tanto miedo de identificarme, soy como todas esas canciones de porquería, destruidas, soy como Quiero que me trates suavemente, como Not Even Jail, como Insight, como Pace is the trick, como esas horribles canciones que Bob Dylan le dedicó a Eddie Sedgwick. Y no entiendo, intento estar bien, pero no puedo dejar pasar una mínima oportunidad para echarlo todo a perder, para destruirlo todo y destruir a quienes me rodean. Cambiarles el agua por un trago amargo. Tarde o temprano, hasta los alcohólicos se cansan del alcohol... Y aún me pregunto cómo es que la gente puede olvidarme fácilmente. Lo mejor sería enterrarme para que puedan plantar sobre mí algo mejor. Y yo, ingenuamente creo que aún hay vacíos que no se pueden llenar. Todo es reemplazable. Todo. Hasta yo.


No queda de otra. Tanto lo estuve evitando que me ha llegado de golpe. Y este dolor se aloja en la boca del estómago, en la garganta, detrás de los ojos... Alguien dijo que el llanto es un animal oportunista que vive detrás de los ojos... Quiero desaparecer completamente, tal vez de esa forma desaparezca el dolor que vengo cargando, como a mi hijo más querido.

Todavía tengo miedo. Tengo miedo de ser feliz y que, otra vez, no pueda manejarlo... Pero, sabes? Aún no pierdo la esperanza...

27.10.11

Alumbramiento

Ella puso el corazón en la comida: tristeza sanguinolenta en un caldo deshecho.

Pasar treinta años de tu vida con una persona, para luego advertir, mientras ves un noticiero, que no amas a la persona con la que estás, con la que has dormido la mayor parte de las noches, que le escuchas roncar y te hiede al despertar. Que es vieja como zapato de segunda, monótona como infomercial, de carne pantanosa, piel amarilla, dientes de piedra gastada y manos de corteza. Qué locura. Todo mundo te advierte que en cualquier segundo puedes perder la vida, pero jamás te enseñan que, en cualquier momento, también puedes morir y seguir viviendo. O mejor dicho, vivir y estar muriendo. Que en cualquier momento se te descose la vida intentando repararla con retazos de felicidad. Creen que un acomodo de las funciones vitales es suficiente para la llamada "vida".

Ella me ha dado la vida varias veces. Ahora me ha tocado a mí parir su dolor. Río cuando llora, río cuando ríe, la abrazo cuando siente que no tiene nada más que su triste piel que la acaricie. Y lloro cuando no me ve... Acomodaré sus confidencias una a una en mi garganta, las ahogaré en mi estómago venenoso. Le diré: te quiero...

Aunque no sea de mí de quien espera escucharlo.

20.6.11

Putas

Putas. Putas. Las mujeres adoran decirse putas. Entre morras, es el insulto preferido y que con más saña dicen: "PUH-TA"... Presión fuerte en el "pu", chasquido de la lengua en el "ta". Nomás por ser promiscuas ya son putas. Pero no saben que en realidad las putas son prostitutas, sexoservidoras, meretrices, nada que ellas confunden con el libertinaje sexual o la suerte con los muchachos, o cambiar de novios a cada rato, o disfrutar de su cuerpo y sus goces, o usar faldas cortas o lo que sea. Hace poco hubo una marcha en favor de las "putas", porque las mujeres están cansadas de que en las calles los hombres les digan piropos, obscenidades por la ropa que usan, también abogaban por tener libertad a la hora de decidir sobre si realizar o no el acto sexual. Por favor, ni siquiera al exigir su libertad sexual son putas. Y el epíteto fue elegido por mero sarcasmo pero creo que entre mujeres se llaman más de esa forma... Y lo seguirán haciendo... La prostitución es un trabajo, implica dinero a cambio, a veces ni siquiera pueden decidir sobre con quién tener sexo porque, como cualquier trabajo, es una mera obligación. ¿Y quién no ha sido llamada puta? También yo. Todas injustamente. Y la única vez que en verdad me he sentido como tal, nadie me lo dijo, sólo el dinero. Una ocasión, finalizado el acto sexual, me dieron cien pesos y me dejaron a la buena de dios en la calle. Quería quedarme con 60 pesos para al menos disfrutar el dinero, pero el dolor físico y sentimental era tan grande que preferí pagarme un taxi de regreso y unas pastillas que me impedirían cualquier mala sorpresa. A veces una se pregunta cómo se puede ser tan estúpida por una idea errónea del amor a los 17 años. Síganse pues llamando putas. Yo pienso que son unas pendejas.


Por cierto, todo lo anterior, era sarcasmo.

22.7.10

Samantha

Los dejavu siempre me han impresionado sobremanera. No me siento especial por ello... no. Ya muchas culturas, religiones y hasta directores de Hollywood les han dado su propia interpretación.

Cierta vez un amigo me explicó que en una de esas religiones profesadas al otro lado del mundo, los deja vu son una clara señal de que vas por buen camino, de que estás siguiendo tu destino porque supuestamente, a tu alma antes de partir a la vida, le es mostrada su existencia y por lo tanto, los deja vu no son más que un breve recuerdo de ese destino previsto por tu espíritu.

Mi madre tomó un argumento más científico (gracias a uno de esos programas del Discovery o algo así), y aseguró que los deja vu no son más que recuerdos de nuestros antepasados transmitidos a través de una pesada carga de información genética, o que incluso podrían ser sólo sueños pasados que de pronto asociábamos a las situaciones cotidianas en un afán por recordarlos.

Cualquiera que sea la explicación, los deja vu no dejan de impresionarme sobremanera.

La verdad es que ninguno de ellos fue tan prolongado ni tan intenso como el que percibí con Samantha...

La primera vez que la vi -al menos en esta dimensión- fue cuando teníamos 10 años. Asistíamos al mismo catecismo que se impartía en la pequeña capilla de Santa algo que está a tres calles de mi casa. Ambas nos preparábamos para hacer la Primera Comunión.

Aquel sábado por la tarde nos miramos fijamente. Ambas teníamos rehiletes en los ojos y margaritas en los labios.

No sé quién empezó, si ella o yo. Una dijo: "¿Vas a la misma primaria que yo?" la otra respondió: "No... oye, ¿en qué kinder estuviste? Es que te conozco pero no sé de donde".

El sábado siguiente la sensación persistía, incómoda pero abradable, como orinar detrás de un matorral.

-¿No vives por aquí? -le pregunté.
-No, yo vivo por allá por el Tec de Monterrey.
-¿Entonces por qué vienes a catecismo hasta acá?
-Es que la hija de un amigo de mi papá también viene aquí y quieren que hagamos juntas la primera comunión.
-¿No se llama Nallely o Tania la niña esa? ¿No vive por aquí?
-No, se llama Fulana. Mira, es aquella.
-Ah no, pos quién sabe quién será.

Así eran todos los sábados de catecismo donde, más que hablar de religión, se nos pasaban en quebrarnos la cabeza buscando las posibles coincidencias anteriores de nuestras existencias.

Y de ese modo nos hicimos amigas, de esas amigas de primaria que pasan horas hablando por teléfono, compartiendo mares de imaginación e historias sobre lo que quieres hacer cuando crezcas.

Pasó el catecismo, pasó otro ciclo escolar, y pasadas tantas cosas más me invitó a su fiesta de cumpleaños. A mis padres les rogué toda una sandía para que me dejaran asistir. Al final aceptaron. Tardamos una hora para encontrar la casa pero al fin llegué. Nunca había sido tan dichosa, fue casi tan emocionante como cuando te dejan mojarte bajo la lluvia sin que te reprochen lo sucio que quedarás o la enfermedad que vas a contraer. Era una especie de libertad muchas veces ansiada y finalmente conquistada.

Desafortunadamente, no todo puede ser dicha, todo es perecedero, ya que, desde mi punto de vista, toda circunstancia feliz de nuestra vida tiene más o menos el mismo patrón: una pendiente en dirección positiva, luego la cúspide (que puede ser poco o prolongarse) y finalmente la pendiente en decrecimiento. Digamos entonces que, a partir de esa fiesta, inicié con el desplazamiento en dirección negativa.

Vaya ambiente hostil en el que me encontraba: juegos raros, amigas repugnosas, comida marciana... Hasta ella misma había cambiado. Me fui antes de la reunión, ni siquiera tuve oportunidad de saborear el pastel. Y sin querer, tiempo después, me fui alejando cada vez más de ella... Pero, extrañamente, nuestras existencias coincidirían tres veces más.

El siguiente de nuestros reencuentros fue una tarde, mientras yo caminaba de la secundaria en la que estudiaba al trabajo de mi mamá. La vi con un paquete de tortillas en la mano entrando a una casa que estaba en la ruta que yo seguía día tras día.

-¡Samantha!
-¡Hola Brendita!, ¿cómo estás?
-Pues bieeen, ¿y tú? ¿Qué onda, qué haces aquí?... ¿Te cambiaste de casa?
-No, aquí vive mi abuela... ¿Estás aquí en la 8?
-Sí, ¿y tú a qué secundaria te metiste?
-¡También estoy en esa! ¿Cómo es que no nos hemos visto?
-¿En serio?, ¿en qué salón?
-No pues en el C.
-Órale pues... A ver si un día te paso a saludar. Yo estoy en el F.
-Ándale pues. ¡Nos vemos!

Y en los tres años que duramos en esa institución, pocas veces la llegué a ver. Ella siempre estaba de un lado, yo siempre estaba del otro. Más bien coincidíamos en la casa de su abuela, pero igual nos saludábamos con la amabilidad de quienes comparten una amistad alegre que poco a poco se va deteriorando. De cualquier modo yo comencé a tomar rutas alternas y amistades que nos distanciaron severamente.

El segundo reencuentro carecía de toda la magia de nuestras anteriores coincidencias. Se inscribió en la preparatoria donde un gran porcentaje de población estudiantil buscaba espacio por tratarse de una institución de disque mucha calidad. Por ello no resultó deslumbrante verla caminando en los pasillos con los cachetes de sonrisa que siempre la caracterizaron. Pasando los años, sus expresiones faciales evolucionaron de tal forma que ya no se mostraban en la sonrisa, más bien formaban una especie de mueca que también se trasladó hasta sus ojos, marcándole unos gestos que daban la impresión de rechazar todo, sin articular una sola palabra. Entonces ya no me parecía agradablemente conocida. Ahora era un maquillaje viviente mal aplicado, un rostro común, aburrido, de propaganda, que te sonríe con hipocresía. No era ni siquiera Samantha, su nombre no correspondía a su persona.

Y yo, trasladé su presencia al mismo plano que una lámpara de escritorio olvidándome por completo de sus ojos de rehilete...

Hasta éste, nuestro tercer reencuentro.

En vacaciones todos hacemos limpiezas generales de nuestras casas, y entonces no sé por qué se llaman vacaciones. Lo cierto es que en las limpiezas siempre se encuentra uno con cosas insólitas.

Mi padre, llevado por una especie de nostalgia, me mostró un álbum de fotos, el único que pudo recuperar de la casa de mi abuela cuando ésta fue subastada por una jauría de hermanos. Había imágenes de toda clase: bebés tomando un baño, niños vestidos a la moda retro anti estética y bodas. La boda de mi abuela. Tan ridículas que siempre me han parecido esas imágenes, los dos recién casados al centro, las damas de honor del lado de la novia, y sus equivalentes masculinos del lado del novio, perfectamente distribuidos como tablero de ajedrez, y es tan acertada la descripción, sobre todo por los colores monocromos de la fotografía. Recorrí las caras de los individuos. Eran sujetos extraños... Hasta que de pronto la familiaridad se apoderó de mi cuerpo, manifestada a través de un deja vu. Ya antes había estado en esa situación, ya antes había visto sus caras, pero lo que causó un mayor desequilibrio fue la sonrisa de una de las damas de honor, la muchacha más alegre de todas: ahí estaba, ella, con su sonrisa de margarita y sus ojos de rehilete.

Le pregunté a mi abuela quién era esa muchacha. Pero su memoria es inútil. No recordaba siquiera que esa era la foto de su propia boda.

No me imagino siquiera a dónde habrán ido a parar todos sus recuerdos. Pero eso ya no me quita el sueño... Admito que más me admira cómo es que Samantha no ha dejado de sorprenderme.

14.1.10

Ayer la volví a ver.

Después de casi veinte años, la volví a ver. Es la secretaria de un calvo libidinoso con manos de espárrago. Mi mamá quería que platicara con ella, que le dijera en qué me había convertido, a dónde me había llevado la vida, pero, después de casi veinte años, ¿acaso importa? Apenas sí pude verla a los ojos, los tenía con esas horribles patas de gallo que en alguien de treinta y tantos no se ven nada bien.

-¡Hola!
-... Hola.
-Oye, ¡se volvió una señorita muy bonita!
- Sí, ¿verdad? (Las madres, aunque tengas el hocico partido y un corte hecho por un burro, te siguen viendo bonita)

A eso, le siguió un silencio de esos incómodos. Myriam sólo continuaba con su sonrisa que le llegaba hasta las arrugas.

En un pis pás la observé de arriba a abajo, y a través de las cobijas de maquillaje pude llegar a su mirada. Fue entonces cuando recordé las visitas al audiovisual, los refrescos compartidos, los abrazos y las pláticas de mujer. Al fin y al cabo ella había sido mi amiga, aún recordaba su nombre y sus ojos todavía eran un pozo de agua fresca.

-ohh, ¡qué locura! ¡Myriam!

Fue lo único que alcancé a decir.

Después de todo, cuando uno es niño, la amistad es más sencilla.

2.1.10

Porque lo digo yo.

En esta casa no se tiene derecho a estar loco. Ni siquiera la abuela loca tiene derecho a estar loca. Todos se sorprenden cuando la vieja no los reconoce, cuando se preocupa porque ya se quiere ir a su casa, porque se levanta por las noches y a la mañana siguiente no recuerda lo ocurrido o porque a veces come poco y otras se atasca como vagabundo. Para ello existen muchos medicamentos controlados que se adquieren fingiendo estar demente mostrando síntomas de ansiedad, paranoia e insomnio. Pero no. Nadie aquí debe estar loco.

Aquí en esta casa no se tiene derecho a estar enojado. Por ello, la ira se reprende con ira, con amenazas. Que te calles porque sino te parto el hocico. Que si te crees muy listo, o por qué osas ir contra la autoridad... Y demás sarta de tonterías que sin duda deben ser maquinadas para herir a las personas.

En esta casa no se tiene derecho a estar triste. Para eso existe el alcohol. Aunque tampoco se puede pistear, porque eso desencadenaría la diabetes, y "es una enfermedad muy fea... glup, glup, glup". Así que sólo los que ya la tienen pueden darse el lujo de ser alcohólicos, que al cabo son los que proveen el sustento en la casa y, por tanto, tienen el permiso de derrocharlo. Así sea el dinero que se pida a todos los integrantes disque para pagar las cuentas.

Aquí se cría a todos los hombres como mujeres y a las mujeres como hombres, para luego quejarse de que los hijos permiten que la novia los maltrate, y que las hijas tengan puros amigos batos. A los primeros se les llama pendejos, a las segundas se les da entender de putas. Y cuando quieren disculparse por hacer sentir a los unos de pendejos y a las otras de putas, se llevará una rosca de Reyes. De ese modo se debe marcar como asunto arreglado, porque, se le recuerda que en esta casa, no se puede estar enojado.

13.9.09

No me pregunten por María.

La otra vez me preguntaron por María. "¿Por qué nunca salen juntos? Así es como debería de ser".

Jamás me han gustado los "así debe ser" o "lo aceptable es que hagan esto y lo otro". Prefiero no enterarme de lo que hace aún cuando llevemos tanto tiempo conviviendo juntos. No me gusta que me digan que la han visto bailando sin pensar en mí, que no me llama cuando estoy en el trabajo y que no me visita cuando tiene oportunidad.

No me pregunten por María, no me digan que la han visto. Yo sé que ella disfruta más cuando no está a mi lado, y que apenas está sintiendo lo que es ser atractivo para los demás junto con sus beneficios y tragedias. Pero es que ella apenas sabe lo que es la libertad.

Tampoco le pregunten a ella por qué no hacemos nada juntos, yo sé que con los demás comparte vinos, bailes, cenas y conmigo televisión, menstruaciones, desayunos.

Somos tan diferentes. A ella le encanta ponerse sus patines, pasear por la ciudad durante la tarde, oler el pasto recién cortado, guardar sus actividades como si fueran secretos, abrazar a sus amigos tristes, hacer galletas, pasteles y pan... y que nada de eso comparte conmigo.

Antes sí me afectaba... Me sentía más solitario estando a su lado, con su boca y su mente llena de secretos que no podría conocer, que ya no me atrevía a preguntar porque sería el marido inquisidor en lugar del amigo confidente.

Pero María... Yo también conozco la libertad...

La libertad de decirte que te amo sin las lijaduras del desamor, de permitirte esas salidas sin que pienses en mí con remordimientos mientras yo me quedo en casa, de mirar a otros hombres mientras los deseas inocentemente. Ten la seguridad que no me perteneces, no eres un objeto para mí.

Pero pobre María...

Ella vive con la presión de saber que soy una serpiente en su vitrina. Me dejo acariciar y alimentar, me mantengo pasiva. Pero la naturaleza que reside en mí es una fuga de gas. Una granada con seguro en manos del terrorista.

Eres libre María, hasta que yo decida iniciar la combustión.


No me perteneces, es cierto.
Pero tampoco eres dueña de ti misma.

2.2.09

Luis Miguel y sus rolas con historias para Raúl y Gaby

"Esto ya se está yendo a la mierda" pensó...

"No sé ni qué hacer... Podría intentar sacar adelante todo yo sola, hacerme creer que le importa y cambiar, ser la sumisa, la de la canción de Luis Miguel, la misma de ayer, la incondicional, la que no espera nada..."

Orgullo: hice una lista de las cosas que pueden importarle: estás después de comer, dormir y masturbación. No te azotes. Siempre son primero las necesidades físicas.

"Siendo así, dejaré que todo se vaya a la mierda y que siga su curso natural. No volveré a pedirle una sola cosa, ni su cariño, ni su apoyo, ni nada. Devolveré el horno de microondas que compré para vivir juntos, no volveré a permitir que me ignore como lo hace hasta hoy, lo ignoraré yo a él. Dejaré de tolerar sus vicios, sus descuidos, y si prefiere a sus amigos, por mí ¡que se los coche a todos!"

Sentido común: No puedes olvidar que es el padre de tu hijo. No puedes olvidar que lo quieres a pesar de todo y que hay algo más que los mantiene unidos. Eres mujer, él es hombre. Su naturaleza es que todo le valga madre, la tuya, esperar demasiado de él.

"No sé... No sé qué hacer... Estoy cansada de vivir improvisando algo nuevo para sorprenderlo, de inventar algun pretexto para que se fije nuevamente en mí, de esperar una llamada o un mensaje que nunca llega, de esperarlo todos los días a que le den ganas de registrar a nuestro hijo, de motivarlo a que consiga trabajo, de esperar a que comencemos una nueva vida juntos... Aunque tampoco puedo hacer nada sin él, me hace daño pero no puedo sacarlo de mi cabeza... No estoy preparada para dejarlo. Nunca debes dejar a alguien a menos de que estés segura de ya no volver."

Mente: "En momentos donde no se puede decidir, es mejor dejarlo a la suerte. Si cae águila, serás la incondicional, si cae sello, serás la egoísta. ¿la atraparás en tus manos o dejarás que se detenga sola en el suelo?"

"Dejaré que se detenga"


Y así, la moneda con 11 gr de masa se elevó en el aire siguiendo el tiro vertical, con una velocidad inicial de .85 m/s (decreciente por la acción de la gravedad) hasta llegar a una velocidad final de cero, para luego comenzar su caída libre con una aceleración de 9.81 m/s2, chocando contra el suelo a una fuerza de 107.91 Newton...

Sin embargo, el choque se produjo con el borde lo que la hizo rodar en un semi círculo y llevar una trayectoria con dirección a la puerta y de ahí a la cocina luego a la sala, por uno de los bordes de la pared y que más tarde encontró su camino en una de las hendiduras de la puerta saliendo a la calle...

La siguió hasta afuera, se sintió tentada a pisarla pero no lo hizo, y la moneda continuó su curso a lo largo del camino hasta perderse de vista... Donde siguió un buen rato más su destino, demostrando que aún una moneda, encontrándose dentro de la vida, tiene más de dos posibilidades.



Y este extraño destino ni siquiera la física podría explicarlo.

25.9.08

Ironías de la vida... y de la muerte


El hijo del papá ha fallecido...



Lo atropelló una mujer ebria...


Ahh, no me creen?
pueden revisar la FUENTE

8.6.08

En la boca del discreto, lo público es secreto

The Bringer of War dice:
una vez

The Bringer of War dice:
como decirlo

The Bringer of War dice:
me trampe a una morra

The Bringer of War dice:
y ella no hacia nada mas que recibir

The Bringer of War dice:
y despues soñe que me la volvia a trampar

The Bringer of War dice:
pero

The Bringer of War dice:
no tenia cabeza ni brazos ni piernas

The Bringer of War dice:
jajajaja que buena representacion de la realidad

Repollito - en la boca del discreto, lo público es secreto dice:
jajajaja





La imagen de la chava se me vino así a la mente:




O bueno, de una manera más caricaturesca y graciosa:


22.3.08

Mi abuela es una niña otra vez...

.


Mi abuela ha entrado en una etapa de su vida que pareciera ser una introspección forzada. Un viaje por los más oscuros rincones de su mente. Ha vuelto a ser niña otra vez.

Recuerda su etapa de la infancia en Cualcomán, los incontables viajes a la Ciudad de México, su abuela de rojos cabellos que vivía en Estados Unidos, su hermana Josefina y las travesuras que hacía, y sobre todo, su padre... Su papá Tino.

A veces se imagina bailando o preparándose para ir a la escuela. Visitando a sus tías en el Distrito Federal, jugándole travesuras a su mamá y montando caballos en el rancho de sus tíos.

También cree que las luces de la carretera son patos, se asombra cada cinco minutos cuando mira la Luna y cree que las ambulancias son carros que llevan de un lugar a otro a los actores de un circo.



Ha vuelto a ser niña otra vez porque ha olvidado cómo cambiarse, le teme a la oscuridad, detesta irse a la cama sola, llora por su madre ya fallecida y no sabe cómo ir al baño.



No todo es perfecto...

La vida no es más que un vil trueque. Y a todos nos va a tocar.


Aphex Twin - Film

18.3.08

estoy harta...

La verdad, estoy harta, harta de que por ser mujer e ir caminando por la calle, los tipos me griten de cosas, me sigan y etcétera.

No es por feminista, y si lo fuera no me importa. Pero me choca, sinceramente me choca tener que andarme cuidando de todos cuando camine por la calle, de soportar bizcos que me digan cosas en el elevador o que cuando vaya subiendo las escaleras los monos me vean con lascivia. Que me griten que estoy bien rica, que tengo nalgotas, que en el camión me acosen los que les gusta masturbarse o tocar las piernas y las nalgas, que me digan qué buenota, que soy puta por disfrutar mi sexualidad o no sé. Me siento realmente apenada, denigrada y molesta.

Dicen que el machismo y mal trato a la mujer persiste hasta que ella lo permite... Y aunque PARTE, y sólo parte de esto es cierto, los hombres no son unos animales para no saber comportarse como personas correctas dentro de la sociedad.

Sin embargo, de ahora en adelante, prometo que cualquier tipo que me moleste o me diga de cosas REALMENTE ofensivas obtendrá su merecido...

Como hoy...


Mi papá y yo salimos al centro y él me mandó al Servicio Postal Mexicano a dejar una carta. Total, en mi camino de regreso a la farmacia donde estaba mi papá, a un tipo se le ocurrió mirarme con lascivia y seguirme. Eso me molestó bastante, me entró la paranoia y me detuve. Esperé a que el mono avanzara y yo me fui tras de él. Sintió mis pasos detrás de él, volteaba constantemente y también le entró la paranoia. Se detuvo para ahora él volver a ir tras de mí pero antes me detuve a su lado y le dije: "para que sepas lo que se siente, a poco crees que a las mujeres nos gusta que nos sigan y nos digan de cosas? crees que está bien chido?"

Y ya... no me siguió el mono...


Todos vemos como normal que nos digan de cosas a las chicas, que nos piten en los carros o que, en casos extremos, abusen de nosotras, nos violen, nos maten y dejen nuestros cuerpos a la intemperie.

Es un mal de toda una cultura. La verdad yo estoy cansada. Me enoja, y me entristece sobre todo saber de chicas muertas y que, peor aún, no se resuelva.

La chica Paulina... Neta, a cualquiera le pudo haber pasado. ¿Cuántos de nosotros -hombres y mujeres- no hemos conocido personas en Internet? Por haber conocido a una persona equivocada no es justo que una muchacha sea ultrajada y luego asesinada.

No sé, tal vez esté pensando mal, muy mal, pero me gustaría ver un solo caso donde una mujer muerta no tuviera indicios de violación. ¿Por qué siempre la penetración? ¿Somos un objeto sexual para ellos? ¿Una muñeca inflable más real, hecha de carnita y que además pone resistencia?


Neta, hasta los animales matan nada más por necesidad...


Mogwai - Help both ways

10.2.08

Verónica

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Miguel dice que pienso mucho... Pero no lo veo como algo malo, al contrario, permite que mi mente siempre esté maquinando y así...

Sin embargo, también soy una persona que vive de recuerdos, ya sean tristes o felices y dicen que el pasado se debe quedar ahí, en el pasado. Olvidarlo. Enterrarlo. Pero no, el pasado es parte de mi vida y de alguna manera forma lo que soy.


La otra vez, maquinando recuerdos mientras estaba ebria, rumbo a las tortas del Cubano, me puse a remover el polvo de mi mente y a indagar en esos datos del archivo muerto de mi memoria, cuando me topé con un nombre que desencadenó toda una historia.




Verónica.




Conocí a Verónica en el primer año de secundaria. Era una chica alta, delgada, de cabello muy ondulado, negro, tez blanca, dientes y ojos grandes, labios carnosos, manos afiladas. No era bonita, pero me atrevo a decir que algún día hubiera podido llegar a convertirse en una muchacha muy guapa. Eso si no se hubiera muerto.

De eso me enteré hace unos años, mientras estaba en bachilleres. Me topé a otro camarada de la secundaria, nos saludamos con gusto y me dijo de manera precipitada: "¿Te acuerdas de Verónica? La que era tu amiga en la secundaria. Falleció hace dos meses. Le dio un derrame cerebral".


"Ay, me lo hubieras dicho con más tacto goey" le dije "... Pero sí, creo que sí estaba enferma. Jamás le creí".


Entonces, platicando con Miguel, le dije algunas cosas que se me vinieron a la mente y que me hicieron recordarla con tristeza.

Siempre me contaba historias que involucraban muchachos guapos. Me decía que jugaba a la semana inglesa con ellos además de otros juegos inocentes de coqueteo, como los que hacíamos en secundaria, esos que no pasaban de un beso de piquito en los labios.

En la secundaria lo que estaba de moda era pinteársela, y aquellas veces que salíamos temprano, lo genial era irse al centro a comer un raspado y jugar a las maquinitas de la Libertad. Ella me acompañó una sola vez, pues siempre tuvo miedo de su mamá.

"Yo sé que ella es capaz de hablar todos los días a la escuela para ver si salí temprano... Mejor ya me voy a la casa." Decía.

Su familia era muy rara. A veces me llamaba por teléfono y me contaba algunas cosas que le pasaban. Yo no sabía si creerle...

"Fíjate que hace un tiempo, cuando mi mamá no estaba casada, solía hacer fiestas en la casa. Una noche un amigo de ella intentó entrar a mi cuarto, estaba borracho. A mí me dio mucho miedo y no pude dormir en toda la noche... Ya me tengo que ir! Ya llegó mi abuela."

Era muy extraño la manera como la sobreprotegían. No la dejaban hablar por teléfono ni hablar con muchachos, cuando charlábamos por el fono siempre hablaba en voz muy bajita o me decía: "márcame, pero no podemos durar más de quince minutos hablando." A pesar de que siempre la tenían vigilada, yo no sentía que les importara realmente. Ella era hija de un señor con el que nunca estuvo casada su mamá.


Yo la recuerdo como una muchacha triste.


Un compañero de la secundaria me dijo: "se me hacía muy melancólica. Los profes la regañaban porque no llevaba jales. No me imagino qué pensaba o qué sentía, pero sí, me acuerdo de ella. Verónica Sosa."

Voyager de Daft Punk

3.8.07

ataque senil

ay, por qué esto me pasa a mí? asdfboiuaslkjkdfs

total, ayer me fui a divertirme en sano esparcimiento a un lugar, (cuyo nombre encubriremos por razones obvias) al que llamaremos Ser-B

Había banda duranguense y estaba todo chido, pisteamos tranquilos y nos vendieron el papel sanitario a un peso por trocito.

Mis amigos decidieron irse al OddTaun porque conocen a un muchacho ahí, que nos dejaba entrar gratis y ya hasta mesa reservada nos tenía... Órale, pos chido...

Llegamos y también estábamos bien relax, pasando un rato chido, pisteando y viendo bailar porque ninguno de los ñoños con los que fuimos sabía bailar.

Total que hasta nos íbamos (ÍBAMOS) a ir temprano, era la 1.15 y yo dije: no, pos espérenme... Antes de irnos quiero ir al baño.

Ya fui, y cuando me estaba subiendo el pantalón se me cayó el celular... AAghhhR... No pos revisé el piso y no estaba, salí y no estaba y me asomé a uno de los 'cubículos' de los lados y ahí estaba tirado.

Le toqué a la mona que estaba ahí y pos se hizo wey... Entonces dije: no, pos esperaré a que salga.

Y esperé y esperé y esperé y en la sombra se veía que se quitaba y se ponía la ropa ... Y yo: ps qué pedo?

Tardó, no les miento, diez minutos... DIEZ minutos en el baño es una eternidad!! hasta fue un amigo a decirme que ya nos íbamos y yo: "ya voy, espérame"

total que cuando se abrió finalmente la puerta, salió una anciana con una blusa de tirantes rosa feo, súper escotada y un micro short

ya, me acerqué y le dije: "ah, disculpe es que se me acaba de resbalar por ahí el celular y quería saber si lo había visto"

y la vieja puso cara de: :o yo no se nada!, se saca de la bolsa de atrás un celular bien viejo que ella creía nuevo, me lo enseña y me dice:

"mira, es el único que traigo"

me asomé al cubílo y el celular ya no estaba... y yo: "sí como no, se me acaba de caer y vi tus zapatos rosas justo al lado de mi celular, y estuve esperando todo el rato a que salieras"

y ella: "no, yo no tengo necesidad de andar robando celulares"

y yo: "estúpida!! DAME MI CELULAR!!"

y así... no? entre empujones y mentadas de madre


luego llegaron unas monas de esas ebrias metiches y me dicen: "qué pasa?" y yo: "pos que esta vieja tiene mi celular! y no me dice dónde lo tiene" y me dice: "si quieres yo la esculco" y se mete al baño como si nada

ya en un ataque de ira y desesperación le dije a mi amigo que le hablara al de seguridad (jaja, no le iba a pegar a la anciana, por dios)

llegaron los monos y yo acá casi llorando de rabia y la vieja: "nooo, yo no tengo necesidad y chalalá"

total que mi amigo me marcó y el celular sonaba, pero no se escuchaba por ahí, y la vieja volteó al cubículo como si lo hubiera escuchado sonar (por dios, había demasiado ruido) me asomé y tuve que buscar en el asqueroso bote de la basura y ahí estaba... Vieja marrana! lo había echado al bote!

y las monas esas metiches disque consolando a la señora ¬_¬ por favor

cuando iba a salir, entra en su defensa una de sus ancianas amigas y me empieza a empujar y a decirme: "tanto pedo por un celular? yo te lo pago! yo te lo pago!"

claro que cuando según ella me empujaba me manoseaba las pocas bubis que tengo

y ya, se la llevaron los de seguridad, mis amigos fueron en mi rescate y todo salió bien...

Lo que no entiendo es por qué la vieja lo echó al bote de la basura... cochina... Luego me dijeron que era el 'viejo' truco de echarlo en la basura para luego volver por él.


puaajjj... odio cuando me pasa esto...
y esto es una razón más de por qué algunas señoras deberían quedarse en casa...